No puedo dejar de sonreír, es completamente inevitable. Sobre todo, cuando veo a Leo engullendo el plato de comida que le han traído las enfermeras.
A despertado por fin hace solo dos horas y media, cuando Liam me ha traído de regreso dejándome en la puerta. No a podido quedarse porque tenia que hacer algo que no me a querido contar, pero me a asegurado que iba a venir.
Esta mañana a sido algo extraña, cuando he bajado de la habitación de invitados ya preparada para que Liam me trajera su padre se a quedado mirándome fijamente.
No era una mirada perturbadora, ni nada por el estilo, mas bien me miraba conteniendo una sonrisa mientras su hijo me arrastraba hacia la puerta extrañamente nervioso.
¿Paso algo que yo no sé? ¿Dije algo que no debía de decir mientras dormía?
No, mi cuerpo no puede traicionarme de esa forma. ¿O sí?
La duda me resuena en la cabeza una y otra vez poniéndome inquieta hasta que noto que Leo se me a quedado mirando con una ceja levantada.
—¿Pasa algo? —pregunto con la voz algo chillona.
Mi hermano frunce el ceño como puede, inclinándose hacia mi todo lo que su cuerpo magullado se lo permite, acerca su nariz a mi pelo que cae sobre uno de mis hombros y lo olfatea como un perro.
—¿Se puede saber que estas haciendo Leo? —me aparto de él frunciendo el ceño— ¿El golpe en la cabeza te ha vuelto un perro?
—Hueles diferente— recupera su posición con una media sonrisa— Un olor bastante familiar.
El calor se extiende por mis mejillas mientras le oculto mi cara girándome para mirar hacia la puerta.
—No se de que estas ablando— mascullo.
Mi hermano se echa a reír soltando un quejido al instante, al girarme lo veo sujetándose un lateral, justo sobre las costillas.
De inmediato estoy sobre el ayudándolo a recostarse apartando la bandeja de comida de sobre sus piernas dejándola sobre el carrito de metal que han dejado a la habitación, termino de ayudarle a recostarse bien mientras el permanece con los ojos cerrados y la mandíbula apretada.
—Quédate ahí quieto y no hagas nada—lo regaño dándole un manotazo en el brazo— Todavía no te has recuperado.
El me responde con un gruñido mientras me recuesto en la silla a su lado en la cama soltando un largo suspiro.
—Nunca pensé que volvería a ver a mi hermana oliendo a chico— dice de repente— Ya había olvidado la sensación.
Mi hermano sigue con los ojos cerrados y la cabeza recostada contra las almohadas, pero tiene una sonrisa de oreja a oreja.
—¡LEONE! —vocifero levantándome de un salto furiosa— ¡Cierra la boca ahora mismo!
—¿Qué? —abre un solo ojo levantándome una ceja, divertido— Solo digo que…
—Niños— nos interrumpe una tercera voz.
Al girarnos nos encontramos con mi padre parado en la puerta de la habitación con dos tazas de café que no parecen ser del hospital y una bolsa de cartón enganchada del su brazo.
—Veo que ni en un hospital dejáis de pelearos— nos regaña acercándose— No se como podéis ser mis hijos.
Leo y yo volteamos los ojos a la vez, el sonriendo y yo cruzándome de brazos completamente indignada.
—A empezado el— señalo a mi hermano con un dedo acusatorio— Ni recién salido de la inconciencia es capaz de cerrar la boca.
Mi padre me mira malamente mandándome a callar en silencio mientras Leo se incorpora sonriendo mientras enseña todos los dientes.
—Llevo tres días durmiendo hermanita— responde— Tengo que decir todo lo que no he dicho estos días.
—Leone— lo regaña mi padre arrastrando una silla hasta quedar a mi lado— dedícate a descansar y a no picar a tu hermana.
Leone voltea los ojos, pero obedece echándose un brazo sobre los ojos. Mi padre, por otro lado, me pasa una de las dos tazas de café que tiene en la mano dejando la bolsa de cartón sobre sus piernas.
El olor a bollería y el calor que se filtra a través del cartón me hace salivar.
—Acaba de traerlo un repartidor— me explica mientras saca don napolitanas de la bolsa— Alguien lo a enviado para ti.
—¿Para mi?
—¡Para ella!
Mi hermano y yo hablamos a la vez, el conmocionado y yo confundida. Mi padre echa a reírse hundiéndose en su incomoda silla.
—¿Quién te envía desayunos hermana? —me interroga Leo girándose a mi— ¿Qué se supone que significa esto?
—No lo se— levanto las manos con los ojos como platos— No tengo idea de quien a sido.
Leo se pone a mirar por la ventana refunfuñando entre dientes cruzando los brazos contra su pecho mientras gruñe algo entre dientes, mi padre me mira de reojo con una media sonrisa oculta detrás de su taza de café.
Me hundo en la silla rígida con los vaqueros apretándome los muslos de forma incomoda mientras hundo la nariz en la tela de la sudadera apretando el café entre mis dedos.
La napolitana que a dejado sobre la mesa tiene muy buena pinta, pero no me da tiempo a agarrarla cuando mi teléfono vibra en mi bolsillo.
Al verlo reconozco el contacto de Liam en el buzón de mensajes.
Liam: ¿Ha llegado la comida bien?
Se me descuelga la mandíbula pasando la mirada de la pantalla del teléfono a lo que acaban de traer.
Yo: ¿Has sido tu?
Mi mensaje aparece en leído al instante y unos puntos suspensivos aparecen en la parte inferior de la pantalla.
Liam: ¿Esperabas que fuera alguien mas Yvonne?
Aprieto los labios en una fina línea porque la respuesta es no, no esperaba que otra persona se importara por mi como el lo hace.
Yo: No hacia falta.
Liam: Esta mañana te has ido de mi casa sin desayunar.
Liam: Es lo menos que podía hacer.
Tengo que tomar una larga respiración para no reírme sola como una tonta enamorada mientras guardo el teléfono porque no se que responderle, al levantar la cabeza Leo me mira de reojo con el ceño fruncido, pero finge ignorarme y mi padre me mira fijamente.
Editado: 27.07.2026