El Refugio de Tu Mirada

La sospecha del magnate

Cuando Emma regresó a la mansión, Axel la esperaba en el gran salón. Había notado su ausencia y el sistema de seguridad le había alertado de que la puerta de servicio se había abierto. Al verla entrar, pálida y con los ojos nublados, su instinto de protección se transformó en una sospecha fría.

—¿Dónde estabas, Emma? —preguntó Axel, su voz resonando en el mármol del vestíbulo.

—Necesitaba aire, Axel. Solo... fui a caminar —mintió ella, evitando su mirada.

Axel se acercó a ella, tomándola suavemente por los hombros. Notó que temblaba. —Demian me dijo que Victoria Miller ha estado merodeando. Emma, si ella te contactó, tienes que decírmelo. No podemos tener secretos si vamos a ser un equipo.

—No hay secretos, Axel. Solo estoy cansada —dijo ella, zafándose de su agarre y subiendo las escaleras rápidamente.

Axel se quedó solo, mirando hacia la oscuridad del jardín. No le creyó. Sabía que Emma era una pésima mentirosa. Inmediatamente, llamó a Demian.

—Demian, rastrea el GPS del teléfono de Emma. Quiero saber exactamente dónde estuvo y con quién habló. Y llama a mi equipo de investigadores privados. Quiero que investiguen los registros clasificados de mi padre de hace veinticinco años. Si Beatriz está usando el pasado como arma, quiero saber exactamente qué calibre tiene esa bala antes de que la dispare.

La tensión alcanzó su punto de ebullición la noche de la Gran Gala de la Ópera de Nueva York. Era el evento social más importante del año, y Beatriz Vane se aseguró de que Victoria tuviera una invitación falsa y un vestido de gala negro que la hiciera pasar desapercibida entre la multitud.

Axel, que ya había descubierto parte de la verdad a través de sus investigadores, caminaba junto a Emma con una expresión de guerra. Sabía que Beatriz iba a intentar algo, y Emma, bajo su vestido de seda color champán, sentía que llevaba una bomba de tiempo.

En medio del brindis principal, Victoria apareció en el balcón del salón, atrayendo todas las miradas. No era la Victoria caída; era una mujer poseída por el odio.

—¡Damas y caballeros! —gritó Victoria, su voz amplificada por la acústica del lugar—. Antes de que celebren este "cuento de hadas", deberían saber qué es lo que Axel Vane ha metido en su cama. ¡Emma Williams no es una desconocida! ¡Es la prueba de la deshonra del difunto patriarca Vane!

El murmullo fue ensordecedor. Los flashes de las cámaras apuntaron a Emma, quien sentía que el mundo se desmoronaba. Beatriz, desde su mesa, sonreía con una satisfacción gélida.

Pero Axel no se inmutó. Dio un paso adelante, protegiendo a Emma con su cuerpo, y sacó un documento de su propia americana.

—Victoria, tu información está incompleta... y es falsa —dijo Axel con una calma que heló la sangre de Beatriz—. Mis investigadores encontraron el registro real ayer. Emma no es hija de mi padre. Ella es la hija de la hermana menor de Beatriz, a quien ella misma expulsó de la familia y cuyo rastro borró para no repartir la herencia.

Beatriz palideció. El tiro le había salido por la culata.

—Emma no es una "bastarda" ajena, Victoria —continuó Axel, mirando directamente a su tía abuela—. Ella es una Vane de sangre por derecho propio, la heredera legítima de la rama que Beatriz intentó eliminar. Al intentar destruirla, Beatriz, solo has demostrado que ella tiene más derecho a este apellido y a esta fortuna que tú.

Victoria se quedó paralizada, viendo cómo su última oportunidad se desvanecía. La policía, avisada por Axel, entró en el salón para escoltarla fuera por intrusión y chantaje.




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