No puedo ver más allá de mis manos por culpa del vapor del cuarto de maño. Me he puesto el pijama después de bañarme y aun así sigue habiendo tanto vapor que esto parece una sauna.
Según mis cálculos Liam debe de haberse ido ya hace un rato a su casa, la ultima vez que lo he visto a sido a escondidas justo después de que Bruce recogiera a Sara y Manon hace como tres horas.
Por suerte no a escuchado lada de la conversación que he tenido esta mañana con Manon y Sara en la cocina.
Si se hubiera haber llegado a enterar que lo he estado dibujando inintencionadamente en mi cuaderno de dibujo durante meses pe podría haber muerto en ese momento.
Pero esta vez parece que el universo a jugado a mi favor y el no sabe nada.
Un largo suspiro de alivio sale de mis pulmones mientras sonrió de medio lado.
La última vez que lo he visto estaba sentado en el sofá con mi hermano jugando videojuegos, no pude evitar quedándome mirando porque hacia mucho tiempo que no veía reír así a Leo con alguien que no fuera Bruce o papa.
Desde que nos mudamos aquí con papa Liam y Leo parece que se han llevado bien, hasta el punto que mi hermano, el que lleva años odiando al mundo no deja de pasar tiempo con él.
El agua que gotea de mi pelo todavía húmedo moja la parte de atrás del albornoz blanco que llevo puesto mientras camino por el pasillo hacia mi habitación.
Leo debe de haberse dejado la ventana de su habitación abierta porque corre una ráfaga de aire congelado haciéndome temblar.
—Le he repetido mil veces que no deje la ventana abierta de noche— gruño entre dientes.
Camino hacia su habitación en la otra punta del pasillo donde la puerta esta entreabierta mientras tirito de pies a cabeza. Al entrar encuentro una figura encorvada sobre el escritorio de mi hermano, mucho mas alta y ancha que él.
Por un momento pienso que es un extraño que se ha colado en la casa sin que ninguno de los dos nos demos cuenta hasta que la figura se gira hacia mí.
Liam me mira con los ojos abiertos como platos enderezándose de golpe con cara de pánico, como si le hubiera pillado haciendo algo que no debía y suelto un grito pegando la toalla con mas fuerza contra mi cuerpo.
Mis pies se han quedado congelados en el suelo y un puedo moverme cuando quiero retroceder un paso y salir corriendo.
—¡Se puede saber que estas haciendo aquí! —exclamo exaltada.
Liam levanta los dos brazos sosteniendo con una mano un videojuego de la consola de mi hermano sobre su cabeza.
—Leo me ha pedido que subiera a buscar un juego— pone la caja de plástico frente a su cara mostrándomelo.
Miro el plástico que su mano grande y fuerte sostiene durante lo que parecen minutos en silencio, cuando regreso mi atención a él lo encuentro mirándome de pies a cabeza con los labios entreabiertos.
Para mi sorpresa sus orejas se han puesto muy rojas y su garganta se mueve cuando traga saliva.
—¡Liam! —grito esta vez horrorizada.
El da un salto del susto saliendo de su trance, poniéndose mas colorado todavía, me da la espalda de golpe girándose hacia la pared todavía con las manos por encima de la cabeza.
—Lo siento— se disculpa rápido.
Aunque no parece realmente arrepentido, sino mas bien parece que lo hace por compromiso.
—¿Puedes cerrar la ventana? —me atrevo a preguntar.
Liam asiente varias veces a toda velocidad, su cabeza se gira hacia la ventana abierta justo a su lado y se acerca a cerrarla con suabe clic.
Cuando la corriente de aire frio se detiene abruptamente suelto un suspiro de alivio apoyándome contra el marco de la puerta.
Al volver a mirar hacia Liam lo encuentro todavía dándome la espalda con las manos caídas a los lados mientras respira hondo con la frente apoyada contra la pared inclinándose hacia delante.
Me alejo en silencio por el pasillo caminando hacia mi habitación hasta que escucho unos pocos de pasos a mis espaldas. Al girarme me encuentro a Liam apoyado en el marco de la puerta de mi hermano con los brazos cruzados.
Es tan alto que su cabeza por poco choca contra la parte superior de la puerta y me está observando con una media sonrisa mientras sosteniendo el videojuego en una de sus manos.
A pesar del frio que he pasado el ultimo minuto mis mejillas se calientan como si tuviera fuego en la cara cruzando los brazos sobre mi pecho.
Aunque este envuelta en el albornoz y el no pueda ver nada una sensación extraña, parecida a la vergüenza, se extiende por todo mi cuerpo sin que pueda evitarlo.
—¿Liam? —levanto una ceja fingiendo que su mirada no me pone los pelos de punta.
Su sonrisa se agranda mientras se separa del marco desdoblando los brazos de su pecho dejándolos caer a sus costados mientras camina hacia mí.
Todo mi cuerpo de tensa cuando pasa por mi lado deteniéndose para mirarme desde su ridícula altura.
—Parece que estamos empatados Fournier— susurra.
Levanto la cabeza por instinto con el ceño fruncido encontrándome con sus ojos grises mas cerca de lo que me esperaba. Están a centímetros de mi cara mirándome directamente a los ojos sin moverse un centímetro de ellos.
—¿Qué?
Se perfectamente a lo que se esta refiriendo, pero aun así la pregunta sale de mis labios sola, en un suspiro.
Levanta una de sus manos, y por un momento aterrador me ilusiono con la idea de que va a tocarme la cara, pero finalmente la acaba posando sobre mi hombro.
Incluso a través de la tela rasposa de albornoz puedo sentir su calor, llegándome junto a su característico olor a cedro y del champú que tiene en su ducha, el mismo que use hace solo unas semanas.
Su mano se aprieta solo un poco sobre mi hombro mientras me dedica una pequeña sonrisa que me para el corazón negando suavemente con la cabeza.
—Deberías vestirte y secarte el pelo Yvonne— susurra con su aliento golpeando mi frente— Vas a resfriarte.
Asiento todavía en trance y cuando el se separa un solo paso de mi el aire frio del pasillo me golpea la cara sacándome de mi ensimismamiento.
Editado: 27.07.2026