El Que No Pude Tener

Capitulo Dieciséis: Miradas confusas y visitas no deseas

 

HAY CIERTOS MOMENTOS EN LA VIDA EN los que la verdad dura y caliente te ilumina como el enfoque de un faro en la orilla de ti misma y te encuentras desnuda bajo su luz.

No puedes esconderte de ella. No puedes cerrar los ojos y desear que desaparezca. Es la verdad; la verdad fácil o la verdad insoportable. Y ahí estás, a la vista de todos, atrapada en su mirada despiadada.

Uno de esos momentos para mí llegó aquella noche con Devdas.  Mi vida se sentía vacía, carente de emociones y con cero expectativas. Sabia también que no podía ser una tutora de por vida. En algún momento de mi vida, esperaba crear una familia y con mis propios hijos, a los que cuidaría y ensenaría como hacia con los hijos de otros...

Y Devdas ya no era un extraño para mí. Él tiene un nombre. Era guapísimo. Yo era o mejor debería decir; estábamos atrapados en el resplandor de, no una sino tres verdades imposibles:

Él era real y me deseaba.

Yo le deseaba con la misma intensidad y juro por Dios, que podría ir más allá sólo si él hubiera decidido retenerme allí un poco más. Ansiaba pertenecer a alguien en algún lugar.

Y él besaba de maravilla.

Me toco los labios sintiendo aún su sabor a beso, el sabor a canela y vainilla como lluvia de él. La última pizca de calor de su cuerpo, sin el cual ya me estaba enfriando.

Cierro y abro los ojos, recordando esos momentos... Las llamas de las velas balaceándose, impertérritas ante todo lo que no era la brisa. Y Devdas…su miraba con expresión paciente y apasionada, mezclada con una pizca de preocupación.

Y cuando caminó conmigo hacia la casa, tan cerca el uno del otro…nuestros dedos se tocaron en algunas ocasiones, y elegantemente, me ofreció la palma de la mano... provocándome una sensación que nunca antes había experimentado, como de electricidad recorriendo mi cuerpo, y supe que él sentía la misma energía.

¿Cómo olvidar el beso en aquel rincón del patio interior? Especialmente cuando levantó mis brazos y los puso alrededor de su cuello. Se sentía intenso, caliente y hambriento... contra mi piel. Ya nunca volvería a ver ese lugar como antes. Cada vez que pasase por esa zona le imaginaré allí, mirándome con esos ojos verdes…

No estoy orgullosa de mi comportamiento. Si tía Gertrudis me hubiera visto anoche…. En mi defensa, diré que había sido un día largo y extraño, seguido de una noche en vela, y estaba más que un poco nerviosa por... bueno, por todo. Los acontecimientos, los invitados, Sashi Yogananda, el teniente Bradford, y luego Devdas, y la noche y el beso y en la forma en que nos controlamos.

Lo único que recuerdo es que pensaba en él. Con un sentimiento hacia él creciendo en mí, tendría que enfrentarme al hecho de que mi vida estaba a punto de desarrollarse de una forma muy, muy diferente a la que jamás había imaginado.

Salí tambaleándome de la cama y me acerqué a la cómoda, abriendo el cajón, y decidida a escribir a Eleonor, Era una necesidad dentro de mí, necesitaba decirle cómo me sentía. Preguntarle qué debía hacer... pero al mismo tiempo temía su reacción... y sabiendo lo prudente que era podría recibir palabras de reprimenda en su lugar.

Pero me sentía viva, y sintiendo por alguien que prácticamente acababa de conocer. Me pasé las manos por el costado, palpándome las costillas, las caderas, las piernas. Excepto mi mente llena de él, todo en mí, seguía intacta.

Y sólo había una persona que podía explicármelo todo. Tenía que hablar con él. Tenía que encontrarlo de alguna manera...

                                                                               ***

Después de darme una larga ducha fría, salí de mi habitación para tomar mi desayuno. Abajo, un portazo, seguido de unas risas sobresaltadas. Las gemelas, Rania y Sashi Yogananda giraron la cabeza, cuando caminaba bajo el umbral de la puerta.

Arudhita dijo, —Escuché que no llegó a visitar la capilla.

—Debo decir que con todo el ir y venir del evento, lo olvidé por completo. Pero definitivamente la visitaré hoy—respondí sentándome frente a Rania y Sashi, quien parecía absorto en la lectura de unos documentos frente a su taza de té.

—Parmita la acompañará y así conocerá el camino para sus próximas visitas. —contestó Arudhita sacudiendo su servilleta, de espaldas a la increíble ventana que daba a los jardines desde la sala. Coronando la mesa, tenía todo el poder y lo sabía.

Sunitta se acercó y frente a ella colocó un desayuno a base de una salsa chola picante con varios panes bhatura crujiente pero esponjoso. Acompañado de lassi espeso salado.

—Bonito vestido, señorita Sherwood —comentó Navani. Miré a mi derecha, donde estaba sentada Indira. —Me encanta ese color rosa pastel cremoso. Hace que sus mejillas se vena más arreboladas.

Aquel comentario me hizo sonrojar más.? ¿Pudieron notar algo diferente en mí?

Unos minutos más tarde, Sunitta volvió con una deliciosa tetera con té recién hecho y mi desayuno. A base de che polle; unas hermosas tortitas gruesa y esponjosas de arroz y endulzada con jengibre y mantequilla y acompañada con yogur de frutas.

Desde su lugar en la mesa, Rania me miró a los ojos, asegurándose de que me diera cuenta. Luego sonrió, satisfecha. Como el gato que tiene la crema.

                                                                            ***

Independientemente de lo que Rania Patel quisiera insinuar, tuve la sensación de que pensaba que su primo... Sashi... y yo...

Solo pensarlo se me erizaba los pelos de mi nuca. Era simplemente ridículo. Sashi era atractivo y quizás increíblemente atento…con las damas. Y obviamente fuera de mi liga. No tenía la mínima intención, ahora o en un futuro cercano o lejano de relacionarme con él, nada que no fuera una cordial conversación. Después de todo vivíamos bajo el mismo techo y sería bastante desagradable y nada respetuoso para Arudhita y Kamal Yogananda ser grosera con sus hijos, Pero sí, podía esquivarlo a mi antojo.




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