El Refugio de Tu Mirada

Los Fantasmas de la Estirpe

A la mañana siguiente, la tormenta se había ido, dejando tras de sí un olor a tierra mojada y pinos. Axel se había ido temprano a revisar los lindes de la propiedad con el casero, y Abbie seguía durmiendo. Emma aprovechó para bajar a la biblioteca; necesitaba entender por qué Axel estaba tan obsesionado con esta finca en particular.

Mientras limpiaba un estante lleno de polvo, un libro de contabilidad antiguo cayó al suelo. De su interior se deslizó un sobre amarillento, lacrado con un sello que Emma reconoció de inmediato: era el escudo de armas de la familia Vane, pero mucho más antiguo.

Con manos temblorosas, abrió la carta.

"Querido Axel, sé que cuando leas esto serás un hombre. Esta finca fue el hogar de nuestra familia antes de que la ambición de los Miller nos la arrebatara. Prométeme que la recuperarás. No por el dinero, sino por la tierra donde tus ancestros soñaron por primera vez. Es tu herencia, tu sangre. No dejes que el apellido se pierda en el asfalto de la ciudad."

La carta estaba firmada por Margaret, la abuela de Axel. Emma sintió un escalofrío. No era solo un proyecto de negocios; era una redención familiar. Los Miller, la familia de Victoria, habían humillado a los Vane generaciones atrás. Ahora entendía el odio visceral de Victoria y la determinación de acero de Miller

—No debería estar leyendo eso, señorita Williams.

La voz de Axel la hizo saltar. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con las botas manchadas de barro y la mirada sombría.

—Lo siento... se cayó del libro —balbuceó Emma, tratando de devolver la carta.

Axel se acercó y tomó el papel. Sus dedos rozaron los de ella, y esta vez, ninguno de los dos se apartó de inmediato.

—Mi abuela murió creyendo que yo era el único capaz de devolverle el honor a nuestro nombre —dijo él, mirando la carta con amargura—. Victoria lo sabe. Ella no quiere casarse conmigo por amor, quiere casarse para que esta tierra nunca vuelva a ser de un Vane solo, ella quiere que su apellido Miller también esté asociado a esta tierra. Usted es un estorbo en su plan de conquista, Emma. Por eso la ataca.

—¿Y por qué me cuenta esto ahora? —preguntó ella, buscando sus ojos.

—Porque usted es la única que no me ha mirado con ambición desde que llegamos aquí —respondió él, dando un paso más hacia ella—. Y porque después de anoche... me he dado cuenta de que el honor no vale nada si no tienes con quién compartir la victoria.




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