La mansión Vane nunca se había sentido tan silenciosa. Con Victoria fuera del mapa y Demian gestionando los restos del naufragio Miller, Axel empezó a pasar más tiempo en casa, pero su comportamiento era errático. Por momentos, era el hombre tierno que jugaba con Abbie en el jardín, y al segundo siguiente, se sumergía en un mutismo absoluto, encerrado en la biblioteca con los diarios de Florencia.
Emma lo observaba desde el umbral. Sabía que la destrucción de Victoria había liberado muchos fantasmas. Axel ahora tenía la prueba de que Florencia lo amaba, pero también tenía la carga de saber que permitió que una mujer como Victoria estuviera cerca de su familia por tanto tiempo.
—¿No vas a entrar? —preguntó Axel una noche, sin girarse de su sillón frente a la chimenea.
—No quería interrumpir tus pensamientos —respondió Emma, entrando lentamente—. Demian dice que los últimos documentos han sido firmados. Victoria se ha ido de la ciudad, Axel. Se dice que se ha refugiado en una pequeña granja en el norte, bajo el nombre de soltera de su madre.
Axel soltó una risa amarga. —Un final poético para alguien que vivía de las apariencias. Ahora no tiene nada más que su propio reflejo.
Emma se sentó en el brazo del sillón, arriesgándose a romper la distancia profesional que él intentaba mantener de nuevo. —Has ganado, Axel. ¿Por qué pareces más triste que cuando empezamos todo esto?
—Porque ganar tiene un precio, Emma —dijo él, tomando la mano de ella y entrelazando sus dedos—. He tenido que convertirme en el hombre que juré que nunca sería para protegerte. He tenido que usar el poder como un arma, y me da miedo que, cuando me mires, ya no veas al hombre que conoces, sino al hombre que es capaz de borrar a una persona de la existencia con una firma.
Emma apretó su mano, sintiendo la calidez de su piel contra la suya. —Veo al hombre que cuida de su hija. Veo al hombre que honra la verdad. El poder no te ha cambiado, Axel; solo ha revelado hasta dónde eres capaz de llegar por los que amas. Y eso... eso no me asusta. Me hace sentir que, por primera vez en mi vida, estoy en casa.