El Puente Susurrante y el Nexo Prohibido

Prólogo: El Cántico de los Orígenes

Recopilado por Kaelen, último Escriba de la Bruma, en los albores de la Guerra de los Ecos.

Escucha, hijo del polvo, y aprende la arquitectura del mundo. No fue el azar quien levantó las montañas o encauzó los ríos. Fue el Pacto.

En el Principio, solo existía la Canción Primordial, un acorde único y perfecto. Pero de su deseo de ser escuchada, nacieron las Primeras Voces: Ignis, la Fuerza del Fuego expansivo; Aeris, el Vuelo del Aire libre; Aqua, la Profundidad del Agua adaptable; y Terra, la Paciencia de la Tierra.

Cada una, en su pureza, era poderosa. Juntas, sin orden, eran caos. El fuego evaporaba el agua, el aire avivaba el fuego, la tierra enturbiaba el agua, el agua corroía la tierra. Una cacofonía que amenazaba con rasgar el tejido de la existencia.

Fue entonces que las Primeras Voces, con sabiduría doliente, entonaron el Pacto de los Límites. Seccionaron la Canción en cuatro movimientos distintos, creando los Planos Elementales, reinos de esencia pura e inalterada. Y decretaron la ley que sostendría la armonía por siempre jamás:

“La pureza garantiza el orden. La mezcla engendra el caos. Por tanto, nunca se entrelazarán las esencias. Un fuego será solo fuego. Un agua, solo agua. Y así, el mundo perdurará.”

De las Primeras Voces descendieron los Dioses Menores, custodios de los aspectos más específicos. Y entre ellos, dos eran celebrados por su perfecta adhesión al Pacto:

Aethelis, el susurro de las brasas eternas. De la línea de Ignis. Él no era la furia del volcán, sino la constancia del hogar, la chispa del ingenio, el calor que da vida sin consumir. Los alfareros, los panaderos, los poetas del anochecer, todos sentían su aliento tibio en su labor. Su dominio era el fuego sutil, la llama interna.

Kryon, la quietud de las profundidades acuosas. De la línea de Aqua. Él no era la furia del océano embravecido, sino la calma del abismo marino, la claridad del lago imperturbable, la memoria fría de los glaciares primordiales y la lógica imparable del río que talla cañones. Su dominio era el agua en su estado de máxima pureza y paz: el agua quieta, el hielo eterno, la niebla que aísla y preserva. Los archiveros, los cirujanos, los navegantes de aguas profundas, buscaban su claridad serena.

Eran paragon de sus elementos. Ejemplos vivos de que el Pacto funcionaba. Se decía que, en los concilios cósmicos, un dios de fuego y un dios de agua ni siquiera podían permanecer en la misma sala sin que el aire entre ellos se volviera tenso y se formara un vaho incómodo. Sus miradas nunca se cruzaban, pues cada uno contemplaba la perfección de su propio dominio, sin necesidad ni deseo de contaminarla con la esencia opuesta.

Así fue durante eones. El mundo mortal floreció bajo este orden divino. Las estaciones giraban, los elementos interactuaban en la superficie de las cosas—la lluvia apagando el fuego, la tierra conteniendo el agua—pero en su raíz divina, permanecían inmaculados, separados.

Pero el Pacto, hijo mío, tenía una grieta. Una que nadie previó. Porque al prohibir el entrelazamiento, las Primeras Voces no entendieron que lo que más se reprime, más denso y potente se vuelve. Y que hay fuerzas que no se gobiernan con leyes, sino que nacen del corazón mismo de la existencia, de la añoranza de la Canción única que alguna vez fueron.

Dicen las runas más antiguas, aquellas que solo los locos o los condenados leen, que la guerra más cruenta no nace del odio espontáneo.

Nace de un amor roto.

Y la nuestra, la que ahora ensombrece tu cielo y congela tus cosechas, la que enciende tus noches y ahoga tus tierras, no es la excepción. La llaman la Guerra de los Ecos: el Fuego contra el Agua en su expresión más pura y antagónica.

Pero antes de que veas a Aethelis, el Incendiario de la Memoria, y a Kryon, el Ahogador de la Llama Vital, enfrentarse en los campos de batalla de los mortales…

Antes de que maldigas sus nombres y te alinees bajo sus estandartes de llamas o aguas heladas…

Recuerda esta verdad, oculta bajo capas de odio y olvido:

Toda gran guerra comienza mucho antes del primer golpe. A veces, comienza con un susurro compartido en la oscuridad, donde el vapor se encuentra con la chispa, y crean por un instante… una bruma perfecta.



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En el texto hay: fantasia, dioses, ficcion

Editado: 29.01.2026

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