El Refugio de Tu Mirada

El Regreso del Titán

El viaje de regreso a Manhattan fue diferente al de ida. No había miedo, solo una resolución gélida. Axel llamó a su equipo legal y a su departamento de relaciones públicas.

—Quiero una conferencia de prensa en el vestíbulo de Vane Global. Mañana a las diez de la mañana —ordenó Axel por el manos libres—. E inviten a Victoria Miller. Díganle que tengo algo que le pertenece y que quiero devolvérselo frente a todo el mundo.

Emma lo miraba de reojo. El Axel que tenía al lado era el hombre que había construido un imperio. Pero había algo más: había un fuego en su mirada que no era solo ambición; era protección pura.

Al llegar a la mansión, el asedio de la prensa era total. Las cámaras brillaban como ojos de insectos bajo la lluvia. Axel bajó del coche y, en un gesto que desafiaba todas las convenciones y consejos de sus abogados, tomó la mano de Emma con firmeza frente a todos los periodistas. No la soltó hasta que entraron en la casa.

—Eso va a estar en todas las portadas mañana —dijo Emma, tratando de recuperar el aliento.

—Que así sea —respondió Axel, deteniéndose en el vestíbulo—. Mañana, Victoria Miller descubrirá que el silencio de los Vane no era debilidad, sino preparación.

El vestíbulo de Vane Global estaba a reventar. Los periodistas se empujaban por un espacio, y en la primera fila, sentada con una elegancia depredadora, estaba Victoria Miller. Llevaba un traje blanco, el color de la inocencia, fingiendo que su ataque a Axel era un acto de justicia para su "amiga" Florencia.

Axel entró en el estrado. No traía papeles, solo un pequeño sobre de cuero lavanda.

—Se han dicho muchas cosas sobre mi matrimonio y sobre la felicidad de mi difunta esposa —comenzó Axel, su voz profunda llenando cada rincón del edificio—. Se ha dicho que ella quería dejarme. Que yo era su carcelero.

Hizo una pausa y miró directamente a Victoria. Ella sostuvo la mirada con una sonrisa de suficiencia.

—Aquí tengo el diario personal de Florencia —continuó Axel—. Recuperado de un lugar donde nunca debió estar: la caja fuerte privada de la señorita Miller.

Un murmullo recorrió la sala. Victoria perdió el color.

—En estas páginas, escritas de puño y letra por mi esposa días antes de su muerte, ella habla de su amor por nuestra familia. Pero también habla de su miedo. Miedo a una "amiga" que la acosaba, que le robaba sus pertenencias y que intentaba envenenar su mente contra mí. Florencia no huía de mí; huía de la obsesión enfermiza de Victoria Miller.

Axel sacó una grabadora. —Y aquí, tengo el testimonio del señor Arthur Miller, quien confirma que su hija ha estado manipulando registros y robando propiedad privada de los Vane durante años.

La conferencia de prensa se convirtió en un caos. Victoria se puso de pie, gritando que todo era una falsificación, pero los abogados de Axel ya estaban entregando copias de las pruebas a los fiscales presentes. El escándalo no era Axel; el escándalo era la obsesión criminal de Victoria.




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