El Que No Pude Tener

Capítulo Seis

                      

RECUERDO COMO A mi quinto día, Priya Patel, quien aparentemente tenía la costumbre de dar paseos por el largo corredor, de un extremo a otro. Sí, la recuerdo caminando, dando pasos cortos, cabizbaja, como si su mente estuviera llena de pensamientos perturbadores, se acercó hasta la puerta, parada por largos segundos con sus pequeños ojos negros bien abiertos, con la barbilla levantada y bloqueando mi salida de la sala de estudios.

Incluso en su pequeña estatura, ella me parecía bastante intimidante, y lo peor de todo era que no podía entender lo que decía o lo que intentaba comunicarme, sin embargo, fuera lo que fuera, la estaba poniendo ansiosa. Incluso dio un paso hacia adelante, bajó la voz y dijo —bhaag jaata hai.         

Traté de entender, pero las palabras no me eran aún familiar. Tenía que admitir que la barrera del idioma hacía casi imposible cada pequeño esfuerzo. Desde la esquina sobre su hombro derecho vi a su hija Rania, con una expresión de sorpresa reflejada en su rostro, al ver a su madre allí, frente a mí y diciéndome algo que desafortunadamente no pude entender.                                                                                       

—Mamá, ¿qué estás haciendo?  —se dirigió a su madre en su lengua natal. —Lo siento señorita Sherwood. Discúlpela. A veces confunde lugares y personas. —Se volvió una vez más hacia se madre. Priya le respondió un poco azorada, se giró sobre sus talones y se encaminó hacia su habitación. Rania, respiró hondo, con expresión compungida, reponiéndose con una rapidez admirable, para dirigirse hacia mí.

—Espero que no la haya asustado, señorita Sherbrook —dijo en modo de disculpa. —Su mente suele estar en otra época, por no decir la mayoría del tiempo. ¿Qué es lo que le ha dicho? —me preguntó.        

—Oh, bueno, yo… la verdad es que no la entendí. —Y era cierto. Solo después, cuando estaba con las gemelas en la clase de inglés, y para que sonara natural, les pregunté como se decía en hindi la palabra, salir a lo que Indira respondió baahar nikalana. ¿Y correr? A lo que Nirvani respondió daudana… Y ahora, ¿cómo se dice bhaag jaata hai, en inglés? Las gemelas me miraron al unísono y sorprendidas por la forma correcta en que había pronunciado esas tres palabras, solo esperaba que las hubiera recordado correctamente. Indira, rió y miró a su hermana y después hacia mí.                                          

—!Huye! Significa huir.                                                                                                     

No era la respuesta que esperaba, pensé más en una palabra despectiva que en una advertencia. Intenté que aquello no me afectara. No debería dejar que la mente inestable de una anciana me intimidara más de lo que por sí, su presencia ya hacía.

                                                                             ***

—Maa, ¿qué pretendías asustando a la nueva tutora? —le preguntó Rania, entre dientes, airosa y confundida. No estaba actuando a lo acordado. Si seguía poniéndose en evidencia el plan se iría al traste. —Mamá por favor debes de controlar tus salidas y sobre todo tu comportamiento.

—Main ise ab aur nahin le sakata…—respondió su madre, secamente.

—¿Por qué dices que no puedes soportarlo más, mamá? Se que no era algo con lo que contábamos, pero no creo que la nueva tutora sea ningún problema…

—¿Y si lo fuera? —respondió su madre, en un perfecto inglés, igual que el de su hija.

—Eso déjamelo a mí, maa. No te preocupes.

—¿Has visto como la miraba Sashi? Como si fuera la primera vez que viera a una mujer…

—¿Bella y diferente? —interrumpió Rania. —Me es indiferente…he incluso es bastante conveniente. Sashi es la última persona de interés bajo este techo.

—¿Actuarias igual si Dev…

—¡Mamá, eso ni lo menciones y mucho menos lo pienses! No lo permitiré. No lo aceptaré. Devdas nos pertenece. Me pertenece.

Su madre asintió, convencida, contenta de que su hija estaba determinada a seguir con lo planeado.

Rania mantuvo la mirada en su madre por cortos segundos. Sentía su ira. Sentía sus resentimientos y sobre todo sentía el dolor de un amor traicionado. Robado.

A Rania, no le perturbaba esos sentimientos. Sentía por su madre, la tragedia de la pérdida de su marido. La añoranza de un padre. Aquello había sucedido décadas atrás. Ella era solo una niña pequeña cuando su padre murió. Nunca dejaré que me ocurra a mí, pensó, convencida de que su destino no era acabar como su madre.

Y aunque aún no le había declarado sus sentimientos a él, aun así, mantenía la esperanza de ser la elegida. Había mucho en su favor; eran parientes demasiados allegados, mantenía secretamente una enorme dote que no podría rechazar… y si no era suficiente, eso podría solucionarse. Descendía de una de las mejores familias de la comarca; respetuosa y popular… Su difunto padre fue, Bradma Yogananda heredero por derecho sobre De Dharma Veda.

Lugar, donde ahora vivían de acogida ella y su madre...bajo la tutela piadosa de su tío Kamal Yogannda, ahora señor de todo.

Rania tenía la intención de hacerse con el lugar que Arudhita, su tía política, ocupaba sin merecer tal privilegiada posición en la casa. Si la unión entre ella y Devdas llegaba a establecerse, los cambios en De Dharma Veda serian inminente.

Toda seria cuestión de tiempo y paciencia, se dijo. Solo esperaba que Devdas no fuera exigente en cuanto al físico femenino… después de todo ella le brindaba sumisión, lealtad, dedicación y devoción como esposa. Sabía que a él le agradaba su compañía… prueba de ello era, las horas que pasaban algunas mañanas en su biblioteca, compartiendo pensamientos, libros leídos he incluso algún que otro corto paseo por los jardines exteriores en la parte menos transitada de la casa, zona muy poco agraciada y carente de la belleza de lo que el resto de los jardines De Dharma Veda eran famosos.




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