Las risas que provienen de la casa de los Fournier, en concreto de la ventana de la habitación de Yvonne son terriblemente escandalosas, hasta el punto de haberme despertado temprano un sábado por la mañana.
Pero no me molesta como esperaba que lo hiciera.
Desde la posición en mi cama puedo ver la sombra de tres cabezas moverse de un lado a otro por detrás de las cortinas.
Las carcajadas de la pelirroja llegan a mis oídos desde la distancia y cierro los ojos disfrutando del sonido.
Ayer por la tarde vi a la castaña y la rubia del hospital llegar a su casa en el coche de Luca, el chofer de su padre, y desde que pusieron un pie en la casa no he dejado de escuchar la risa de la pelirroja.
Por suerte ningún vecino a dado las quejas, porque no me gustaría pelearme hoy con nadie.
Mi sonrisa se ensancha cuando recuerdo como hace dos días la luz de su habitación permaneció encendida hasta la madrugada, lo vi cuando me desperté a mitad de la noche y vi que la luz estaba encendida y las cortinas abiertas.
Al asomarme a escondidas la pude ver sentada en su escritorio que esta justo a la ventana con el teléfono que le e regalado en las manos mientras trataba de formatearlo. No sé cuánto tiempo pasé exactamente mirándola, pero cuando me di cuenta ya era por la mañana y mi despertador estaba sonando.
Todavía puedo recordar su cara de sueño todo el día en clase mientras trataba de no quedarse dormida sobre sus cuadernos.
Tuve que mentirle cuando se lo di para que no lo rechazara y por suerte su padre me a cubierto las espaldas porque cada vez que me lo encuentro saliendo o llegando a casa se ríe negando con la cabeza.
Me a costado varios meses de ahorros, pero ha valido completamente la pena.
Resoplo volviendo al presente sentándome en el borde de la cama pasándome las manos por la cara tratando de buscar alguna excusa para poder presentarme en su casa, pero no se me ocurre nada lo suficientemente bueno.
Mi teléfono suena en la mesita de noche y me estiro para agarrarlo viendo un mensaje de un numero que no tengo guardado.
Desconocido: Tío necesito tu ayuda.
Mi ceño se frunce, pero no me da tiempo a responder el mensaje porque aparece otro de nuevo.
Desconocido: Las amigas de mi hermana quieren utilizarme como conejo de indias para probar un maquillaje.
Desconocido: Estoy medio invalido toda tío.
Desconocido: ¿Sabes lo que significa?
Desconocido: No me dejes pasar por esa humillación.
Desconocido: Si tienes algo de aprecio por mi hermana ven a salvarme Croft.
Desconocido: Sino apareces a tiempo tu coche paga las consecuencias.
Suelto una carcajada cayendo de espaldas en la cama sujetándome el estomago mientras no puedo controlar la risa que me hace retorcerme sobre mi mismo como si me estuvieran haciendo cosquillas.
Tardo alrededor de un minuto en controlar las risas lo suficiente para poder escribir algo coherente a Leo.
Yo: Tardo cinco minutos Fournier.
Yo: Aguanta chico.
Su mensaje llega al instante con un emoji sacándome el dedo, mientras me levanto de la cama lanzando el teléfono sobre la cama.
Busco alguna sudadera para ponerme sobre la camiseta del pijama porque tampoco pienso quitármelo para ir a su casa.
Tampoco es como si ellas no estuvieran en pijama.
Al bajar a la parte de abajo no encuentro a nadie por suerte y salgo llevándome el teléfono y las llaves de casa conmigo, dejando a Murphy mirándome con mala cara desde el sofá.
Le devuelvo la expresión mientras cierro a mis espaldas cruzando los metros que separan la puerta de su casa de la mía.
Cuando llego a la entrada levanto la mano para tocar la puerta, pero no hace falta porque esta se abre de golpe mostrándome a Leone en pijama, con el pelo alborotado y los ojos como platos.
—Has tardado— gruñe dejándome entrar.
A diferencia de la calle la casa de los Fournier esta terriblemente cálida mientras sigo a Leo por el pasillo hasta el salón, y lo entiendo todo cuando entro.
La chimenea que mis padres encienden por la noche ellos la tienen ahora encendida y el calor llega a toda la planta baja.
Leo se tira en el sofá agarrando una manta junto a un mando de videojuegos haciéndome un gesto para que me siente, pero mi atención se la lleva las risas que provienen de la cocina.
Camino hacia ellas mientras Leo gruñe desde el sofá mirándome malamente antes de voltear los ojos girándose hacia la televisión.
Dice algo por lo bajo que no comprendo y tampoco me molesto en comprender.
—No nos mientas Fournier— escucho la voz de Sara cuando me acerco a la puerta— Se nota desde lejos que te gusta.
Me quedo paralizado a medio paso de la puerta abriendo los ojos como platos, Leo se asoma por la puerta del salón, pero solo le dedica a mirarme con una ceja levantada antes de regresar al sofá quejándose entre dientes.
—No… Liam no me gusta— responde de voz tartamuda de Yvonne— Es solo mi amigo.
Mi pecho se encoge con una sensación que no me gusta nada, mis puños se aprietan y mi mandíbula se tensa conteniendo un gruido.
Dos risas suenan al unisonó acompañadas de un gruñido de la pelirroja, tenso los hombros apoyándome contra la pared en silencio para escuchar.
Se que esto no está bien, pero tengo que saber que es lo que realmente piensa de mí.
Su hermano me observa desde el sofá juzgándome con los brazos cruzados, pero lo ignoro.
—Yvonne— habla Manon y escucho unos pasos— Anoche vi tu cuaderno de dibujo.
—¡QUE!
El alarido que suelta la pelirroja me hace retrocedes un paso alertado antes de volver a la posición en la que estaba antes, pegando el oído a la puerta para enterarme mejor.
—¡Porque hiciste eso! —reclama Yvonne bastante molesta.
Editado: 27.07.2026