El Refugio de Tu Mirada

La Tregua de Abbie

Mientras tanto, en el piso de arriba, Abbie había despertado. Por primera vez en meses, no sentía el impulso de romper algo o gritar. La presencia de Emma en la cama durante la tormenta había dejado un rastro de calma en ella.

Bajó las escaleras y encontró a Emma en la cocina, preparando un té simple. Abbie se sentó en la mesa de madera vieja, balanceando las piernas.

—Emma... —dijo la niña tímidamente—. ¿Tú también tienes miedo de los truenos? Anoche te quedaste muy quieta.

Emma le sonrió, agradecida por el cambio de tema. —Un poco, Abbie. Pero cuando estás con alguien, el miedo se divide a la mitad, ¿no crees?

Abbie asintió y, en un gesto que dejó a Emma de piedra, le acercó su oso de peluche. —Puedes sostenerlo un rato si quieres. Él sabe guardar secretos.

Emma sintió que se le humedecían los ojos. No intentó abrazarla; sabía que con Abbie, cada centímetro ganado era una victoria que no debía apresurarse. —Gracias, Abbie. Es el mejor honor que me han hecho en mucho tiempo.

Axel, que observaba desde el pasillo, sintió un vuelco en el pecho. Ver a su hija interactuar así con Emma era lo que siempre había soñado, pero le aterraba. Porque si Abbie se encariñaba con ella y Emma se marchaba —como hacían todos—, el daño sería irreparable. Su instinto de protección se activó: tenía que mantener las distancias.

A las afueras de la finca, oculto entre la maleza de los lindes de la propiedad, un hombre con una cámara de lente largo ajustaba el enfoque. Había sido enviado por Fabio bajo las órdenes de Victoria.

El fotógrafo captó a Axel saliendo al porche, con el rostro serio, seguido por Emma que llevaba a Abbie de la mano. No había besos, no había caricias, pero la forma en que Axel sostenía la puerta para Emma y la mirada fugaz que intercambiaron mientras Abbie corría hacia el jardín decía más que mil palabras.

—Tengo el material —susurró el hombre por teléfono—. Parecen la familia perfecta. Victoria va a odiar esto... o le va a encantar para su plan.

—Sigue disparando —respondió la voz de Fabio al otro lado—. Necesito algo que parezca íntimo. Algo que haga que la junta directiva de Vane Global pida la cabeza de esa niñera por "comportamiento inapropiado".




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