El hospital Mount Siani parece mucho mas imponente desde abajo, la tarde en Manhattan a comenzado a caer, y aunque el bullicio de la ciudad y los hospitales no me han gustado de nunca he decidido venir.
Porque se que la voy a encontrar aquí.
Según el mensaje que Maxwell me a enviado hace cuarenta minutos Yvonne está en la cafetería de este hospital.
Sola.
Porque no ha querido que nadie la acompañe. Su hermano debería de haber despertado a lo largo de la mañana, pero parece que se esta tomando su tiempo para hacerlo, porque todavía no a dado ninguna señal de que esta consiente.
Pero algo dentro de mi me dice que va a despertar, y que va a estar perfectamente bien.
Tiene que estarlo.
Si es así Arthur Fournier ya a hablado con mi padre para pedir el traslado de Leone Fournier a Westbrook para después de navidad.
Aunque dudo que se lo haya comentado a Yvonne, porque a ese hombre parece que le gusta hacerse el interesante.
Mi corazón late acelerado mientras paso las puertas automáticas y me dirijo hacia la sección de la cafetería, al ser casi ultima hora de la tarde con el sol escondiéndose entre los edificios el lugar esta casi vacío.
Reviso el lugar buscando una mata de pelos naranja que adoro y la encuentro sentada en una de las mesas mas alejadas del lugar.
Todo la presión y la ansiedad de los últimos días por no saber como se encontraba se desvanece en el instante en el que la distingo en la distancia.
Su figura esta encorvada sobre una mesa mientras sostiene entre las manos el mismo cuaderno que lleva siempre con ella allá a donde va.
A su lado ahí una taza de café vacía y esta tan concentrada en lo que sea que esta haciendo que no presta atención a su alrededor.
Lleva unos pantalones de chándal azul cielo y una sudadera blanca que le queda grande, el pelo esta grasiento y recogido en un moño desordenado justo en la parte baja de su espalda.
No se como es posible, pero de alguna forma consigue verse hermosa, se ponga lo que se ponga.
Me acerco al mostrados observando las opciones y al chico con el delantal de detrás de la barra de pido un café solo, un chocolate caliente con extra de máchamelos y dos sándwiches de pollo con lechuga y salsa.
Porque se que lleva días sin dormir y comer bien y no puedo darle cualquier cosa.
El chico tarda solo unos minutos en dármelo todo y pago con mi tarjeta de crédito antes de dirigirme hacia la mesa de la pelirroja.
No nota que me acerco, solo cuando deposito frente a ella con cuidado de no asustarla y me siento en la silla a su lado.
Su cabeza se levanta de golpe y deja caer sobre la mesa el bolígrafo mirándome a mí y a la comida con los ojos como plato.
Sus labios, esos labios con los que llevo meses fantaseando besar se abren a medio de una palabra que no llega a formarse.
—Hola Yvonne— murmuro sin poder apartar la vista de ella.
Ahora que la tengo cerca puedo ver que realmente lo a estado pasando mal.
Su cara esta mas pálida de lo que ya es naturalmente y tiene dos medialunas purpuras debajo de los ojos por la falta de sueño. Las uñas de sus manos están mordidas hasta el limite y parece que a perdido bastante peso porque sus muñecas están mas finas que antes.
Parece la sombra de la chica que era solo a principios de la semana.
—¿Liam…? —pregunta parpadeando varias veces— ¿Qué haces aquí?
Sonrió de medio lado empujando la taza con chocolate caliente hacia ella, su mirada se desplaza hacia mi mano y cuando ve la taza suelta un pequeño jadeo.
—He venido de visita— murmuro— Me han dicho que han soltado a tu amigo.
Los dedos de una de sus manos se aferran al cartón caliente acercándolo a su pecho soltando un suave suspiro por sus labios mientras que la otra se queda extendida sobre la mesa al lado del bolígrafo que ya no sostiene.
Su mirada se pierde en alguna parte de la mesa mientras sus dedos se aferran con fuerza contra el envase.
Mi mano, la que no sostiene la taza de café, se mueve por encima de la mesa hasta quedar al lado de la suya, rozándola, pero sin agarrarla.
Sus ojos se elevan hacia los míos y me doy cuenta que están aguados. Algo que no me gusta se retuerce en mi pecho, algo que me hace querer apartar la mirada, pero me obligo a no hacerlo.
—¿Por qué estás aquí abajo? —decido preguntar.
Yvonne se recuesta en su silla en silencio apartando la mirada de mi para dirigirla hacia los ventanales que dan a los aparcamientos de enfrente. No la fuerzo a responderme simplemente me quedo en silencio esperando a que me responda por decisión propia.
—Estoy esperando a mi madre— habla, aunque no parece muy emocionada.
Y la entiendo.
Después de la conversación entre su madre y Maxwell que presente ayer por la tarde y después de enterarme de lo que me entere a mí tampoco me gustaría irme con ella.
—¿Cuándo llega?
Su cabeza se eleva hacia el reloj de pared sobre nuestras cabeza y sus labios se tuercen en una mueca.
—Tendría que haber llegado hace una hora y media.
El movimiento de mi mano con la taza de café hacia mi boca se detiene en seco mientras mi ceño se frunce mirándola, su expresión es neutra, como si no le importara.
—A lo mejor se a retrasado— trato de escusar a su madre para que no se sienta mal— A lo mejor le a pillado un atasco o…
—No va a venir Liam— me corta sonriéndome de medio lado— y la verdad no me importa. En el fondo me lo esperaba.
Un pequeño nudo se empieza a formar en mi garganta, pero lo empujo hacia abajo inclinándome un poco hacia ella.
—Yvonne…
Intento decirle algo que la haga sentir mejor, pero no tengo palabras para el momento.
¿Qué se le puede decir a una chica a la que su madre acaba de dejarla tirada en la cafetería de un hospital después de llevar días cuidando de su hermano ingresado?
Editado: 27.07.2026