Tras el éxito del evento, regresaron a la mansión. Eleonora los esperaba en el vestíbulo, con las maletas hechas y una expresión de derrota absoluta. Axel le entregó un sobre con su liquidación.
—Mi tía abuela ha perdido esta ronda, Eleonora —dijo Alex—. Y tú has perdido tu empleo. No vuelvas a acercarte a mi familia.
Cuando se quedaron solos, Emma se dejó caer en el sofá, agotada pero feliz. Alex se sentó a su lado y, esta vez, no hubo cadenas rotas ni secretos. Tomó la mano de Emma y, frente a los ventanales que daban al jardín que ahora florecía, sacó el anillo de margaritas de su bolsillo y se lo puso oficialmente, sin esconderse.
—Abbie tenía razón —susurró Axel, besando sus dedos—. Es un anillo mágico. Ha sobrevivido a las sospechas, a los espías y a las amenazas de una matriarca.
—Aún no hemos terminado con Beatriz, ¿verdad? —preguntó Emma, apoyando la cabeza en su hombro.
—No. Pero ahora ella sabe que no estamos jugando. Mañana, el mundo entero sabrá que la "niñera humilde" va a ser la próxima dueña de este castillo. Y esta vez, no habrá secreto que valga.
Emma sonrió, sintiendo que su historia, la que había empezado en las sombras de un orfanato, estaba llegando a su capítulo más brillante de su propia vida, llenos de dolor y sombras, pero el epílogo que estaban escribiendo juntos olía a margaritas frescas y a un amor que, por fin, podía respirar en libertad.
La mañana del viernes, Axel no envió un comunicado de prensa frío ni un correo electrónico. Convocó a una rueda de prensa en las escalinatas de la propia Mansión Vane. Sabía que Beatriz estaba observando desde su televisor en el penthouse, y quería que el golpe fuera directo al corazón de su orgullo.
Emma estaba de pie junto a él, vistiendo un traje de sacha azul marino que Axel le había pedido especialmente. No era un disfraz de princesa; era el traje de una mujer de negocios, de una mujer que ahora dirigía la Fundación. En su dedo anular, el anillo de margaritas de la abuela Amanda brillaba bajo los flashes de cientos de cámaras.
—Señores —comenzó Axel, rodeando la cintura de Emma con su brazo ante el murmullo asombrado de los reporteros—. Se ha especulado mucho sobre la vida privada de esta casa. Hoy quiero poner fin a los rumores. Emma Williams no es solo la mujer que salvó a mi hija del silencio; es la mujer que ha aceptado ser mi esposa.
El caos estalló. Las preguntas volaban como proyectiles: "¿Qué pasa con el linaje Vane?", "¿Es cierto que es huérfana?", "¿Qué dice la tía Beatriz?".
Axel levantó la mano, pidiendo silencio. Su voz era como el acero. —Emma es una Vane en espíritu mucho antes de llevar el apellido. Su pasado en San Judas no es un secreto que esconder, es el testimonio de su integridad. No aceptaremos más difamaciones. A partir de hoy, cualquier ataque contra ella es un ataque directo contra mí y contra todo el holding Vane.
Emma tomó el micrófono, su voz tranquila pero firme. —No busco su aprobación, solo busco seguir trabajando por los niños que, como yo, necesitan una oportunidad. Este anillo no es un trofeo, es un compromiso con el futuro de esta familia.