El precio de la verdad

Capítulo 28— Liam Croft

El entrenamiento de hoy a sido… interesante, sobre todo por el par de ojos marrones que han estado todo el tiempo observándome desde las gradas.

Salgo de los vestuarios todavía con el pelo mojado goteándome sobre la frente y cuello, pero no le prestó atención, porque quiero llegar a su altura antes de que se marche.

El aire frio de diciembre me golpea la cara haciéndome estremecer, pero sigo caminando hacia los aparcamientos desde donde veo su figura alejándose entre los coches en dirección a la calle.

Corro sin importarme que la bolsa me golpee el costado durante los metros que recorro hasta que me paro frente a él cortándole el camino.

Leo levanta la cabeza con el ceño fruncido con molestia mientras mantiene las manos dentro de la americana del uniforme del instituto, lleva solo una semana y se a adaptado al ambiente de Westbrook.

Pero no sabía que se había adaptado tanto como para presentarme a verme entrenar.

Lleva la mochila con la que esta mañana se ha subido a mi coche colgada en su espalda y su pelo esta algo despeinado por culpa del viento, pero por el resto esta exactamente igual que la ultima vez que lo vi en la cola de la cafetería.

Últimamente parece estar de mal humor, según las peleas que me he llegado a enterar desde mi casa que tiene con Yvonne. Ella no me ha hablado del tema, pero llevo dos días viendo como mira a su hermano preocupada.

—Fournier— saludo ladeando la cabeza— ¿Qué haces todavía aquí?

Sus hombros se tensan y su expresión se oscurece un segundo antes de volver a ponerse la mascara de hielo que siempre lleva puerta.

—No te importa una mierda Croft. —corta.

Trata de esquivarme, intentando pasarme por el lado, pero lo detengo sujetándolo del brazo volviendo a colocarlo frente a mi de un solo movimiento.

Se suelta de mi agarre de un movimiento brusco tropezándose hacia atrás mirándome con el ceño fruncido, su pecho sube y baja cada vez más rápido y aunque sigue un poco tocado de la pelea se yergue casi adoptando mi altura.

—No vuelvas a tocarme— escupe.

Sonrió de medio lado sin creerme una sola palabra que sale de su boca, este chico puede ser impulsivo y tener la mecha corta, pero sabe que no le conviene meterse conmigo.

No porque yo vaya a hacerle algo, sino porque sabe que las consecuencias no serian buenas ni para él ni para mí.

—¿Qué ocurre Leo? —pregunto calmadamente.

Su pecho tiembla cuando coge una gran bocanada de aire y sus manos tiemblan a sus lados.

—¿Leo? —vuelvo a insistir dando un paso hacia el— ¿Esta todo bien?

El asiente, aunque lo hace de una forma insegura, sin mirarme a la cara, clavándola en el asfalto, el cielo o en cualquier parte menos en mí. Mi instinto me dice que hay algo que no me quiere contar y por como he visto que lo mira Yvonne, creo que a ella tampoco le ha contado.

Con cuidado coloco una mano sobre su hombro haciéndolo caminar conmigo de regreso a la cafetería, el obedece en silencio con la cabeza gacha y el pelo cayendo sobre su frente sin que el haga el amago por apartarlo.

Tardamos un par de minutos en llegar, porque tampoco quiero apresurarlo mas de la cuenta, y cuando llegamos lo suelto dejando que se dirija a una de las mesas arrastrando los pies.

La señora Jenkins mira a Leo en silencio desde su posición detrás del mostrados y me mira con una expresión comprensiva.

—¿Ese es el hermano de tu novia? —me pregunta en voz baja cuando me acerco.

Mi cuerpo se tensa bajo su suposición y me quedo paralizado unos segundos.

—No es mi novia— mascullo a regañadientes.

Pero ojalá lo fuera.

La mujer me sonríe de forma picara cruzándose de brazos apoyándose en la barra sin decir nada mas a mientras espera a que pida algo.

Me lo pienso un momento y decido pedir un refresco para Leo y un zumo natural para mi junto a una barrita de chocolate y otra de proteína.

Solo unos minutos después regreso a la mesa donde ha decidido sentarse, pero a diferencia de como hice con Yvonne la primera vez en esta ocasión me siento frente a el ocupando parte del banco de enfrente dejando a mi lado la bolsa de deportes.

El agarra su lata de refresco en silencio un momento mirándola fijamente volteándola entre sus manos distraídamente.

—Gracias— murmura antes de abrirla.

Desenrosco el tapón de mi botella de mi zumo dándole un sorbo sin apartar los ojos de él, las ojeras debajo de sus ojos son apenas notorias, pero están ahí. Por otro lado, sus ojos parecen mas opacos que la ultima vez que estuve en su casa.

—¿Por qué has venido a ver el entrenamiento? —pregunto apoyando un codo sobre la mesa.

Sus ojos se elevan solo un momento hacia mi antes de regresar a sus manos en silencio.

—No estaba mirando el entrenamiento.

Suelto una risa entre dientes inclinándome sobre la mesa hacia él.

—A mi me parece que si— respondo dándole un pequeño golpe en el hombro— ¿Vas a negarme que te esta gustando en futbol americano?

Su respiración se corta un segundo antes de retroceder apartándose de mi toque mirando por la ventana con la mandíbula apretada.

—Ya te he dicho que no estaba mirando el entrenamiento— espeta— Y no vuelvas a insinuar esa mierda en tu puta vida.

Aprieta tanto la mano que parte del refresco se sale de la lata y da un salto maldiciendo para no mancharse. Suspiro agarrando un puñado de papeles de la mesa de al lado arrojándolos sobre el liquido pegajoso observando como las fibras absorben el líquido rápidamente.

—¿Entonces que estabas haciendo en las gradas? —vuelvo a preguntar retirando la mano— ¿Viendo pasar el tiempo mientras un grupo de tíos…?

—Pensando— me corta de repente girando la cabeza hacia mi— Estaba pensando. ¿También es un delito eso?

Me quedo en silencio y toda la burla desaparece de mi expresión cuando la suya esta completamente seria, sin un rastro de mentira o burla. Los dos quedamos en silencio durante lo que parece una eternidad, Leo regresa su mirada a la lata en sus manos, pero yo no puedo apartar los ojos de él.




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