El precio de la verdad

Capítulo 6— Yvonne Fournier

No se exactamente que estoy dibujando, empecé hace como tres horas tratando de recrear una de las playas del pueblo natal de mi padre, pero he acabado haciendo algo abstracto, que no tiene ningún tipo de forma.

El teléfono esta perdido en alguna parte de mi desordenada cama, perdido por las sabanas desecha, pero puedo escuchar las canciones de la lista de reproducción de Manon.

El sol se esta empezando a esconder en el horizonte y yo estoy aquí, en mi cama y en pijama sin ningún tipo de plan porque Maxwell no a conseguido convencer a su padre para que le dejen el coche y el autobús hacia Forest Hills no pasa a estas horas.

Mi última oportunidad era Bruce, porque mi madre esta trabajando y tampoco es que quiera hablarme mucho desde que salieron todos esos rumores, pero el a tenido que acompañar a su padre al centro de Nueva York por algo que no me he molestado mucho en escuchar.

Por lo que me quedo sin partido.

Llevo toda la tarde con una sensación extraña, con unas ganas de llorar y de gritarle a alguien que no había sentido en mucho tiempo. realmente quería ir a ver el partido y tenia esperanzas en poder ir.

Pero como siempre, todo me tiene que salir mal.

Resoplo hundiendo la cara en los papeles con un gemido de frustración, tengo ganas de lanzar el cuaderno contra la pared y ponerme a gritar como una loca.

La puerta se abre con un suave ruido y al mirar mi hermano esta apoyado en el marco con os brazos cruzados.

Lleva una sudadera puesta, como la mayoría de los días, pero para mi sorpresa no lleva los pantalones de chándal holgados que suelo verle para andar por casa, en su lugar lleva unos vaqueros arreglados que siempre utiliza para ir a algún sitio importante.

—¿Qué haces aquí todavía? —pregunta observando el cuaderno entre mis manos— Deberías de estar de camino a ese sitio de pijos, no aquí acostada en pijama.

Cierro el cuaderno dejándolo a un lado enganchando el bolígrafo en sus anillas para poder buscar mi teléfono.

—No voy a ir— respondo rebuscando entre las sábanas.

De reojo puedo ver como una de sus cejas se levanta con curiosidad, sonrió cuando encuentro mi teléfono debajo de un cojín parando la canción.

—¿Te has peleado con tu amigo?

Lo miro sorprendida pero mi hermano esta sonriendo de medio lado.

Lleva días comportándose demasiado extraño, hasta para ser el. Desde el día que llego tarde a casa y me abrazo sin decir nada, es como si no fuera el mismo.

Ya no me discute cuando le pido que haga algunas tareas de la casa que siempre le han molestado hace, y a empezado a dejar la comida caliente para cuando llego del instituto y a empezar a doblar su propia ropa.

De normal cuando llego del instituto tengo que prepararme mi comida y cuando le pido que doble su ropa y la guarde en su armario acaba siendo una pelea porque me dice que si y pasan las horas y no lo hace.

—No— respondo bastante confundida— Maxwell no a conseguido el coche de su padre— le explico recostándome en la cama con un cojín contra el pecho— y el autobús no pasa a esta hora.

Mi hermano me mira con escepticismo un momento antes de sacar el teléfono de su bolsillo mirando la hora, su ceño se frunce unos segundos antes de voltear los ojos separándose de la puerta.

Sus pasos se alejan por el pasillo y escucho la puerta de su habitación abriéndose.

Me acuesto de lado en mi cama encendiendo mi teléfono y abriendo una aplicación para ver series y buscando alguna que me haga olvidar el echo de que estoy encerrada en mi casa en vez de ver un partido de futbol americano al que quería ir.

Algo pesado me golpea la cabeza haciéndome soltar un alarido del susto, cuando me quito el objeto de encima me encuentro con una sudadera gorda blanca y unos bordados en verde.

Levanto la cabeza y me encuentro a Leo apoyado de nuevo en la puerta reprimiendo una sonrisa.

—Mas te vales que te des prisa hermanita— dice separándose del marco de la puerta— El taxi nos recoge en nueve minutos.

Levanto la sudadera frente a mi cara observándola y cuando veo el logo de Westbrook Academy en la esquina derecha me quedo inmóvil.

¿Qué hace mi hermano con una sudadera de mi instituto?

Pero lo que me deja mas pasmada es el numero a la espalda.

El nueve.

¿Es del equipo de futbol americano?

¿Qué demonios hace mi hermano con algo de futbol americano? Si odia el deporte.

—¿Cómo…?

—No hagas preguntas— me corta— En ocho minutos te espero en la puerta.

Con eso se da media vuelta encerrándose en su habitación.

Este niño va a matarme.




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