El Refugio de Tu Mirada

El contraataque en San Judas

Beatriz, armada con la información de Eleonora, decidió que era hora de dar el golpe de gracia. Si no podía separar a Axel de Emma por la fuerza, destruiría lo único que Emma amaba más que a Axel: su reputación en el orfanato.

Beatriz envió inspectores corruptos a San Judas, alegando "irregularidades financieras" y amenazando con cerrar el lugar si Emma no renunciaba a su puesto en la mansión y desaparecía de la vida de los Vane.

—Quieren cerrar mi casa, Axel —sollozó Emma en el despacho, después de recibir la llamada de la directora del orfanato—. Beatriz va a dejar a treinta niños en la calle solo para deshacerse de mí. No puedo permitirlo. Me rindo. Ella gana.

Axel se levantó de su escritorio, su presencia llenando la habitación con una autoridad que Emma nunca había visto. No era la rabia del magnate; era la furia de un hombre protegiendo su hogar.

—No te vas a rendir, Emma. Vamos a darles la batalla que están pidiendo —dijo Axel, tomando el teléfono—. Axel, convoca a todos los medios de prensa que no estén en la nómina de Beatriz o los Vane. Vamos a organizar una gala benéfica... pero no aquí. La vamos a hacer en el patio de San Judas. Mañana mismo.

Al día siguiente, el humilde patio del orfanato se transformó. Axel no envió catering de lujo; envió camiones de comida para los niños y mesas largas para los vecinos del barrio. Cuando Beatriz se enteró y se presentó allí con sus abogados para ejecutar el cierre, se encontró con un muro de cámaras de televisión y periodistas de todo el país.

Axel salió al estrado improvisado, rodeado de los niños de San Judas, con Abbie de la mano y Emma a su lado.

—Señores de la prensa —comenzó Axel, su voz resonando en todo el vecindario—, se ha dicho mucho sobre la señorita Emma Williams. Se ha cuestionado su origen y su integridad. Hoy, la Fundación Vane anuncia una donación de cinco millones de dólares para la renovación total de este orfanato, que llevará el nombre de "Centro Educativo Florencia Vane". Y lo hacemos bajo la dirección de la mujer que mejor conoce este lugar.

Beatriz, que observaba desde su coche, hervía de rabia. Axel estaba usando el nombre de su difunta esposa para proteger a la niñera. Era una jugada maestra de la que ella no podía renegar públicamente sin insultar la memoria de Florencia




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