El precio de la verdad

Capítulo 11— Yvonne Fournier

No puedo quitarme la sensación de su mano en mi espalda.

Simplemente no puedo, es mas fuerte que yo.

Llevo todo el día con la cabeza en las nubes sin poder dejar de pensar en él, y ahora, durante la clase de matemáticas de la señora Miller solo puedo apreciar las fórmulas en la pizarra sin entender nada.

Liam esta sentado a mi lado, como siempre, pero hoy siento su presencia mas de lo normal.

Desplazo mi mirada a él, el tiempo justo para ver como escribe números en su cuaderno con su letra doblada e irregular.

La maldita americana del instituto le queda mejor de lo que me gustaría, tensándose sobre sus hombros con cada uno de sus movimiento.

Su mandíbula esta perfilada, sin un solo pelo sobre su piel, pero lo que se lleva mi atención son sus enormes manos.

Una de ellas sostiene las esquina del cuaderno para que no se mueva mientras que con la otra sujeta un bolígrafo mientras escribe. Pero lo que más destaca de ellas no es su enorme tamaño, que también, sino las venas que se marcan bajo su piel.

En cuanto mis ojos se posan en ellas se e cometido un error catastral.

Porque no puedo apartar la mirada.

—Señorita Fournier.

Soy un salto en mi silla levantando la cabeza de golpe hacia la señora Miller que esta al frente de la case con los brazos cruzados mirándome.

Su ceño esta fruncido con una mueca de molestia y uno de sus pies repiquetea en el suelo con un ritmo rápido.

—¿Me podría decir que es lo que tanto observa del señorito Croft?

El mundo debajo de mi asiento parece abrirse, porque la sensación de vacío que siento no es normal.

La clase entera se gira para mirarme de golpe, Kane y Jake me miran con una ceja levantada y riéndose desde la otra esquina de la clase, pero mi atención esta únicamente en Liam.

Su cabeza se gira lentamente hacia mi y sus ojos se clavan en mí, pero soy incapaz de mirarlo, centrando mi atención en el suelo frente a nuestra mesa.

Mi cara comienza a arder y mi mano que sostiene el bolígrafo con el que se suponía que debía de estar escribiendo comienza a temblar.

La señora Miller no quita su atención de mí, esperando una respuesta que no planeo darle, porque si lo hago seguramente quede en mas ridículo del que estoy quedando ya.

Me muerdo el labio inferior controlando el impulso de levantarme y salir de la clase sin mirar a mis espaldas.

Hasta que un brazo se posa sin previo aviso sobre mis hombros y la mano que aparece justo frente a mis ojos, posada sobre mi pecho, me deja helada.

—A sido culpa mía señora Miller —dice la voz de Liam mas cerca de lo que estaba hace unos segundos— Le estaba explicando un ejercicio que no entendía.

Me giro de golpe hacia el para encontrármelo sonriéndome de medio lado son una maldad que me hiela la sangre.

Su brazo se aleja de mis hombros lentamente recuperando su postura para mirar a la señora Miller con una sonrisa encantadora.

La mujer lo mira a el y luego a mi como si no se creyera nada de lo que Liam a dicho, pero para mi suerte no decide insistir más.

—Seno se vuelva a repetir señorita Fournier— termina diciendo a regañadientes— cualquier otra duda que tengas me lo pregunta a mí.

Asiento repetidamente agachando la cabeza mirando mi regazo, muerta de vergüenza.

—Entendido señorita Miller.

La mujer parece darse por satisfecha porque se da media vuelta sentándose en su mesa volviendo su atención a un cuaderno que tiene entre manos.

Suelto todo el aire que estaba dando sin darme cuenta mientras todo el mundo vuelve a sus asuntos ignorándome de nuevo.

—Con que mirándome Fournier— susurra una voz a mi lado.

Miro de reojo a Liam que está mirándome con una sonrisa de oreja a oreja.

Mi corazón late tan latido que me empieza a doler el pecho y las traicioneras de mis mejillas me empiezan a arder.

—No te estaba mirando a ti— gruño volviendo a escribir en mi cuaderno— Estaba mirando tu cuaderno. Realmente escribes muy mal, un jeroglífico egipcio se entiende mejor que lo que has escrito en esa hoja.

Su cabeza se dalea y su sonrisa se convierte en una de medio lado mientras una de sus cejas se eleva recorriéndome de pies a cabeza, o por lo menos hasta donde la mesa deja que me mire.

No dice nada durante unos segundos y mi estomago da un vuelco.

—¿Estas segura de eso? —pregunta— Porque yo juraría que estabas mirando mis manos.

Mierda, me ha pillado.

El bolígrafo que tenia en la mano sale volando golpeando la mesa con un golpe seco que retumba en el silencio de la clase.

Algunas miradas se voltean de nuevo hacia nosotros y maldigo en voz baja agachándome para recoger el bolígrafo del suelo.

—¿¡Que!? ¡no! —exclamo demasiado alto— te he dicho que estaba mirando el cuaderno.

Mientras me enderezo de nuevo en mi asiento el suelta una risa entre dientes que me pone los pelos de la nuca de escarpia.

No puede reírse de esa forma. Por mi bien no puede hacerlo.

—Mentirosa.

Entrecierro los ojos en su dirección fulminándolo apretando tanto los puños que el bolígrafo cruje entre mis manos.

—Cierra la boca Croft— bufo molesta

—Deja de mirarme Fournier— contraataca el tranquilamente— O cállame si tanto quieres que deje de descubrir tus secretos Fournier.

Me quedo sin palabras, literalmente abro y cierro la boca pero no sale nada.

Su expresión se satisfacción se amplifica al verme sin ninguna respuesta.

—Mas quisieras Croft— acabo contestando sin saber bien como.

Mi respuesta lejos de conseguir que se detenga, solo parece causarle algo parecido a la satisfacción.

Uno de sus brazos se apoya en el linde de las dos mesas inclinando su cuerpo mas cerca del mío, hasta el punto que el calor que desprende me llega.

Sin que pueda evitarlo un nudo se forma en mi garganta y mis ojos empiezan a escocerme sin sentido.

Trago saliva tratando de aliviar la presión en mi pecho y la terrible sensación en mi garganta, pero es imposible. Sigue ahí, y no se va.




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