El Refugio de Tu Mirada

La Caída de la Sombra

Tras la conferencia, Axel y Emma regresaron a la oficina privada. La junta directiva, tras ver las pruebas y la reacción del público (que ahora veía a Axel como un héroe romántico que defendía el honor de su esposa), había ratificado su confianza en él de forma unánime.

Victoria fue escoltada fuera del edificio por el equipo de seguridad. Pero antes de irse, logró burlar a un guardia y entrar en el despacho de Axel por la puerta trasera. Estaba fuera de sí, con el cabello desordenado y los ojos inyectados en sangre.

—¡Tú no la merecías! —le gritó a Axel, ignorando a Emma—. ¡Florencia era perfecta y tú la consumiste! Yo era la única que la entendía. ¡Yo debería estar en su lugar!

—Tú nunca podrías estar en su lugar, Victoria —dijo Axel con una calma que daba miedo—. Porque Florencia tenía algo que tú nunca entenderás: un corazón capaz de amar sin poseer. Te amparaste en su sombra porque no tienes luz propia.

—Y ahora tienes a esta... a esta recogida de orfanato —Victoria señaló a Emma con asco—. ¿Crees que ella te amará cuando vea al verdadero Axel Vane? ¿Al hombre que no sabe ser feliz sin controlar cada respiro?

Emma dio un paso adelante, colocándose al lado de Axel. —Yo no le temo a su control, Victoria, porque él no intenta controlarme a mí. Él intenta proteger lo que ama. Algo que tú nunca supiste hacer. Ahora vete, antes de que los cargos de robo y difamación se conviertan también en una orden de restricción permanente.

Victoria fue finalmente retirada por la policía. El silencio regresó al despacho, un silencio que se sentía como el final de una guerra de mil años.

Mientras la ciudad dormía bajo una lluvia persistente, en el penthouse de la torre Vane, las luces seguían encendidas. Axel no estaba solo. Frente a él, sentado en la penumbra, estaba Demian, un hombre de pocas palabras y mirada gélida que se encargaba de los asuntos que los abogados de guante blanco no podían resolver.

—Victoria Miller ha cruzado todas las líneas rojas, Demian —dijo Axel, sirviéndose un whisky que no llegó a probar—. No quiero que simplemente pierda el juicio. Quiero que cuando despierte mañana, se dé cuenta de que el apellido Miller no vale ni el papel en el que está impreso.

Demian asintió, abriendo una carpeta con el organigrama de las empresas de Victoria. —Ella depende del crédito de tres bancos internacionales y de una alianza logística con el puerto de Nueva Jersey. Si cortamos el oxígeno, el imperio Miller colapsará en menos de setenta y dos horas.

—Hazlo —ordenó Axel, sus ojos brillando con una determinación implacable—. Que aprenda que meterse con Abbie y con la memoria de Florencia tiene un precio que su fortuna no puede pagar.




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