El precio de la verdad

Capítulo 3— Yvonne Fournier

Yvonne respira.

Es solo un chico, uno muy guapo, pero solo un chico.

Durante mas de los veinte minutos que Liam a tardado desde los aparcamientos de Westbrook hasta el pabellón municipal de Woodside no nos hemos dirigido ni una sola palabra.

He estado sin saber que hacer con las manos, ni a donde mirar. El a pasado todo el camino con una mano apoyada en el volante y el codo en la ventanilla mientras su otra mano se a mantenido fija todo el tiempo en la palanca de cambios.

Lo único que me a ayudado a no sufrir un paro cardiaco durante todo el trayecto es el hipnotizante ritmo de las canciones de rock de los ochenta que llevan sonando todo el trayecto.

Ahora nos encontramos en silencio mientras Liam aparca en los aparcamientos casi vacíos del pabellón municipal de Woodside donde se encuentra la pista de hockey donde el equipo de Bruce y Leo entrena algunos días por semana.

Cuando el motor se detiene el coche se queda en completo silencio, pero solo puedo mirar al pequeño grupo de padres que empieza a salir junto a sus hijos por las puertas de metal del edificio.

Liam repiquetea los dedos contra el volante y lo siento mirarme unos segundos.

—¿Es aquí? —pregunta.

Me giro lo suficiente para poder mirarlo de reojo, lo encuentro mirándome con una ceja levantada y uno de los codos apoyados en el volante. Se a girado en su asiento y me esta mirando directamente.

—He, si, si, es aquí— grazno sacando las manos de debajo de su chaqueta que sigo llevando puesta para desabrochar el cinturón— Muchas gracias.

En mi estúpida torpeza el cinturón se me escurre de entre los dedos y la hebilla de metal me golpea la nariz antes de chocar contra la puerta con un ruido seco.

Mierda, justo lo que me faltaba.

Para mi completo estupor escucho una risa a mi izquierda y cuando me giro encuentro a Liam con un puño sobre su boca tratando de no reírse. Le pongo mala cara y me enderezo estirándome hacia la manilla de la puerta.

Pero antes de que tenga la oportunidad de abrir la puerta una mano me sujeta del hombro echándome hacia atrás haciéndome chocar contra el asiento con suavidad.

—No tan rápido Fournier— se burla apoyando la mano en el respaldar de mi asiento acercándose a mi— ¿No piensas enseñarme la pista?

Levanto la cabeza para mirarlo y encuentro su cara a menos de un palmo de distancia de la mía, sus ojos perforan los míos manteniéndome clavada en mi asiento sin poder moverme, desde donde puedo ver cada uno de sus rasgos a la perfección.

Su ceja tiene una pequeña cicatriz que no he notado asta ahora porque esta oculta bajo su flequillo, que esta alborotado sobre su frente, su mandíbula esta definida y el arco de cupido de sus labios le da tanta simetría a su cara que parece algo irreal.

Somo si su cara hubiera sido esculpida en la antigua roma o fuera la reencarnación de un personaje de una de las novelas románticas que tengo en la estantería de mi habitación.

—Yo…—trato de hablar pero las palabras mueren en mi boca.

Parece resultarle gracioso mi nerviosismo porque su sonrisa se vuelve mas amplia, su cabeza se ladea a un lado y me inclino mas hacia el sin saber el motivo exacto.

Su respiración llega como un suave suspiro hasta a mi y el ruido a nuestro alrededor se difumina un poco hasta que es el quien decide poner distancia retrocediendo hasta su asiento de vuelta.

Me quedo unos segundos paralizada en la misma posición antes de pegarme contra el respaldo de mi asiento trémula. Mis manos se hacen dos puños debajo de su chaqueta y aprieto los labios para no decir una sola tontería.

Esta vez si consigo agarrar la manilla de la puerta y bajarme del coche sin que me lo impida, el me imita saliendo de su lado estirándose como si lo que a pasado hace segundos no fuera verdad.

—¿Lista Fournier? —pregunta acercándose a mi dándole la vuelta al coche.

Su mano se apoya en mi espalda baja empujándome suavemente hacia adelante antes de comenzar a seguirme por los aparcamientos con toda la tranquilidad del mundo. A diferencia de como costumbre en esta ocasión soy yo la que lo guía a el y el quien me sigue sin quejarse.

Aprieto su chaqueta sobre mis hombros cubriéndome del aire frio que nos azota mientras nos acercamos a la puerta, Liam va con unos pantalones de chándal grises y una sudadera azul marino con el nombre del instituto en grande en el pecho.

Liam ni se inmuta bajo la mirada que algunos padres le dedican cuando pasamos por su lado antes de entrar en el edificio, cuando la puerta se cierra a nuestras espaldas respiro hondo dejando que el aire caliente me envuelva antes de dirigirnos a la zona de la pista de hockey.

Y es ahí cuando soy plenamente consiente de la pinta que debo de llevar, con el pelo despeinado en la coleta medio desecha, la falda y el jersey del uniforme están arrugados y desordenados por el trayecto en coche hasta aquí y su chaqueta sobre mis hombros termina de decirlo todo.

Ho dios mío.

Me quito la chaqueta a la velocidad de la luz sintiendo como la cara me arde de vergüenza, sin que Liam pueda reaccionar se la dejo contra el pecho obligándolo a cogerla.

—Yo… esto es tuyo— mascullo sin mirarlo directamente.

Sin que pueda replicar me doy media vuelta y me alejo por el pasillo escuchándolo seguirme mientras me dirijo a la pista de hielo que esta al final de uno de los pasillos.

Creo escuchar una risa a mis espaldas, pero al girarme me encuentro a Liam siguiéndome sujetando la sudadera que acabo de darle con una sola mano mientras la otra la tiene escondida en los pantalones de chándal, sin siquiera sonreír.

Respiro hondo tratando aclarar mis ideas y empujo la pesada puerta de metal desde donde me golpea un aire frio por culpa del hielo.

Y allí en medio de la inmensa pista veo a un grupo de chicos con los equipos puestos de azul marino con algunas líneas rojas, los colores del equipo de Woodside. Sin poder reprimirlo sonrió acercándome al borde de la pista con los brazos cruzados sobre el pecho.




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