La conversación que tuve hace días con el entrenador de Leone Fournier fue mas interesante de lo que esperé en un primer momento. Tanto que me a llevado hoy, dos días después, a estar dos horas sentado en unas gradas viendo a ese chico entrenar mientras me congelo.
Pero esta vez es diferente, ahora llevo puestos unos vaqueros normales y una sudadera negra con capucha, sin ningún logo ni ningún nombre que pueda incomodar al chaval.
Hace un frio del demonio, y pensaba que me acabaría arrepintiendo, pero no ha sido así. El chico es bueno, mucho más bueno de lo que deduje a principios de la semana cuando estuve aquí acompañando a su hermana.
La cual seguramente si se entera que estoy aquí en estos momentos seguramente me deje de hablar, pero el riesgo lo vale.
Porque si quiero una oportunidad con Yvonne no solo tengo que conquistarla, si no me gano la confianza de Leo, si no le demuestro que no soy tan idiota como el estúpido de Tadeo, no servirá de nada.
Y si para eso tengo que pasarme todo lo que queda de la temporada de hockey viendo sus entrenamientos y aprendiendo sobre un deporte que hace apenas unas semanas me daba igual, lo hare.
Si tengo primero que ganarme la confianza del chico para que algún día tenga la posibilidad de que me considere lo suficientemente bueno para su hermana estoy dispuesto a hacer lo que sea durante el tiempo que sea.
Desde ayer se que el numero catorce, el castaño que parece ser buen tipo, no va a estar aquí. Según Yvonne ahora deben de estar en casa de una chica llamada Manon preparando algo de una reunión.
No la entendí del todo cuando me lo comento ayer cuando la traía a su casa después de las clases.
Porque el frio está empezando a hacerse mas pesado y no me quedo a gusto marchándome a mi casa sabiendo que tiene que quedarse sentada en una parada de autobús esperando a que llegue durante al menos quince minutos con temperaturas de casi cinco grados.
Además, así tengo la escusa perfecta para venir aquí.
Poco a poco los chicos empiezan a salir de una de las puertas de los laterales del estadio, pero solo una de ella llama mi atención.
Una figura de pelo naranja que se acerca a mi con los puños cerrados y cara de mala ostia. Cruza la distancia hasta las gradas con la bolsa de deportes golpeando su costado cuando empieza a subir las escaleras de dos en dos fulminándome con la mirada.
Me quedo en mi sitio completamente tranquilo con los brazos cruzados sobre mi pecho manteniéndole la mirada hasta que se planta frente a mi soltando la bolsa contra el cemento furioso.
—¿Se puede saber que cojones haces aquí? —gruñe apretando la mandíbula— Llevas mirándome dos horas como un puto loco. ¿Acaso estas buscándote una paliza? ¿Es eso?
Resoplo negando lentamente mientras me acomodo en el incomodo asiento en el que estoy, este chaval es un imprudente, pero tengo que admitir que también tiene valor. No cualquiera le habla de esa forma a un tío que le saca mas de una cabeza y puede que casi veinte kilos.
Pero eso me gusta, porque tampoco se deja intimidar.
—Tranquilízate, no busco problemas— levanto las manos unos segundos con una media sonrisa— Solo he venido a ver el entrenamiento.
Parece que e tocado un nervio sin saberlo porque sus orejas se ponen coloradas y reconozco el significado de eso, porque Yvonne es igual, significa que un Fournier esta enfadado.
Lo descubrí un día en el que Vince sin saberlo hizo un comentario cobre el capitán del equipo de rugby de Woodside, que justamente coincide con ser el ex novio de Yvonne.
Ese día estuvo durante dos horas con las orejas tan rojas que parecían dos tomates, y tuve que llevarla a parte para preguntarle qué, que le ocurría y si tenia que llevarla a la enfermería.
Estuve al menos quince minutos escuchándola hablar furiosa con las manos moviéndose frente a su cara con una cara de enfado que he de admitir que si que daba un poco de miedo. Desde entonces he anotado en mi mente que nunca debo de enfadar a un Fournier.
Aunque creo que su hermano pequeño no creo que sea tan pacífico como su hermana.
—¿Te crees que soy gilipollas? —gruñe dando un paso en mi dirección— Te crees que voy a creerme que tú, un tío de un sitio que esta a media hora de este lugar, está en una pista de hockey a las nueve de la noche por simple aburrimiento. ¿Tan idiota me consideras?
Como no me levante de este sitio va a ser verdad que voy a salir de aquí con un ojo morado.
Me levanto estirando la espalda que tengo engarrotada de tanto tiempo en ese sitio diminuto y lo encaro guardando las manos en los bolsillo.
Por mucho que este chaval me hable como me esta hablando puedo permitirme bajar la calma, porque es familia de Yvonne, y supongo que un puñetazo no mata a nadie.
—No te considero como un idiota— admito sin apartar los ojos de el— De echo eres mucho mas listo de lo que aparentas. Por eso, por mas que me amenaces no vas a ponerme un dedo encima.
Se que estoy tentando mi suerte, este chaval no tiene nada que perder si me pega un puñetazo, mas que su hermana le eche la bronca de su vida. Lo que tampoco creo que sea lo que mas teme este chico.
Para mi poca suerte parece que e acertado, aunque sea un poco porque sin que el pueda controlarlo sus ojos se abren un poco con la sorpresa antes de volver a su cara de perro rabioso.
—Y tu que sabes de lo que voy a hacer o no.
No puedo evitar sonreír de medio lado observándolo y el cruza los brazos sobre su pecho aparentemente un poco incomodo.
—Porque si me pegas tu hermana se va a enfadar contigo— atino a decir— Y aunque quieras aparentar que no con los aires que intentas aparentar, te importa.
Sus brazos vuelven a caer a sus lados puños se abren y se cierran varias veces y por su expresión puedo verlo recalculando toda esta conversación.
Sus ojos se entruchan en mi dirección y se agacha de nuevo para recoger su bolsa de deportes del suelo echándosela nuevamente al hombro aparentemente enfadado, aunque su fachada a comenzado a resquebrajarse poco a poco.
Editado: 27.07.2026