El edificio de la Fundación San Judas tenía ventanales que daban directamente a la Quinta Avenida, el corazón palpitante del estatus neoyorquino. Emma se encontraba en su oficina, rodeada de planos y presupuestos, pero su atención estaba fija en la calle. No era por distracción, sino por el extraño fenómeno que estaba presenciando desde hacía días: la "borradura" de una persona en tiempo real.
Emma recordaba la primera vez que vio a Victoria Miller. Emanaba una seguridad casi violenta, rodeada de asistentes, fotógrafos y personas que se desvivían por un segundo de su atención. Ahora, el panorama era desolador.
—¿Observa algo interesante, Directora Williams? —La voz de Demian, siempre monótona y apareciendo de la nada, la hizo sobresaltarse.
Emma se giró. Demian sostenía una tableta donde los números rojos no paraban de parpadear. Él no celebraba; simplemente registraba la eficacia de sus movimientos.
—He visto a Victoria intentar entrar al club L’Ermitage hace una hora, Demian —comentó Emma, cruzándose de brazos—. Estaba con un vestido que probablemente cuesta más que el salario anual de mis maestros, y el portero ni siquiera le sostuvo la puerta. Fue como si ella fuera invisible. O peor, como si fuera una mancha que nadie quería tocar.
Demian se acercó al ventanal, permaneciendo a una distancia prudencial. —El aislamiento social es la fase más efectiva de la estrategia del señor Vane. En este estrato, si los demás huelen la debilidad, se alejan para no contagiarse. Victoria no solo ha perdido su crédito bancario; ha perdido su "moneda de cambio" social. Nadie quiere ser el que invitó a la mujer que enfureció a Axel Vane.
Emma suspiró, volviendo a mirar hacia la calle. —Es aterrador, ¿sabes? Axel no ha tenido que decir una sola palabra en público. Solo ha tenido que... dejar de existir para ella.
—Exactamente —asintió Demian—. Esta mañana, la Gala de la Ópera envió un comunicado. Han "traspasado" el palco de los Miller a nombre de la Fundación San Judas. Victoria intentó protestar, pero le informaron que sus cuotas de mantenimiento estaban siendo investigadas por fraude. No es que no pueda pagar, es que legalmente no se le permite hacerlo.
Emma caminó hacia su escritorio, sintiendo un escalofrío. Sabía que Victoria merecía una lección por lo que le hizo a Abbie y a la memoria de Florencia, pero ver la maquinaria de Axel en marcha era un recordatorio constante de quién era el hombre con el que compartía su vida.
—¿Axel sabe que estoy viendo esto? —preguntó Emma.
—El señor Vane sabe que usted es una mujer observadora, Emma. Él quiere que entienda que bajo su protección, nadie volverá a tocarla. Pero también es un mensaje silencioso: el orden en Nueva York lo dicta él, no los apellidos antiguos como Miller.
Más tarde, Emma fue convocada al despacho de Axel en la Torre Vane. Al entrar, lo encontró revisando una invitación de cuero negro con letras doradas. No parecía un hombre celebrando una victoria; parecía un arquitecto revisando la solidez de una estructura.
—Emma, acércate —dijo él, sin levantar la vista—. La junta de beneficencia del hospital central acaba de retirar a Victoria como madrina de honor. Me han pedido que sugiera un reemplazo.
Emma se sentó frente a él, notando cómo el despacho parecía más grande, como si la ausencia del ruido que generaba Victoria hubiera expandido el espacio. —Axel, la gente está hablando. Dicen que has destruido a los Miller en una semana. Victoria está vendiendo sus acciones de la línea de cosméticos a precio de liquidación para poder pagar a sus abogados personales.
Axel dejó la invitación sobre la mesa y la miró fijamente. Sus ojos azules estaban tranquilos, pero con una profundidad gélida que Emma rara vez veía cuando estaban a solas con Abbie. —Ella intentó usar la justicia social para quitarme a mi hija, Emma. Intentó usar la prensa para decir que yo era un peligro para la memoria de mi esposa. Lo que Demian está haciendo no es destrucción; es una corrección. Victoria Miller era un parásito que vivía de la luz de Florencia y del poder de mi apellido. Solo la estoy devolviendo a la oscuridad de la que nunca debió salir.
—Pero, ¿dónde termina esto? —preguntó Emma en un susurro—. ¿Hasta dónde vas a llegar?
Axel se inclinó hacia delante, y por un segundo, la máscara de CEO se agrietó para mostrar al hombre herido que seguía luchando por sus seres queridos. —Termina cuando ella no sea más que un mal recuerdo. Termina cuando Abbie pueda caminar por el colegio sin que nadie susurre sobre su origen. Termina cuando tú, Emma, puedas dirigir esta Fundación sin que nadie cuestione tu capacidad basándose en mentiras de una mujer despechada.
En ese momento, el intercomunicador sonó. Era Demian. —Señor Vane, la última propiedad de los Miller en los Hamptons ha sido ejecutada. El inventario de las joyas personales de Victoria está listo para ser trasladado a la cámara de seguridad de la mansión.
Axel cerró los ojos un instante, asintiendo para sí mismo. —Tráelo todo, Demian. Y asegúrate de que el aviso de desalojo de su penthouse sea entregado personalmente por un oficial de justicia a las cinco de la tarde. Quiero que salga de ese edificio antes de que anochezca.
Emma se levantó, sintiendo que el aire en el despacho pesaba toneladas. Axel no era un villano, pero tampoco era un santo. Era un protector implacable que no aceptaba prisioneros.
Al salir de la oficina, Emma se cruzó con Demian en el pasillo. El hombre sostenía una caja de terciopelo que contenía el famoso collar de esmeraldas que Victoria siempre lucía como un trofeo. Era el mismo que pertenecía a Florencia.
—Esto vuelve a casa, señorita Williams —dijo Demian con una leve inclinación de cabeza.
Emma miró las joyas, que brillaban bajo las luces de la oficina con una frialdad casi eléctrica. La caída de Victoria no era solo empresarial; era el fin de una era de sombras y manipulación. Pero mientras caminaba hacia el ascensor, Emma no podía evitar preguntarse: ahora que el enemigo común había desaparecido, ¿qué quedaría de la relación entre ella y Axel? ¿Seguirían unidos por el amor a Abbie, o el vacío que dejaba la guerra revelaría las grietas que ambos habían estado ignorando?