El baño de invitado de la familia Croft es más grande de lo que me imaginaba y cada uno de los detalles esta cuidado al milímetro.
La madre de Liam, una mujer de pelo castaño, estatura baja y complexión delgada ha sido más amable de lo que me esperaba. Nada mas verme bajarme del coche de su hijo me a recibido con los brazos abiertos.
Literalmente.
Ha bajado las escaleras de la entrada de la caza con los brazos extendidos para envolverme en un cálido y fuerte abrazo. Un abrazo que necesitaba mas de lo que creía.
Eso a sido hace como una hora y ahora estoy parada en medio de su baño de invitados manchándole el suelo de mármol impoluto con el agua que escurre de mi cuerpo que la tela no es capaz de absorber.
La ducha ha sido más satisfactoria de lo que me esperaba, hacia días que no sentía el agua caliente recorrer mi cuerpo y mi pelo estaba pidiéndolo a agritos. Ahora los mechones caen sobre mis hombros empapándome mas de lo que estoy.
Me acerco hacia la mochila que Liam a dejado sobre el lavabo antes de irse cuando me ha traído aquí y la abro buscando un pijama que ponerme. Maxwell la hizo anoche después de que mi padre lo enviara a mi casa. Y solo la he abierto para coger el chándal con el que Liam me ha visto en la cafetería.
Mis nervios comienzan a crecer cuando por mas que rebusco en la ropa no encuentro nada para dormir.
No, no, no, no puede ser. No puede estarme pasando esto.
No hay nada.
No tengo nada que ponerme que no sean vaqueros y camisetas.
—Mierda— gruño apoyándome en la pared.
Mi espalda se desliza por los azulejos hasta que acabo sentada contra el suelo de baldosas del cuarto de baño, congelándome a pesar del calor de la calefacción que se filtra por la ventilación.
—¿Yvonne? —pregunta la voz de Liam al otro lado de la puerta— ¿Esta todo bien? He escuchado que decías algo.
MIERDA.
¿Cuánto tiempo lleva ahí escuchando?
Me levanto de golpe presa del pánico, pero solo consigo que mis piernas se enreden con el albornoz para acabar callándome de rodillas al suelo aterrizando con las manos para no quedarme sin cara.
Un largo gemido agudo escapa de mis labios mientras aprieto los ojos sintiendo como mis rodillas y manos arden contra el suelo.
—¿Yvonne? —la voz de Liam suena más alterada— ¡¿Qué ha sido ese ruido?!
Una ráfaga de aire más frio me golpe haciéndome estremecer y levanto la cabeza ahí está, Liam ha abierto la puerta y ahora me mira desde el marco con los ojos abiertos como platos. Me quedo paralizada, tirada en el suelo de su cuarto de baño, completamente avergonzada.
Su mirada recorre mi expresión de completa vergüenza antes de recorrerme de pies a cabeza durante menos de un segundo para regresar a arriba.
Lo único que me da un poco de calma es que el albornoz me cubre completamente sin dejar que el vea nada fuera de su lugar.
—¿Qué haces ahí tirada? —pregunta acercándose a mi— ¿Te encuentras bien?
Se agacha frente a mi quedando a mi altura mientras su grandes manos se sujetan por los hombros ayudándome a sentarme en condiciones en vez de estar arrodillada.
Asiento rápidamente acalorándome mientras evito su mirada a toda costa.
—Si-si— tartamudea plantando las manos en el suelo cuando ya estoy sentada— Solo me he… me he tropezado con el albornoz.
Sus cejas se elevan antes de observan los azulejos del suelo mojados y mis pies completamente descalzos entre sus piernas arrodilladas.
Un largo suspiro que parece ser de alivio escapa de sus labios mientras que me sujeta por debajo de los brazos sin que pueda objetar y me levanta en segundo como si nada.
Sus ojos se desvían hacia la mochila de encima del lavabo que el mismo a dejado y ve toda la ropa que en mi ataque de pánico he desordenado.
—Yo he…— trato de escusarme— Creo que a Maxwell se le a olvidado echar un pijama ahí dentro.
Liam se acerca a la mochila echándole un ojo a su interior antes mirarme con una ceja levantada y una media sonrisa.
—¿Planeas dormir con unos vaqueros y una camisa puesta Yvonne?
Todavía no me acostumbro a que me llame utilizando mi nombre en vez de mi apellido, de normal todo el mundo me llama Fournier y solo un par de personas utilizan Yvonne.
Entre ellas mi madre, cuando esta enfadada.
Internamente volteo los ojos reprendiéndome mentalmente por recordarle. Esa mujer no se merece ni que piense en ella.
Su mirada curiosa sigue sin apartarse de mi y me obligo a encogerme de hombros abrazándome a mi misma.
—¿Y que esperas que me ponga Liam?
No pretendía sonar a la defensiva y me arrepiento al instante, pero Liam parece no tomárselo mal porque su sonrisa lejos de desvanecerse se ensancha negando ligeramente.
Se acerca mi con solo un par de pasos cortos para agarrarme de la muñeca tirando de mi para que lo siga.
—¡Se puede saber que haces Liam! —exclamo horrorizada— ¡Que estoy desnuda y en albornoz! ¿Qué pasa si me ven tus padres?
El ignora completamente mis quejas arrastrándome por el pasillo sin siquiera girarse a mirarme. Trato de zafarme de su agarre, pero, como paso en el hospital, es imposible.
No me hace daño, ni muchísimo menos, pero aun así es imposible soltarse de él.
—¡Liam! —esta vez mi voz es casi un grito.
Su cabeza se gira hacia mi dedicándome una mirada de reojo mientras se acerca a una puerta.
—No voy a hacer nada raro Yvonne— habla tranquilamente mientras gira el picaporte a la vez que me suelta— Relájate, no soy un acosador ni nada de eso.
Frunzo el ceño mirándolo malamente quedándome parada en el marco de la puerta observando como el se adentra en la habitación que esta algo desordenada.
La cama esta desecha y hay algunos cojines esparcidos por el suelo junto a varios pares de calcetines, pero claramente es su habitación por la cantidad de posters de equipos de rugby y un par de trofeos plateados en una repisa sobre un escritorio lleno de papeles.
Editado: 27.07.2026