El Refugio de Tu Mirada

El Mundo Exterior

Decidieron ir a Central Park. No llevaron al chofer ni a los guardaespaldas de Demian de forma ostentosa; Axel condujo su propio coche, un gesto de normalidad que Emma agradeció profundamente.

El parque estaba lleno de familias, de perros corriendo y de niños volando cometas. Para Axel, que solía ver el parque desde la ventana de su oficina como un simple rectángulo verde en el mapa de la ciudad, estar allí, sentado en una manta sobre la hierba, era una experiencia casi nueva.

Abbie corría tras unas pompas de jabón que otro niño soplaba cerca. Emma y Axel se quedaron sentados, observándola.

—A veces me pregunto si estoy haciendo lo correcto —dijo Axel, mirando a la distancia—. Sacarla de su burbuja de protección... exponerla a esto.

—La vida no es una burbuja, Axel —respondió Emma, abrazándose las rodillas—. La vida es esto. El sol, el ruido, el riesgo de caerse y la alegría de levantarse. Abbie necesita saber que el mundo es grande y que ella puede caminar en él sin miedo.

Un hombre joven, que pasaba paseando a un Golden Retriever, se detuvo cerca de ellos para recoger una pelota que se había escapado. Miró a Emma y le dedicó una sonrisa amable.

—Qué perro tan bonito —dijo Emma, acariciando la cabeza del animal de forma instintiva.

—Gracias. Se llama Cooper. ¿Es su hija? —preguntó el hombre, señalando a Abbie con un gesto simpático.

Antes de que Emma pudiera responder, sintió que Axel se tensaba a su lado. No fue un gesto violento, pero su presencia se volvió repentinamente más imponente. Axel se inclinó ligeramente hacia delante, marcando su territorio de una manera sutil pero clara.

—Es nuestra hija —dijo Axel, con una voz tranquila pero con un peso de autoridad que hizo que el joven asintiera rápidamente, tomara a su perro y se alejara tras un breve saludo.

Emma miró a Axel, sorprendida por el uso de la palabra "nuestra". Axel no la miró; se quedó observando a Abbie con una expresión seria, pero Emma pudo notar el ligero movimiento de su mandíbula. ¿Eran celos? ¿O era simplemente el instinto de protección que empezaba a extenderse también hacia ella?

—"Nuestra hija", ¿eh? —comentó Emma con una sonrisa traviesa, tratando de aliviar la tensión.

Axel se relajó un poco y finalmente se giró hacia ella. El sol de la tarde le daba directamente en los ojos, haciéndolos parecer cristales claros. —Ella te eligió, Emma. Y yo... yo estoy empezando a entender por qué.

No hubo beso ni declaración. Pero en medio del parque más famoso del mundo, rodeados de miles de personas, Axel y Emma compartieron un silencio que se sintió como una promesa. La niñera humilde y el magnate ya no eran dos polos opuestos; eran dos personas aprendiendo a caminar juntos, paso a paso, bajo el cielo abierto de Nueva York.




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