El Refugio de Tu Mirada

El té de las espinas

A las cuatro en punto de la tarde del martes, el Bentley negro de Beatriz Vane se detuvo frente a la mansión. La mujer entró como si fuera la dueña legítima de cada mota de polvo del lugar. Vestía un traje de sastre gris perla y llevaba un collar de perlas que parecían dientes de tiburón.

Axel y Emma la esperaban en el salón azul. Emma servía el té con una mano firme que ocultaba el temblor interno. Había vuelto a su uniforme de niñera: vaqueros oscuros y una blusa blanca impecable. Ninguna joya, ninguna señal del compromiso secreto.

—He visto los periódicos, Axel —comenzó Beatriz, ignorando por completo la taza de té que Emma le ofrecía—. El nombre de los Vane está siendo arrastrado por el fango por culpa de... esta situación. La gente dice que has perdido el juicio, que te has dejado embaucar por una cara bonita con un pasado de beneficencia.

Axel tomó un sorbo de su té, manteniendo la mirada fija en su tía abuela. —La gente dice muchas cosas, Beatriz. Generalmente, las que tú les pides que digan. Emma no ha hecho nada malo. Su pasado es su fuerza, no su debilidad.

Beatriz soltó una risita seca y se giró hacia Emma. —Dime, muchacha. ¿Cuánto quieres? Pongamos una cifra. Una que te permita vivir cómodamente lejos de aquí, tal vez en otro país donde nadie sepa de dónde vienes. Una suma que eclipse cualquier "cariño" que creas sentir por mi sobrino.

Emma dejó la tetera sobre la mesa con un clic metálico. Miró directamente a los ojos gélidos de la matriarca. —No hay suficiente dinero en todas las cuentas de la familia Vane para comprar mi lugar en esta casa, señora. No estoy aquí por el testamento de Axel, ni por su apellido. Estoy aquí porque Abbie me necesita y porque yo... yo no me rindo ante las amenazas.

—¡Qué insolencia! —exclamó Beatriz, poniéndose de pie con la ayuda de su bastón—. Axel, si no despides a esta mujer hoy mismo, convocaré a la junta directiva. Te declararé incapaz de gestionar el patrimonio familiar. Estás poniendo en riesgo siglos de linaje por un capricho.

Axel se levantó también, superando a su tía en altura y en intensidad. —Hazlo, Beatriz. Convoca a la junta. Pero recuerda que yo poseo el 51% de las acciones votantes. Si intentas hundirme, te hundiré a ti primero. Emma se queda. No como un capricho, sino como la mujer que dirige esta casa. Y si vuelves a poner un pie aquí para insultarla, te prohibiré la entrada permanentemente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.