Lo último que me esperaba que me ocurriera después de salir de casa de mi madre es que mi padre me diera la noticia que no nos vamos a Francia como nos ha hecho creer, sino que nos quedamos en Forest Hills.
Y no solo eso, sino que el traslado de Leo a Westbrook ya está hecho, oficialmente nos quedamos aquí.
Pero sobre todo estoy sorprendida con Liam, el cual lleva los dos días ayudando a Leo con la mudanza sin quejarse una sola vez.
Amos se pasan horas en la habitación de mi hermano abriendo las cajas y sacando todo lo que hay en su interior.
Ayer por la tarde vi a Liam poniendo unas estanterías de madera en una de las paredes de la habitación de mi hermano, mientras Leo que todavía sigue sin poder moverse mucho estaba hablándole desde la cama.
Estuve al menos diez minutos mirándolos antes de que Leo me pillara y saliera corriendo encerrándome en mi habitación, y ahora estoy sentada en mi cama a las nueve y media de la mañana de un sábado.
La casa esta en silencio y la ventana de mi habitación esta abierta, desde mi cama puedo ver las vistas a la casa de enfrente. El lunes regreso a casa mientras Leo va a quedarse una semana más de reposo en casa por órdenes del médico.
El muro de ladrillos rojos ya se ha vuelto familiar en solo los pocos días que llevo despertándome en esta cama.
La casa de los Croft.
No se si a sido el destino o mi padre, pero es gracioso que hayamos acabado siendo vecinos.
Ahora la ventada de la segunda planta esta abierta y reconozco la cama que hay en la habitación. Su habitación.
Los colores me suben a la cara solo de pensar que llevo días durmiendo a solo unos metros de él.
En ese momento la puerta de la habitación se abre y casi me caigo de la cama cuando Liam entra en su habitación vistiendo únicamente una toalla reliada al cuello. No parece darse cuenta que la ventana está abierta y que lo estoy mirando desde lejos como una acosadora.
Pero mi cerebro a cortocircuitado y he dejado de ser una persona con un poco de conciencia y sentido de la vergüenza, porque mis ojos no pueden apartarse de él.
Es la primera vez que lo veo así y desde luego no es para nada lo que me esperaba de Liam Croft.
Desde mi posición puedo apreciar todos y cada uno de los músculos de su torso que suele esconder debajo del polo del uniforme, las camisetas del instituto o las sudaderas que le gusta ponerse.
Tiene músculos hasta en las costillas.
El la primera vez que veo algo así en toda mi vida, agradezco a tener tan buena vista porque puedo ver los músculos de su pectoral y abdomen como se mueven cada vez que hace un movimiento.
Joder, joder, joder.
No voy a poder borrar esa imagen de mi memoria nunca.
Mi mirada desciende por puro instinto en la V de su cadera que se pierde a la mitad por debajo de la toalla que lleva anudada a la cintura.
Liam se acerca sin notar mi mirada hacia su ropero sacando unos pantalones de chándal arrojándolos sobre su cama junto a una sudadera.
Va a cambiarse de ropa, lo que significa que va a quitarse la toalla y va a…
Antes de que mi cerebro pueda adelantarse a los acontecimientos Liam se gira hacia la cama, casi de frente en mi dirección, y sus manos hacen volar la toalla hacia una esquina de mi habitación.
El alarido que suena en mi mente es tan fuerte y agudo que los pájaros de un árbol al lado de mi ventana salen volando despavoridos. Sin darme tiempo a ver nada me tiro al suelo cubriéndome la cabeza con los brazos.
Al tirarme me golpeo la mandíbula sacándome un gemido de dolor mientras agonizo de la vergüenza en el suelo, mi móvil sobre la mesita de noche suena con una notificación.
Me arrastro por el suelo sin erguirme un centímetro antes de alargar el brazo atrayendo el teléfono hacia mi pecho, lo enciendo desbloqueando la pantalla para encontrarme con un mensaje de Liam.
Liam: ¿Disfrutando de las vistas Fournier?
Suelto otro alarido lanzando el teléfono por los aires hasta que se estrella contra la pared al otro lado de la habitación, corriendo me acerco a rastras a la ventanas cerrando las cortinas de un tirón, casi quedándome con ellas en la mano.
Desde la casa de al lado escucho una carcajada que me pone los pelos de punta.
Me a pillado, me a pillado, me a pillado.
Estoy muerta, desde hoy no vuelvo a salir de casa.
Me arrastro derrotada volviendo a levantar el teléfono viendo como la pantalla se ha roto en una esquina, gimo por lo bajo golpeándome la frente contra el suelo mientras el teléfono vuelve a vibrar en mi mano.
Soy consiente de que no debería encenderlo ni ver los mensajes, pero mi curiosidad me gana y vuelvo a encenderlo para ver mensajes nuevos de Liam.
Liam: No te preocupes Fournier, la atención no me molesta.
Liam: Puedes mirar todo lo que quieras.
Ruedo por el suelo soltando un sonido agonizando mientras regreso de nuevo a mi cama enterrándome debajo de las sábanas.
El teléfono se queda atrás, tirado en el suelo, mientras me tapo hasta la cabeza con las colchas soltando un sollozo de mentira.
—Maldito seas Liam Croft— hablo para mi misma amortiguando la voz contra la tela— ¿Quién te manda a ser tan guapo y descarado?
Escucho los pasos disparejos de mi hermano por el pasillo hasta mi puerta, cuando se para frente a ella y llama hago como si no estuviera.
—¿Yvonne? —me llama desde el otro lado— He escuchado un golpe, ¿has sido tu?
Me quedo en silencio y después de un momento mi hermano resopla al otro lado y vuelve a alejarse quejándose en voz alta por haberse preocupado.
¿Cómo se supone que voy a mirar el Lunes a Liam? ¿Con que cara?
Editado: 27.07.2026