El Refugio de Tu Mirada

La Defensa de Acero

Al llegar, tal como Axel predijo, los flashes estallaron. Emma cubrió el rostro de Abbie con su chaqueta y corrió hacia el portal, escoltada por tres hombres de negro. Axel, sin embargo, no huyó. Se detuvo frente a los micrófonos con una calma aterradora.

Dos horas después, Axel convocó a una rueda de prensa de emergencia en las oficinas de Vane Global. No era un hombre pidiendo clemencia; era un depredador marcando territorio.

—Se han publicado fotos de mi estancia en la finca Smith —comenzó Axel, proyectando en la pantalla gigante las imágenes que Victoria había filtrado—. En estas fotos, se ve a la señorita Emma Williams paseando con mi hija o sosteniéndome la puerta. Sugerir que hay una relación sentimental basada en que dos personas comparten el mismo espacio físico es, en el mejor de los casos, periodismo mediocre, y en el peor, una difamación que mi equipo legal no pasará por alto.

Axel hizo una señal y su asistente mostró documentos en la pantalla.

—Este es el contrato laboral de la señorita Williams, debidamente registrado hace semanas. Estas son las grabaciones de las cámaras de seguridad de la mansión en Nueva York, que muestran que la señorita Williams ocupa el ala de servicio y que nuestros horarios apenas coinciden fuera de las horas de cuidado de Abbie. Y aquí —añadió con una voz que hizo temblar a los presentes— están los registros de nómina que demuestran que su relación conmigo es estrictamente profesional.

—¿Y qué dice de la foto en el porche, señor Vane? —gritó un reportero—. Parecen muy cercanos.

—Parecemos dos adultos responsables cuidando de una niña de nueve años —sentenció Axel—. La señorita Williams es una empleada impecable que ha logrado lo que ninguna otra: la estabilidad emocional de mi hija. No permitiré que su reputación sea manchada por juegos de poder ajenos a ella. No hay relación. No hay romance. Solo hay trabajo.

Emma, viendo la transmisión desde la cocina de la mansión, sintió un alivio inmenso, pero también un pinchazo extraño. Él la había defendido con una lógica irrefutable, la había "limpiado" ante el mundo, pero al hacerlo, la había devuelto a su caja: la empleada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.