El precio de la verdad

Capítulo 2— Liam Croft

No puedo apartar los ojos de ella.

No se como he llegado a este punto, pero sin darme cuenta mi mundo a comenzado a girar en torno a una mata de pelos naranja y unos ojos marrones que dependiendo del día parecen completamente amarillos.

Ahora mismo se encuentra sentada en una de las mesas del fondo de la cafetería con el pelo recogido en una coleta alta desordenada y el cuaderno con la portada de cuero que siempre lleva encima y nunca suelta.

Llevo observándola a escondidas desde que comenzó el entrenamiento y se sentó en esa mesa junto a la ventana, justo en medio de mi campo de visión. Por suerte soy el único del equipo que se a percatado de su presencia en la distancia, pero ella no parece haber estado muy pendiente del entrenamiento.

No sé qué canción estará escuchando en sus auriculares negros, pero sea lo que sea la hace mover la cabeza de un lado a otro con una media sonrisa mientras garabatea algo con un bolígrafo azul entre los dedos.

No es normal verla a estar horas por aquí, normalmente al terminar las clases toma el autobús de regreso a Woodside, pero hoy parece ser la excepción.

Mi entrenamiento a terminado hace como quince minutos, y al salir esperaba ver que ya se había ido, pero al pasar al lado de la cafetería he visto que seguía en el mismo sitio en el que lleva dos horas, metida en su propio mundo.

Tomo el sándwich partido en dos mitades y las dos bebidas que la señora Jenkins me da y me acerco a la mesa, pero no parece notarme hasta que me paro junto a su lado en la mesa dejado las dos bebidas.

La bolsa de deportes choca contra el suelo cuando la dejo caer y Yvonne levanta la cabeza como un resorte mirándome sorprendida. Sus mejillas adquieren un todo rosa adorable y se quita los auriculares entreabriendo los labios.

Mierda, es tan besarle.

—¿Qué estabas haciendo? —pregunto sentándome a su lado— Tu autobús paso hace dos horas. Deberías de estar en casa.

Yvonne acepta una de las mitades del sándwich junto a una de las dos latas de refresco con una media sonrisa.

Qué bonita.

—Se me han olvidado las llaves de casa— confiesa abriendo la lata de refresco— Estoy esperando a que Bruce termine de entrenar para que me recoja.

Me recuesto en mi silla mirándola rápidamente de arriba abajo.

Desde esta distancia la poca luz que entra por los ventanales a su lado hace que su pelo parezca como las llamas de un fuego activo.

Sus labios se humedecen en cada sorbo que le da a la lata de refresco y una gota acaba resbalando por su labio, pero ella la atrapa con la lengua antes de que llegue a tocar su piel.

Ese pequeño e insignificante gesto me obliga a tensarme para no hacer alguna estupidez.

Como limpiárselo con el pulgar.

O con mis propios labios.

—¿Y tu hermano no esta en casa? —saco otro tema en el que concentrarme.

Una sonrisa tira de sus labios y deja la lata contra la mesa metálica sosteniendo el sándwich sobre su regazo sin desenvolverlo, solo sosteniéndolo ahí, sin hacer nada mas.

—Esta entrenando con Bruce.

¿Entrenando?

No que a dicho esta mañana que su hermano odia los deportes, como es que ahora sale con que practica uno.

—¿Entrenando? —no puedo evitar preguntar.

Una pequeña risa sacude sus hombros y su mirada se desvía hacia el patio, en dirección al campo de futbol americano que esta a lo lejos.

—Bruce a convencido a Leo para que se apunte al equipo de rugby con el—explica hundiéndose en su silla— No es que Leo sea el mejor del equipo, pero al menos se divierte.

Ambos nos quedamos en silencio, ella con la mirada perdida en el campo de rugby y yo observándola como un tonto.

No toca su comida mientras yo devoro la mía en cuestión de unos pocos segundos. Cuando termino arrugo el papel del envoltorio y lo lanzo a la papelera encestando de lleno.

Vuelvo a girarme hacia ella, e instintivamente mi cuerpo se inclina hacia el suyo sin que ella lo note, y desde esta distancia puedo notar el olor a vainilla que desprende su pelo, el mismo olor que llevo respirando en clase todos los días desde que llego.

—¿Cuánto les queda para terminar? —pregunto apoyando un codo sobre la mesa.

Yvonne rebusca en su mochila hasta dar con su teléfono encendiendo la pantalla y sus labios se fruncen mientras calcula la hora.

—Terminan en media hora— susurra para si misma— Les queda al menos una hora para que puedan recogerme.

Cincuenta minutos, lo que se puede convertir en una hora y cuarto si les pesca tráfico. En una hora y cuarto ya es de noche y en este instituto solo quedaría el conserje o algunos vigilantes de seguridad.

Una chica de noche, en una cafetería desolada de un instituto desolado en una ciudad la cual no es la suya, sin nadie que pueda ayudarla si ocurre algo o algún imbécil se cuela en el instituto a escondidas.

Antes de poder darme cuenta ya estoy levantándome de mi asiento echándome la bolsa de deportes de nuevo al hombro. La piel de su muñeca contra mis dedos cuando la agarro para levantarla es tan suave que casi me obliga a cerrar los ojos y soltar un gruñido.

—¡Liam! —exclama sorprendida poniéndose de pie— ¿Qué estas haciendo?

Me paro frente a ella cruzando los brazos contra mi pecho bajando la mirada para poder mirarla a la cara, Yvonne por su parte tiene que levantar su cabeza para poder mirarme.

—Recoge tus cosas Fournier— le digo con una media sonrisa— Te llevo a tu casa.

Sus ojos se abren como platos y sus brazos imitan mi gesto cruzándose contra su esternón apretando sus labios en lo que intenta ser una fina línea, pero por el volumen de estos parece mas un puchero.

—¿Cómo?

—Que te llevo a casa Fournier— una de mis manos se acerca a su rostro y clavo mi dedo índice en su frente empujándola hacia atrás— Va a anochecer en menos de media hora y este sitio va a ser un desierto, además— hago una pausa mirándola a los ojos— Tengo el coche en los aparcamientos.




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