El precio de la verdad

Capítulo 10— Liam Croft

No he podido resistirme.

Llevo desde ayer sin poder sacármela de la cabeza, desde que se presento en el campo solo para saber si estaba bien.

Solo. Para. Saber. Si. Estaba. Bien.

Nadie a echo eso por mi antes, excepto mi madre cuando se a enterado que he tenido un día malo. Pero mi madre es mi madre, Yvonne no es mi familia y aun así se ha preocupado.

Una sonrisa estúpida tira de mis labios a pesar del frio que hace aquí afuera.

Son las seis y media de la mañana, y si, estoy en su puesta con un café recién echo que e comprado en la única cafetería abierta de este sitio hace como diez minutos.

Todavía de noche, aunque el cielo esta empezando a clarear, pero para mi sorpresa la calle esta iluminada y hay mas movimiento del que esperaba.

Hace unos minutos, justo después de llegar uno de los vecinos de Yvonne a salido junto a un perro a sacarlo a pasear, y en alguna de las casa de la calle escucho a un niño discutir son su madre para no ir a la escuela.

La casa de Yvonne tiene las luces de la planta de abajo encendidas y si mis cálculos no gayan debería de salir por la puerta de su casa dentro de exactamente cinco minutos para poder llegar a tiempo a la parada del autobús a dos calles de distancia.

Me apoyo contra el capo de mi coche resguardando el café un poco debajo de la americana del uniforme que mi padre nos obliga a llevar, para que no se le enfrié mas de la cuenta.

Se que le gusta el café templado, y como he calculado que iba a tardar un poco en verla y que hace un frio que pela lo he pedido mas caliente que de costumbre.

Para que cuando se lo de este justo como le gusta.

Levanto la cabeza cuando la puerta de la casa frente a mi se abre dejándome ver una melena alborotada de color naranja que me persigue hasta en sueños.

Yvonne sale de su casa con los ojos medio cerrados y el uniforme alborotado.

Lleva el pelo recogido en una coleta mal echa que parece haberse echo sin mucho esmero, su mochila cuelga peligrosamente de uno de sus hombros mientras cierra la puerta detrás de ella medio dormida.

Se pasa una mano por la cara mirando los escalones mientras los baja sujetándose al barandal.

Sigue tan dormida que ni siquiera me ha visto frente a ella.

Para tomar la dirección hacia la parada del autobús tiene que pasar por mi lado y no controla muy bien las distancias todavía, tanto que al pasar por mi lado su pelo choca contra mi pecho y ella no se da ni cuenta.

—Buenos días, Fournier— susurro a la altura de su iodo cuando pasa.

Ella suelta un pequeño gritito dando un paso lejos de mi dejando caer su mochila al suelo llevándose una mano al pecho.

Me mira con los ojos abiertos como platos y la boca entreabierta, en completo estado de shock.

—¿Liam? —pregunta entrecortadamente frunciendo el ceño— ¿Qué estás haciendo aquí?

Le sonrió de medio lado dando un paso hacia ella acercándome lentamente. Yvonne me mira fijamente, observándome sin decir una sola palabra.

Me agacho quedando de rodillas frente a ella haciendo que sus ojos se habrán mas de lo que ya estaban mientras agarro su mochila.

Cuando me vuelvo a enderezar con la mochila colgando ahora de mi hombro extiendo mi otra mano, la cual tenia escondida dentro de mi chaqueta, con el café en la mano.

Ofreciéndoselo.

—¿Cómo…? —pregunta— ¿Tu no deberías de estar entrenando? ¿Por qué estás aquí?

Cuando sus dedos agarran el cartón apenas rozan los míos, pero es suficiente como para recordarme el contacto de su cuerpo contra el mío el viernes, provocándome un escalofrió en todo el cuerpo.

Yvonne se lleva la boca de la tapa del cartón a los labios bebiendo un poco. Sus ojos se cierran un segundo mientras sus hombros se relajan.

El pequeño sonido de satisfacción que se le escapa hace que mi pecho se hinche de orgullo mientras la miro.

—No me has respondido— habla de nuevo más despierta— ¿Qué haces aquí Liam?

—Han pasado el entrenamiento de esta mañana a por la tarde— me encojo de hombros como si nada— Y como ya estaba despierto y no podía dormir…

—Has decidido que era buena idea conducir durante mas de media hora para traerme un café a la puerta de mi casa a las seis y media de la mañana.

Trata de verse molesta pero sus labios tiemblan conteniendo una sonrisa.

—Eso y llevarte al instituto— respondo sonriendo de medio lado— Me queda de camino llevarte hoy.

Se queda en silencio mirándome con cara de póker, hasta que parece no poder contenerlo más y comienza a reírse.

Su risa es tan fuerte que tiene que apoyarse en el árbol que tiene a su derecha para no caerse al suelo.

Su risa es tan tranquila y genuina que me dan ganas de escucharla más a menudo.

Tengo que hacerla reír mas seguido.

No puedo dejar de escuchar ese sonido.

Cuando recupera el aliento me mira con una sonrisa de oreja a oreja y las mejillas algo coloradas.

—Eres…— se calla pensándose la palabra— Eres…

—¿Increíble? —completo por ella— ¿El tío más increíble que has conocido?

Su sonrisa se ensancha un poco mas negando con la cabeza.

—Eres un completo lunático Liam Croft.

Mi corazón da un vuelco por la forma de pronunciar mi nombre completo, pero lo disimulo dando un paso hacia un lado dejándole vista a la puerta del copiloto.

—¿Dejas que este lunático te lleve a clase Fournier? —pregunto señalando con un gesto de cabeza el coche.

La pelirroja se encoge de hombros bebiendo de su café observándome con los ojos brillantes, pero no hace ningún movimiento en abrir la puerta del copiloto.

Chica consentida.

Sin poder dejar de mirarla abro la puerta haciéndome a un lado para apoyar una de mis manos en su espalda baja animándola a entrar dentro del coche.

La observo como su cuerpo se estremece, pero trata de disimular agachando la cabeza para no chocarse contra el marco de la puerta.




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