Yvonne Fournier
Nadie iba saber que terminar una relación de tres años y medio con Tadeo Walter llevaría a tener que desplazarme todos los días durante mas de veinte minutos en transporte publico al instituto privado de la ciudad contigua.
El único que se a atrevido a aceptarme con mi terrible expediente.
No porque sea una chica conflictiva, al menos no me lo considero, sino porque Tadeo se a empeñado en meterme en todos los problemas que a podido, por mucho que pudiera demostrar que no estaba presente, o que no sabia nada del asunto.
Daba igual todo lo que pudiera hacer, porque Tadeo ha conseguido manchar tanto mi imagen que ningún instituto publico o privado de Woodside a considerado la idea de aceptarme para este nuevo curso.
Por lo que he acabado en un autobús a las seis y media de la mañana de camino a Forest Hills, o el barrio de los ricos, según dice mi amiga Manon.
Ella junto a Sara, Maxwell, Manon y Bruce han estado dándome quejas durante todo el verano em cada una de las veces que nos reuníamos en casa de Manon.
Pero ellos no entiendes, o si lo hacen, pero no quieren aceptarlo, quedarme en Woodside significaría el suicidio social, no solo para mí, sino para todos ellos, incluyendo a Leone, mi hermano.
Este año entra en el instituto, y me duele no estar ahí para él, pero es lo mejor para los dos. Sin mi presencia y la carga que ahora mismo lleva mi nombre sera mucho mas sencillo para el hacerse un hueco en el instituto.
Lo único que me deja aliviada es que Bruce va a estar echándole un ojo todos los días, es el único del grupo que asiste al mismo instituto al que mi pequeño hermano va a ir y saber que va a haber alguien vigilando que no le hagan nada me da un poco de traqnuilidad.
Para mi suerte el autobús se detiene frente a un edificio de ladrillo con un letrero gigante en el que pone Westbrook Academy en grande en una placa de metal gigante en la entrada.
Para mi buena suerte el autobús se a retrasado y llego diez minutos tarde.
Perfecto, mi primer día y ya estoy dando la nota.
Me despido del conductor y corro como nunca antes en mi vida hacia la entrada pasando por ambas puertas de cristal como si me estuviera persiguiendo el mismísimo diablo.
Se que no es la mejor forma de dar una buena impresión, pero saco mi teléfono un momento abriendo la aplicación de mensajes para escribirle a Bruce que me mantenga informada de como le va a Leone.
Cuando creo que no puedo dar una peor primera impresión me choco con un muro de cemento nada mas girar la primera esquina, el teléfono casi sale volando, pero lo aprieto con las dos manos contra mi pecho dando varios pasos atrás por culpa del impacto.
—Lo siento, lo siento, lo siento— me disculpo a toda velocidad acomodando mi mochila que se ha resbalado de mi hombro— No he mirado por donde iba…
La frase muere en mis labios cuando levanto la cabeza para encontrarme con la persona con la que he tenido la desgracia de chocarme, y me acabo encontrando con el primer par de ojos grises que veo en mi vida.
Mis labios se entreabren al ver al pelinegro de ojos grises mas alto que he visto en mi vida, esta apoyado en la pared con una mano en el bolsillo de sus pantalones de traje grises y en su mano sostiene un papel blanco impreso en el que pone algo que no llego a ver.
El chico lleva un polo blanco idéntico al mío con el logotipo del escudo del instituto y a diferencia de mi falda negro que me llega por encima de la rodilla y la cintura un poco grande, sus pantalones de traje negro le quedan impecables.
Se queda mirándome en completo silencio sin ningún tipo de expresión, y para no seguir avergonzándome mas en mi primera interacción con alguien de este instituto decido continuar con mi camino.
—Lo siento de verdad— repito mientras me alejo mirando a cualquier dirección que no sea su cara o su cuerpo.
Al final del pasillo encuentro el letrero de la oficina del director encima de una puerta y me acerco allí con pasos rápidos pero cortos haciendo que el pequeño tacón de mis zapatos haya eco contra las baldosas en el pasillo vacío.
Siento los ojos del chico de los ojos grises seguirme hasta que toco un par de veces la puerta de roble macizo.
—Adelante— dice la voz del director Croft al otro lado de la puerta.
Al entrar encuentro al hombre sentado detrás de su escritorio gigante con una expresión severa.
Es un hombre de unos cincuenta años, con unos ojos azules, parecido a los del mar de Florida en verano. Su pelo empieza a tener canas en los laterales, pero todavía conserva un fuerte color negro en su mayoría.
—Llega tarde señorita Fournier— dice nada mas me siento en la silla frente a su escritorio.
Dejo mi mochila en el suelo y sostengo el teléfono contra mis muslos para que mis manos dejen de temblar.
—Lo siento señor Croft— murmuro con la cabeza gacha— El autobús a pillado un atasco y se a retrasado.
El hombre se queda en silencio un momento eterno y se acaba quitando sus gafas de lectura dejándolas perfectamente puestas frente a el.
—Que no vuelva a repetirse señorita Fournier.
—Por supuesto— respondo tan rápido que casi piso sus palabras.
Compórtate de una maldita vez Yvonne, esto no es un juego.
El hombre suelta un largo suspiro y de uno de los cajones que tiene en el lateral saca una ancha y pesada pila de folios que reconozco de inmediato.
El alma abandona mi cuerpo al ver mi nombre en grande en la primera hoja de la pila.
—Tengo una pregunta antes de que comiences tu primer día señorita Fournier— habla sin mirarme pasando los papeles.
Me quedo en silencio observando como las hojas de mi historial se comienzan a acumular en dos montones a sus los lados.
—Teniendo uno de los mejores promedios que he visto en los últimos años viendo alumnos, no llego a comprender como es que en cuestión de seis meses hayas llegado a acumular tantos incidentes en su expediente.