Más tarde, mientras Axel subía a ducharse y Demian (el jefe de seguridad) ayudaba a los empleados a recoger los restos de la tormenta en el jardín, Emma se quedó a solas con Abbie en la cocina. Estaban preparando panqueques, una tarea que se había vuelto su ritual favorito.
Abbie estaba inusualmente callada, moviendo la cuchara en el bol de la masa con movimientos lentos. De repente, dejó la cuchara y miró a Emma con timidez.
—Emma... ¿te molestó que te llamara así anoche? —preguntó la niña, bajando la vista hacia sus zapatitos—. Es que... en mi sueño tú me salvabas de los monstruos, y en mi cuento de hadas, las que salvan a los niños siempre son las mamás.
Emma dejó lo que estaba haciendo y se puso en cuclillas frente a ella. Le tomó las manos, que estaban un poco manchadas de harina, y la miró directamente a los ojos con toda la dulzura de la que era capaz.
—Cariño, ha sido el regalo más bonito que me han hecho en toda mi vida —dijo Emma, y su voz tembló un poco—. No me molestó. Al contrario, sentí que mi corazón se hacía gigante.
—Es que... a veces se me olvida que eres mi niñera —confesó Abbie, acercándose para abrazarla—. Siento que eres mi familia de verdad. ¿Puedo decírtelo a veces? ¿Aunque no sea de verdad tu hija?
Emma la estrechó con fuerza, cerrando los ojos para contener las lágrimas. —Abbie, el amor es lo que nos hace familia, no solo los papeles o los apellidos. Tú me has elegido a mí, y yo te he elegido a ti desde el primer día que entré por esa puerta y no me asusté con tus travesuras. Puedes llamarme como tu corazón sienta, porque para mí, tú ya eres mi hija.
Axel, que se había detenido en el pasillo para no interrumpir, escuchó cada palabra. Apoyó la cabeza contra la pared, cerrando los ojos. Sintió una mezcla de alivio y una punzada de dolor por el tiempo perdido, pero sobre todo, sintió una resolución absoluta. Emma Williams no podía ser solo la niñera. No podía permitir que esa mujer, que le estaba dando a su hija la madre que necesitaba y a él la paz que anhelaba, fuera alguien temporal en sus vidas.