El precio de la verdad

Capítulo 22— Liam Croft

No me a mirado ni una sola vez desde que se subió a mi coche, se ha dedicado a mirar a cualquier otro sitio menos en mi dirección.

Desde el cuarto de Leo en casa de su madre, donde estoy guardando sus cosas en casa mientras la madre de los hermanos esta tirada en el sofá de la planta de abajo con cara de pocos amigos, puedo ver a la pelirroja sentada en el suelo del que era su cuarto.

Ahora todo esta lleno de cajas y las paredes están completamente vacías, Yvonne esta sentada con las piernas cruzadas mientras mira el interior de una de las cajas que quedan por cerrar sin moverse.

No parece muy feliz, o solo está asimilando todo lo que esta pasando.

Termino de cerrar la ultima caja de Leo con celo y me levanto de mi sitio saliendo de la habitación acercándome a la suya, me quedo un momento parado en la puerta observándola en silencio hasta que me acerco.

Me siento justo frente a ella mientras ella permanece con la mirada perdida dentro, cuando observó que hay en el interior me encuentro con un montón de álbumes de fotos junto a una cámara de fotos negra que parece tener algunos años por la cantidad de arañazos que tiene.

—¿Has terminado? —pregunto volviendo a mirarla.

Yvonne parpadea varias veces levantando la cabeza y mirándome sorprendida, luego vuelve a regresar su atención al interior de la caja antes de asentir lentamente sin estar muy convencida.

—Si— murmura.

La ayudo a cerrarla y coloco el celo para que no se habrá y se caigan las cosas durante el trayecto en coche. Esto podría hacerlo una empresa de mudanzas perfectamente, pero por algún motivo que no conozco Arthur Fournier a decidido que lo hagamos nosotros.

Me levanto con cuidado estirándome mientras escucho el crujido de mi espalda después de horas tirado en el suelo guardando cosas. Estiro una de mis manos hacia ella, que sigue en la misma posición, ofreciéndosela para ayudarla a levantarse.

Yvonne mira mi mano en silencio antes de aceptarla segundos después dejándome tirar con cuidado de ella hasta que esta de pie. Ella se sacude los pantalones del polvo que ha ido acumulando durante horas y hace el amago de agacharse de nuevo para coger la caja.

Pero soy más rápido agarrándola por las esquinas levantándola a pulso, peso mucho menos de lo que esperaba y se me hace muy fácil moverla.

—Voy a necesitar ayuda para abrir las puertas del coche Fournier— le digo cuando la veo queriendo protestar.

Cierra la boca al instante girándose para agarrar una mochila que a llenado con sabe dios que, saliendo de la habitación, la sigo alegremente bajando las escaleras con la mirad clavada en si pelo pelirrojo que se mueve a los lados con cada escalón que baja.

Al pasar por el pasillo de la parte de abajo la cabeza de Yvonne se gira hacia el interior del salón donde su madre sigue acostada, nos escucha bajar, pero no se gira para mirarnos, siguiendo bebiendo de su taza mirando la tele como si todo esto fuera normal.

Se me hace un nudo en el estomago cuando Yvonne se tensa de pies a cabeza agachando la cabeza en silencio.

Trata de hacerse la dura, como si todo esto no le importara, pero en el fondo se que le duele mas que cualquier otra cosa.

Al salir de la casa un viendo helado nos recibe mientras nos acercamos a la parte trasera de mi coche, Yvonne trata de abrir el maletero, pero está cerrado.

—¿Y las llaves? —pregunta girándose hacia mí.

Señalo uno de los bolsillos de mi chaqueta con un gesto de cabeza y Yvonne se acerca metiendo la mano sacando las llaves en silencio. Es un gesto pequeño pero una ola de calor me recorre el cuerpo cuando siento su mano contra mi estómago.

Aprieto la mandíbula conteniendo cualquier tipo de sonido mientras ella abre el maletero sin percatarse de absolutamente nada.

Se echa a un lado cuando dejándome espacio para dejar la caja en el interior.

—Quédate aquí vigilando que nadie se lleve nada— le digo enderezándome— Ahora vuelvo.

Sin darle tiempo a quejarse me adentro de nuevo en la casa ignorando a su madre que se a levantado del sofá y esta en la puerta del pasillo mirándonos desde lejos. Al pasar por su lado siento la tensión de su mirada sobre mí, pero me decido por ignorarlo.

Si me giro para mirarla seguramente me diga algo a lo que no voy a poder resistirme a responder, lo que llevaría a una pelea que haría sentirse a Yvonne peor de lo que ya se siente.

Bajar las cajas de Yvonne y Leo me lleva dos viajes más, pero cuando estoy bajando una tercera y última vez las escaleras de la casa escucho voces en la entrada, termino de bajarlas y al salir encuentro a Yvonne de espaldas a mí con los brazos cruzados mirando a su madre.

La mujer esta parada frente a Yvonne con el ceño fruncido mirando el maletero de mi coche. Sin que Yvonne se de cuenta me acerco a ellas dejando la caja a un lado del camino.

No se que es de lo que estaban hablando, pero Yvonne parece escucharme pro que se gira a mirarme, sus ojos están algo rojos, pero respira hondo caminando hacia la parte delantera del coche.

—Vámonos ya— dice abriendo la puerta del copiloto sin mirar a nadie.

Cierra la puerta con cuidado dejándome a solas con su madre junto a un silencio algo extraño.

En completo silencio vuelvo a levantar la caja del suelo y la guardo en el maletero apretujándola junto a la montañas de cajas que ya están dentro.

Su madre no me quita la mirada de encima cruzándose de brazos mientras cierro la puerta en silencio, me doy media vuelta para dirigirme al asiento del conductor cuando su voz me detiene.

—Se va a arrepentir— afirma a mis espaldas— Esa niña se va a arrepentir de lo que esta haciendo.

Mi mano queda suspendida a medio camino de la manija de la puerta, desde su asiento en el interior Yvonne me observa confundida sin saber que ocurre. Lentamente me giro para encontrarme a su madre mirándome con superioridad.

Tiene una media sonrisa en los labios que me hace arder la boca del estómago, como si realmente se creyera que lo que esta diciendo tiene un mínimo de sentido.




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