Días después del incidente en la joyería, Axel entró en la biblioteca donde Emma le leía un cuento a Abbie. Tenía un sobre dorado en la mano.
—Emma, la Fundación Vane organiza una gala anual —dijo él, tratando de sonar casual, aunque su mirada era intensa—. Este año, el patronato ha decidido que los fondos recaudados irán destinados al Hogar de San Judas, el orfanato que está a las afueras.
Emma sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. —Es... es el lugar donde crecí, Señor Vane. Están a punto de cerrarlo por falta de presupuesto.
—Lo sé —respondió él, acercándose—. Y como tú conoces mejor que nadie las necesidades de ese lugar, quiero que asistas. No como empleada, sino como mi asesora y representante del hogar. Abbie también vendrá. Quiero que vea el mundo real, y quiero que tú estés a mi lado para asegurar que cada centavo llegue a donde debe.
Emma aceptó, sin saber que acababa de entrar en la boca del lobo.
Mientras tanto, en el lujoso penthouse de Victoria Miler, el ambiente era tóxico. Ella no podía olvidar cómo Julian la había desplazado por una "simple niñera".
—Investiga a Emma Williams —le ordenó Victoria a su detective privado—. Quiero saber de qué alcantarilla salió. Nadie es tan dulce sin tener un cadáver en el armario.
Dos días después, el detective regresó con una sonrisa torcida y un número de teléfono. —Se crió en un orfanato, pero lo interesante es su última relación. Terminó hace apenas un mes. El tipo se llama Fabio, es un apostador y está lleno de deudas. Ella lo dejó después de que ella lo viera siendo infiel con su vecina y amiga.
Victoria tomó su teléfono y marcó el número de Fabio. —¿Hola? ¿Fabio? Tengo una propuesta para ti. Se trata de tu ex, Emma. Digamos que tengo el dinero suficiente para pagar tus deudas si me ayudas a demostrar que ella no es la santita que Axel Vane cree que es.
La noche de la gala, la mansión Vane bullía de actividad. Axel había enviado a los mejores estilistas para Emma. Cuando ella bajó las escaleras, Axel se quedó sin habla. Llevaba un vestido de seda azul profundo que resaltaba la claridad de su piel y la nobleza de su porte.
—Estás... —Axel se aclaró la garganta, perdiendo su compostura por primera vez— estás impresionante, Emma.
—Gracias, Señor Vane. Hagamos esto por los niños —respondió ella, nerviosa.
Al llegar al evento, la alta sociedad cuchicheaba. Victoria Miler apareció con un vestido rojo sangre, escoltada por sus aliados. Al ver a Emma del brazo de Axel, la envidia la consumió. Esperó al momento del brindis, cuando Axel subió al escenario para presentar a Emma.
Justo cuando Emma iba a hablar sobre el orfanato, las pantallas gigantes del salón, que debían mostrar fotos de los niños, cambiaron. Apareció una foto de Emma en una situación comprometedora (una edición falsa o una foto sacada de contexto por Fabio) junto con documentos de una supuesta denuncia por robo que Marcos había interpuesto contra ella para cubrir sus propias huellas.
El salón estalló en murmullos. Emma palideció, sintiendo que el suelo desaparecía.