Capítulo 2
POV: EVOLET
El frío del muro de mármol atravesaba la tela de mi vestido, pero no era nada comparado con la helada que recorría mis venas.
*Una delincuente.*
Las palabras de Ryad flotaron entre los dos, pesadas como lápidas. Su mano todavía presionaba la pared justo al lado de mi cabeza; el calor de su cuerpo me sofocaba y su mirada gris me atravesaba, buscando la falla en mi armadura.
—Estás demente, Vinterberg —murmuré, forzando a mi voz a mantener un tono bajo y afilado, aunque el corazón me golpeara las costillas—. Han pasado dieciocho años. No tienes ningún derecho a venir a mi casa a amenazarme.
—¿Tu casa? —Ryad acortó la distancia, inclinándose hasta que su aliento me rozó la mejilla. Sonrió con una frialdad que me encogió el alma—. Hermosa farsa, Evolet. La esposa perfecta de la alta sociedad. La madre ejemplar. Dime... ¿Mikele sabe quién eres en realidad? ¿O le vendiste la misma mentira piadosa que al resto del mundo?
Apreté los dientes. El dolor de su acusación me escocía en la garganta.
—Mi vida con Mikele no te incumbe. Si intentas arruinar esto...
—¿Qué harás? —me interrumpió con una calma aterradora—. ¿Llamar a la policía? ¿Explicarles de dónde saliste?
El sonido de unos pasos apresurados sobre la grava del jardín principal rompió la burbuja de aire tóxico entre los dos. Ryad no se inmutó, pero alejó la mano de la pared despacio, colocándosela en el bolsillo del pantalón con una elegancia impecable justo cuando la silueta de Mikele apareció al final del pasillo de la villa.
—¡Asunto resuelto! —anunció Mikele con una sonrisa cansada, ajustándose la chaqueta mientras entraba—. Una pequeña descoordinación en los muelles de carga, nada grave.
Ryad se giró hacia él con una soltura escalofriante. Su rostro de piedra se suavizó en la máscara del socio perfecto en cuestión de un segundo.
—Me alegro, Mikele. Los imprevistos en la cadena de suministro siempre son un dolor de cabeza —respondió Ryad, con la voz serena.
—En fin... —Mikele me miró y me pasó un brazo por la cintura, atrayéndome hacia su costado. Sentí el impulso de temblar, pero me obligué a mantenerme firme—. Evolet, amor, estás pálida. Debió de ser un día agotador con todos los preparativos.
—Un poco... —logré decir, ofreciéndole una sonrisa ensayada—. Solo me aseguraba de que el señor Vinterberg tuviera todo lo necesario.
—Todo está impecable, señora Moretti —dijo Ryad, clavándome la mirada un segundo extra antes de dirigirse a Mikele—. Mañana a primera hora revisaremos los borradores del acuerdo en tu oficina.
—Hecho. Descansen —respondió Mikele.
Caminé junto a mi esposo de vuelta a la casa principal. Con cada paso que me alejaba de la villa de huéspedes, sentía que recuperaba un trozo de aire, pero la sombra de Ryad me seguía. El pasado no estaba muerto. Acababa de mudarse a mi jardín.
---
### POV: HAZEL
A la mañana siguiente, el sol apenas empezaba a filtrarse por los ventanales de la villa de huéspedes, pero yo ya llevaba más de una hora despierta. Ajusté el cuello de mi blusa frente al espejo, asegurándome de que ni un solo hilo estuviera fuera de lugar, y salí al salón.
Mamá estaba sentada en el sofá de la terraza, tomando té con esa paz que parecía emanar de ella naturally. Tenía a Leah acurrucada en sus brazos, todavía en pijama, restregándose los ojos con pereza.
—Mamá... ¿cuánto tiempo nos vamos a quedar aquí? —pregunté sin rodeos, acercándome a la mesa. Crucé los brazos sobre el pecho—. No me gusta este lugar. La casa es ridículamente grande, todo parece un museo helado y la gente de aquí es rarísima.
Florence sonrió con dulzura, levantando la vista de su taza.
—Solo serán unos pocos días, mi amor. Tu padre necesita cerrar este acuerdo en persona. Además, la casa es hermosa y la señora Moretti fue sumamente amable.
—La señora Moretti sí —admití, apretando los labios—. Pero su hijo... Diem es insoportable. Es grosero, descarado y se cree el centro del universo.
Leah, acomodando su cabecita contra el pecho de mamá, soltó una risita infantil y levantó la mano.
—A mí me cayó súper bien —intervino Leah con voz mimosa—. Es divertido. Me prometió que hoy me enseñaría los peces del estanque grande y me dijo que mi hermana parecía un sargento.
—¡Leah! —la reprendí de inmediato, sintiendo un calor rápido en las mejillas—. No deberías hablar con él, y mucho menos hacerle caso.
Florence soltó una risa baja, acomodándole el cabello a Leah antes de mirarme con esos ojos claros llenos de comprensión.
—Hazel, cariño, dale una oportunidad —me dijo mamá con voz suave, acariciándome el brazo—. Es un chico de diecisiete años. A veces los jóvenes de esa edad usan la insolencia como una coraza. Serán solo unos días, intenta disfrutarlo. Podría ser hasta divertido si dejas de analizarlo todo por un segundo.
—No hay nada divertido en alguien tan desorganizado, mamá —murmuré, aunque el tono firme de mi voz se suavizó un poco ante la calidez de Florence.
—Tu padre estará ocupado todo el día en reuniones con Mikele —continuó mamá—. Relájate. Sal a caminar por el jardín. Te prometo que el tiempo pasará volando.
Suspiré, incapaz de llevarle la contraria a mi madre cuando me miraba con tanta ternura. Pero por dentro, la idea de cruzarme de nuevo con el hijo de los Moretti me ponía los nervios de punta.
---
### POV: DIEM
Eran las diez de la mañana y el sol ya calentaba el césped del jardín trasero. Llevaba una raqueta de tenis en la mano y golpeaba una pelota contra el muro de piedra de la cancha privada, haciendo un ruido seco que retumbaba en todo el recinto.
Tenía el teléfono en el bolsillo de mi pantalón corto de deporte, conectado a los AirPods.
—*A ver, Moretti, no nos cambies de tema* —retumbó la voz de Lucas por los auriculares mientras yo le pegaba un revés a la pelota—. *¿Cómo es la noruega esa? ¿Es como esas vikingas gigantes de las películas?*
#4461 en Novela romántica
#1336 en Chick lit
#1264 en Novela contemporánea
#reencuentro, #darkromance #suspensoromántico, #matrimonioporconveniencia
Editado: 29.07.2026