El precio de la verdad

Capítulo 24— Liam Croft

La luz de su habitación esta encendida, estoy en mi cuarto y son apenas las ocho menos cuarto de la mañana. Esta amaneciendo y puedo ver la luz de su habitación encendida mientras termino de colocarme la americana del uniforme antes de enganchar la mochila echándomela sobre el hombro.

No puedo evitar sonreír mientras salgo de mi habitación al recordar su cara de pánico cuando la vi el sábado espiándome desde su ventana.

Es una pequeña pervertida.

Al entrar por la cocina encuentro a mi madre sentada desayunando, el café que me llevo todos los días para la pelirroja esta sobre la encimera en un vaso de cartón desechable que empecé a comprar únicamente para esto.

—Buenos días— saludo al entrar.

Mi madre me da un asentimiento medio dormida todavía con su café en la mano mirando a la encimera en silencio mientras yo agarro una manzana del bol de la fruta.

Me como la porción de fruta a velocidad de la luz mientras agarro un bollo de chocolate y el café saliendo por la puerta no sin antes darle un beso en la mejilla a mi madre al pasar por su lado.

Algo me dice que el chocolate va a alegrarle la mañana a la pelirroja.

—¡Adiós! —grito al interior de la casa antes de cerrar a mis espaldas.

En vez de dirigirme a mi coche como cada mañana sigo caminando de largo hacia la nueva residencia de los Fournier.

Al llegar subo los escalones y me acerco a la puerta con el cabe en una mano y el bollo en otra tocando el telefonillo. Al otro lado de la puerta se escuchan varias voces y segundos después la puerta se abre.

El señor Fournier me recibe vistiendo un traje negro impecable mientras sostiene una taza de café humeante con cara de estar todavía dormido. Al verme parado en su puerta el sueño desaparece de golpe sonriéndome.

—Buenos días muchacho— me saluda con alegría— ¿Qué haces aquí tan temprano?

Por detrás de el veo a una mata de pelos pelirrojos moverse a la velocidad de la luz de un lado a otro, la señalo con la cabeza dejando que el señor Fournier siga mi gesto para clavar los ojos en su hija.

—Vengo a recoger a Yvonne— le digo encogiéndome de hombros— Tenemos el mismo camino y así no tiene que irse sola.

Arthur se ríe entre dientes abriendo la puerta al completo haciéndose a un lado.

—Pensaba pedirle a Luca que la llevara.

Me tenso de pies a cabeza solo con la idea de que ese rubio francés pase tiempo en un coche a solas con ella.

No, eso no va a pasar.

—No hace falta— respondo forzando una sonrisa— A mi no me molesta llevarla.

—¿Con quién estás hablando papa?

Los pasos de la pelirroja se acercan y cuando se asoma a la puerta y me encuentra parado en su porche sus ojos se abren como platos entreabriendo la boca. Le sonrió de medio lado observando como sus mejillas se ponen coloradas como dos pequeñas manchas de pintura sobre su piel.

—Buenos días Yvonne— la saludo tendiéndole el baso de café.

Ella mira mi mano completamente horrorizada antes de alargar su mano hacia la mira para agarrarlo, sin que su padre se de cuenta rozo mis dedos con los suyos mientras hago como que se lo doy.

Su respiración se corta un momento porque el movimiento de su pecho al respirar se detiene un momento y el color en sus mejillas se intensifica con creces.

—Ha venido a llegarte a clases cariño— habla su padre sacándonos de nuestro ensimismamiento.

Yvonne parpadea varias veces regresando su brazo a ella frunciendo el ceño mirando a su padre.

—¿Llevarme?

Me encojo de hombros sacando las llaves de mi coche del bolsillo de mis pantalones mostrándoselas.

—Tengo mi coche justo aquí— hago un gesto hacia el vehículo— Y no me cuesta nada llevar a una persona más.

Su padre le coloca una mano en la espalda haciéndola salir de la casa sin darle opción a quejarse o negarse, cuando esta a mi lado frunce el ceño y se gira hacia su padre molesta, pero este se dedica a agarrar una chaqueta gruesa lanzándola hacia nosotros.

La agarro al vuelo antes de que le de a Yvonne y Arthur cierra la puerta dejándonos afuera.

Me giro para mirarla y ella ya sea a dado la vuelta bajando los escalones mirando al suelo, la sigo colocándole la chaqueta sobre los hombros al llegar a su altura para que no coja frio.

Yvonne da un respingo cuando me ve a su lado y sus mejillas se ponen rojas, reprimo una carcajada limitándome a sonreír de medio lado.

Maldigo entre dientes porque no me da tiempo a abrirle la puerta del copiloto porque ella ya se esta subiendo cerrando con cuidado, no me queda de otra que subirme en mi lado viendo como clava la vista en la calle.

—¿Todo bien Yvonne? —pregunto con una sonrisa socarrona saliendo del aparcamiento.

Ella me mira de reojo algo molesta, pero asiente en silencio.

Su mirada regresa a la ventanilla llevándose el vaso de cartón a los labios dándole un corto sorbo. Sus ojos se cierran unos segundos relajando los hombros antes de hundirse contra el asiento mientras mi pecho se llena de orgullo.

Mierda, esto es peligroso.

—¿Por qué no has respondido a mis mensajes?

Trato de que no suene a un reproche y por suerte lo consigo porque voltea los ojos agarrando el bollo de chocolate de la consola del medio dándole un bocado mirando a la carretera.

—Se me ha roto el móvil— murmura con la boca llena.

Frunzo el ceño mientras ella rebusca en sus bolsillos hasta que da con lo que esta buscando sacando su teléfono poniéndomelo en mi campo de visión para que pueda verlo.

Efectivamente el teléfono tiene una raja en la parte superior de la pantalla y unas líneas verdes pintan la pantalla haciéndolo parpadear como si estuviera a punto de apagarse para siempre.

—¿Cómo se ha roto? —pregunto cambiando de marcha entrando en la calle del instituto.

A mediados de la calle puedo ver la puerta de los aparcamientos de Westbrook, justo al lado del campo de futbol americano. A mi lado la pelirroja se encoge de hombros terminando de devorar el dulce guardando el aparato de nuevo en su bolsillo.




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