Mientras el sol se ocultaba tras las montañas, proyectando sombras alargadas sobre el lago, en la ciudad de Nueva York, Victoria Miller estaba terminando de afilar su arma más letal. No era una cuestión de herencia; era una cuestión de destrucción moral.
Victoria se encontraba en su estudio, rodeada de carpetas con el sello de Vane Global. Frente a ella, un periodista de uno de los tabloides más agresivos de la ciudad grababa cada palabra.
—Lo que el mundo no sabe —dijo Victoria, con una voz que fingía una tristeza infinita— es que Florencia no era feliz. Ella se sentía prisionera en esa mansión. Axel Vane no es el héroe protector que aparenta ser; es un hombre cuya obsesión por el control llevó a su esposa al límite. Tengo cartas, testimonios de empleados que fueron despedidos... Florencia quería el divorcio una semana antes del accidente.
El periodista se inclinó, saboreando la primicia. —¿Está sugiriendo que el señor Vane tuvo algo que ver con el destino de su esposa?
—Sugiero que un hombre que no pudo cuidar de su esposa, y que ahora deja a su hija en manos de una mujer con un pasado tan oscuro como el de Emma Wiliams, no debería estar al mando de un imperio —Victoria sonrió para sus adentros—. Axel está inestable. Su "amor" es una jaula, y me temo que Abbie es la siguiente en sufrir las consecuencias de su negligencia.
En la cabaña, la mañana siguiente trajo una paz engañosa. Axel y Emma compartían un café en el porche, observando a Abbie recolectar piedras de colores en la orilla del lago. Por un momento, parecían una familia normal, lejos de los rascacielos y las intrigas.
Sin embargo, el teléfono satelital de Axel vibró con una insistencia agresiva. Era su jefe de seguridad.
—Señor, tiene que ver esto. Victoria Miller ha filtrado una serie de correos electrónicos y testimonios falsos. Los titulares dicen que usted mantenía a la señora Florencia cautiva y que ella planeaba huir de Nueva York. La junta directiva está pidiendo una reunión de emergencia; dicen que su imagen pública está dañando irreparablemente las acciones de la compañía.
Axel sintió que el mundo se volvía gris. La mentira era tan retorcida porque tocaba su fibra más sensible: su propia inseguridad sobre si Florencia fue realmente feliz a su lado.
—Axel... ¿qué pasa? —preguntó Emma, acercándose. Al ver el rostro de él, supo que la víbora había atacado de nuevo.
—Está ensuciando la memoria de Florencia para hacerme parecer un monstruo —dijo Axel, su voz apenas un susurro cargado de dolor—. Dice que ella quería dejarme. Que yo soy el responsable de su infelicidad. Si la junta cree esto, usarán la cláusula de "moralidad" de mi contrato para quitarme la presidencia y, lo que es peor, Victoria pedirá una investigación judicial sobre la seguridad de Abbie en mi casa.
Emma tomó las manos de Axel. Estaban frías, a pesar del sol de la mañana. —Es mentira, Axel. Los diarios que recuperamos dicen todo lo contrario. Ella te amaba. Victoria está proyectando su propia envidia.
—No basta con que yo lo sepa, Emma —Axel la miró con una desesperación que le rompió el corazón—. El mundo tiene que verlo. Pero si vuelvo y peleo, te arrastraré conmigo al ojo del huracán. Victoria dirá que tú eres la razón por la que yo "olvidé" a Florencia tan rápido.
—Que lo diga —respondió Emma con una firmeza que sorprendió a Axel—. Ya no soy la niñera que teme a las sombras, Axel. Soy la mujer que te va a ayudar a limpiar el nombre de tu esposa y el tuyo. No vamos a escondernos más.