El precio de la verdad

Capítulo 36— Liam Croft

¿Le he hecho daño?

¿Por qué se ha frotado la muñeca?

No quería que hacerle daño, ni que le doliera, solo quería que ese tipo no se acercara a ella mas de lo que lo había hecho.

Pero eso da igual, porque ahora la tengo sentada frente a mí en uno de los bancos del vestuario con los brazos cruzados y el ceño fruncido. No me mira, sus ojos están clavados en el suelo y cada vez que me muevo se mueven en la dirección contraria, evitándome.

El nudo de mi pecho se aprieta mientras dejo el sobre blanco a su lado antes de sentarme frente a ella, sus puños se cierran en puños, blanqueando sus nudillos antes de separarme.

El metal del banquillo esta congelado bajo mis muslos, pero no puedo dejar de mirarla, la sudadera que lleva le queda un poco grande y tengo que apretar los puños para no alargar la mano y colocarle bien un mechón de pelo que se le a escapado de la coleta.

Desvío por instinto mis ojos hacia el sobre a su lado, desde que he visto al chico hablar con Luca he empezado a sospechar lo que hay dentro.

Yvonne desdobla los brazos a mala gana y agarra el sobre rompiendo el papel sin miramientos para abrirlo.

Mi pulso late contra mis sienes mientras la veo sacar imagen tras imagen del sobre dejándolas sobre su regazo. Desde donde estoy puedo ver todas y cada una.

Como estaba sospechando las fotos son de su madre y el padre de Tadeo paseando por un centro comercial agarrados de las manos, o en algún restaurante besándose, incluso hay algunas fotos donde los dos están en la casa donde los descubrí.

Yvonne comienza a poner pálida y mi culpa se amplifica, alargo una de mis manos por pleno impulso y le arrebato la imagen que ha acabado sosteniendo mientras su mano tiembla.

—Yvonne.

Mis palabras se detienen cuando sus ojos se clavan por primera vez desde que hemos entrado en los míos, están húmedos y algo rojos. Me obligo a mantener la vista fija en ella, aunque mi instinto me diga de apartar la mirada lo antes posible.

Sus cejas se elevan mientras sus pupilas recorren mi expresión y sus parpados se abren en shock.

—Lo sabias— susurra.

Aprieta entre mis manos la foto que le he arrebatado y agacho la cabeza apartando la mirada de la suya.

De sus labios escapa algo parecido a un jadeo y un sollozo y la bilis me sube por la garganta.

No puedo verla llorar.

Es de las pocas cosas que no soporto.

Tardo casi un minuto casi en reunir todo el valor que tengo y levantar la cabeza, cuando lo consigo su atención esta clavada en las imágenes con los labios entreabiertos y las manos temblorosas.

Una sola lagrima resbala por su mejillas hasta llegar a su barbilla y caer justamente sobre una de las fotos en su regazo, me cuesta coger aire y mis propios ojos escuecen.

Sus ojos se encuentran con los míos en el momento que su cabeza vuelve a enderezarse, y en ellos ya no veo ni un solo gramo de la Yvonne que conozco.

Me mira, pero parece no reconocerme, como si me tratara de un completo extraño, lo que puede que sea en estos momentos.

—Yvonne.

Me inclino hacia ella quedando mas cerca, pero me ignora levantándose en silencio agarrando el puñado de fotos guardándolas sin mirar en el bolsillo de su sudadera.

Me levanto detrás de ella con los ojos como platos y el corazón acelerado, mi cabeza va a mil por hora previniendo todas las cosas que pueden pasar.

—Yvonne, por favor déjame explicar.

Trato de agarrarla con cuidado de la muñeca, pero esquiva mi mano escondiéndola en su bolsillo sin mirarme. El pánico me trepa por la garganta cuando la veo acercarse a la puerta quedándome paralizado en medio del vestuario.

Empuja las puertas de los vestuarios en silencio y antes de razonar con mi conciencia me tiro sobre ella agarrándola por el codo con desesperación volteándola para que me mire.

—No te vayas— me sorprendo a mí mismo escuchándome rogar— No te vayas así Yvonne.

Se suelta de mi agarre de un tirón brusco dando varios hacia atrás antes de levantar la cabeza.

Las palabras se me atascan en la garganta porque todo mi cuerpo esta paralizado observando sus ojos, esos ojos en los que he podido ver su alegría, nerviosismo y tristeza ahora me miran con indiferencia.

Todas las emociones con las que alguna vez me a mirado en estos meses ha desaparecido y ya no queda nada. Puedo soportar su rabia, incluso su tristeza, pero su indiferencia me mata y destroza.

Sus ojos bajan un momento hacia la imagen en mis manos antes de regresar a mi cara exactamente igual de vacíos.

—Liam— pronuncia mi nombre muy lentamente— No vuelvas a acercarte a mi jamás.

Mi alma acaba en el subsuelo, soy un paso hacia ella, pero levanta una mano deteniéndome a medio camino.

—Jamás— enfatiza.

Mi garganta se a quedado paralizada y Yvonne se queda unos segundos mas esperando a que haga algo, cuando se da cuenta que eso no va a ocurrir se da media vuelta y desaparece.

Lo ultimo que veo es su pelo pelirrojo, inolvidable, desaparecer detrás de las dos puertas de hierro antes de que caiga desplomado sobre el banco congelado.

No me quiere cerca.

Una parte de mi quiere correr detrás de ella, pero la racional la detiene sabiendo que debo de respetar su decisión.

La he perdido.

He perdido a la única chica que he llegado a querer en mi vida.




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