El Refugio de Tu Mirada

El Veneno de la Duda

La victoria en la subasta del orfanato dejó un sabor amargo en la mansión. Victoria Miller no era de las que se retiraban en silencio; era una mujer que prefería quemar el bosque antes que dejar que alguien más disfrutara de su sombra.

Esa mañana, un coche oficial del Departamento de Servicios Infantiles se estacionó frente a la reja de los Vane. Axel, que estaba terminando de desayunar con Abbie y Emma, sintió que la sangre se le congelaba al ver las credenciales.

—Señor Vane —dijo la trabajadora social, una mujer de rostro impenetrable—. Hemos recibido una denuncia formal y detallada sobre el bienestar de Abbie Vane. Se alega que usted padece episodios de inestabilidad emocional severa relacionados con el fallecimiento de su esposa, y que la menor está bajo el cuidado negligente de una persona sin las credenciales necesarias y con vínculos criminales.

Axel se puso de pie, su altura resultando amenazante. —¿Quién ha hecho esa denuncia?

—Es anónima, señor, pero viene respaldada por testimonios que aseguran que usted mantiene a su hija en un entorno de tensión constante y que la señorita Williams —miró a Emma con suspicacia— es una influencia inestable.

Emma sintió que el mundo giraba. Victoria no quería a Abbie; quería demostrar que Axel no era apto para ser padre si no tenía a una "figura respetable" como ella a su lado.

Mientras la trabajadora social entrevistaba a Abbie en el jardín, Axel y Emma se quedaron en el salón. El silencio era tan espeso que se podía cortar. Axel caminaba de un lado a otro, con las manos entrelazadas en la espalda, como un animal enjaulado.

—Esto es obra de Victoria —siseó Axel—. Ella sabe que mi punto débil es el miedo a fallarle a Abbie. Sabe que tras la muerte de Florencia, tuve meses donde apenas podía levantarme de la cama. Está usando mi dolor de hace tres años para decir que sigo siendo ese hombre roto.

—Pero no lo es, Axel —Emma se acercó, pero se detuvo antes de tocarlo. Recordó su nueva barrera de frialdad profesional. —Usted es un padre maravilloso. Abbie lo adora.

Axel se detuvo y la miró. Sus ojos estaban llenos de una tormenta de emociones que se negaba a dejar salir. —Si el informe de esta mujer es negativo, podrían dictar una orden de alejamiento preventiva. Te sacarían de esta casa en veinticuatro horas, Emma. Y a mí me obligarían a asistir a terapia supervisada... o peor, podrían poner a un tutor legal para gestionar los asuntos de Abbie.

—¿Un tutor? —Emma palideció.

—Victoria se ofrecería voluntaria. Diría que, como "mejor amiga" de Florencia, ella es la única que puede garantizar que los valores de mi difunta esposa se respeten. Es una jugada maestra de manipulación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.