El instituto público del centro de Woodside es mas poca cosa de lo que esperaba, Roosevelt siempre a sido un instituto muy popular entre los padres desde que tengo memoria.
Pero desde que se el tipo de calaña que se esconde detrás de sus puertas me repugna mas de lo hacia hace años.
Hay dos banderas de América hondeando a los laterales de la puerta principal, pero su fachada amarilla desteñida y las cantidad de ventanas me recuerdan mas a una cárcel que a una escuela secundaria.
Me han dado la buena noticia que Leo a despertado hace unas horas, y que por suerte esta perfectamente bien, algo adolorido pero perfecto.
Por lo que la preocupación de los últimos días se ha desvanecido dejando solo una fría y profunda rabia en el fondo de mi pecho que está comenzando a aflorar, y va a ser únicamente dirigida hacia un rubio muy concreto.
Si mi padre llega a enterarse que estoy aquí seguramente el mismo me meta en una celda hasta que todo esto pase.
Pero como no lo sabe es mejor ser rápidos.
Y para eso me he traído a dos personas que no han necesitado preguntar nada cuando les he pedido que me acompañen, y que no van a contarle nada de lo que va a ocurrir a nadie.
Que se van a llevar este secreto a la tumba si se los pido.
Cuando el reloj marca las siete de la tarde tres de las cuatro puertas de mi coche y Vince y Ethan me siguen en silencio con las manos en los bolsillos de los pantalones hacia la puerta de Roosevelt High School.
—¿Voy a necesitar un abogado después de esto? —pregunta Ethan divertido a mi espalda.
—Si.
El silencio se expande unos segundos mientras cruzamos la carretera hacia la puerta.
—Espero que tu madre no me cobre mucho Ethan— murmura Vince serio.
El castaño se ríe entre dientes, pero no le responde, la salita del conserje de la entrada está vacía lo que nos facilita que nos acerquemos hacia las dos puertas de cristal sin problema.
¿Para que van a necesitar seguridad esta gente si tienen a la mierda dentro?
—¡Croft! —grita alguien a nuestras espaldas.
Al girarme me encuentro a Bruce y Maxwell, los dos amigos de Yvonne acercándose a nosotros con el ceño fruncido.
El primero repara en la presencia de mis dos acompañantes frunciendo el ceño mientras que el segundo solo me mira a mi con el ceño fruncido.
—¿Qué estas haciendo aquí? —pregunta Maxwell plantándose frente a mi— No pintas nada en este instituto.
Vince se coloca a uno de mis lados y Ethan al otro compartiendo una mirada entre ellos en silencio mirando a los dos chicos que se nos han acercado. No los conocen y no tienen ningún motivo de confiar en ellos, aunque no sean mi objetivo de hoy.
Una sonrisa fría tira de mis labios y ambos chicos fruncen todavía mas el ceño.
—Solo estoy de visita— respondo alegremente— Quiero conversar con una persona.
Maxwell va a decir algo, pero Bruce le pone una mano en el hombro deteniéndolo, el ojiverde se gira hacia su amigo molesto pero Bruce le dedica una mirada que lo hace callar.
Antes de que alguno de los dos diga nada una carcajada resuena a nuestras espaldas.
Al girarme lentamente encuentro a un par de ojos marrones oscuros y una mata de pelo rubio caminando hacia nosotros con una sonrisa burlona, cuando sus ojos se encuentran con los míos parece vacilar, pero acaba manteniendo su teatrillo terminando de acercarse.
—¿Hay cámaras en este sitio? —pregunto hacia los dos amigos de Yvonne.
Ambos vuelven a intercambiar una mirada y algo ocurre entre ellos porque ambos sonríen a la vez cruzándose de brazos.
—Estropeadas— responde Maxwell— El director se a gastado el dinero para arreglarlas con su amante.
—Perfecto— murmuro para mi mismo volviendo a girarme hacia el rubio.
Este me ignora por completo, como si haciéndolo desapareciera, y su atención se centra en los dos chicos a mis espaldas. Vince y Ethan al ser ignorados fruncen el ceño tensando los hombros casi al mismo tiempo.
—Al parecer el papi francés te a sacado de la mugrosa cárcel a la que perteneces— se burla el engendro.
Bruce cierra las manos en puños dando un paso hacia él, pero una de mis manos se posa sobre su pecho haciendo que me dedique una mirada extrañado.
Mi cabeza se dalea con una sonrisa indicándole que me deje a mí. Parece entenderme porque da un paso atrás chirriando los dientes, pero quedándose en silencio.
Sin decir una palabra saco unas vendas blancas que he tenido todo el tiempo escondidas en uno de los bolsillos de mis pantalones, desenvolviéndolas poco a poco para comenzar a vendarme mi mano diestra bajo su atenta mirada.
Así no va a quedar un solo rastro de que he sido yo quien le ha dado la golpiza de su vida.
Pero voy a ser yo quien se la va a dar.
—¿Te acuerdas lo que te dije la última vez que nos vimos Tadeo? —pregunto dando un paso hacia él cuando la venda esta bien puesta alrededor de mis nudillos.
El pobre desgraciado no retrocede, se limita a mirarme con una ceja levantada fingiendo amnesia. Pero ambos somos conscientes de que me recuerda, de echo me recuerda muy bien.
Vince y Ethan se sonríen entre si negando lentamente, saben exactamente lo que se le viene encima a este pobre ser. Y van a disfrutar del espectáculo en primera fila.
—¿Crees que me voy a acordar de alguien como tú? —pregunta observándome de pies a cabeza con una expresión asqueada— No me acuerdo de la mierda insignificante tío, lo siento.
Uno de mis puños se aprieta a mi costado, pero respiro controlándome el tiempo suficiente para acercarme a el hasta quedar a unos centímetros. Su fachada de seguridad parece resquebrajarse lo justo para que el miedo cruce su murada solo un segundo.
—Me temo que voy a tener que recordártelo.
Sin darle tiempo a reaccionar una de mis manos, la que no esta vendada, se engancha en el cuello de su camiseta zarandeándolo hacia mi para que mi puño vendado pueda impactar de lleno contra su mandíbula.
Editado: 27.07.2026