El Reino de Fleur "Cuatro corazones y una princesa"

Capítulo XXII "recuerdos de su feliz pasado"

El pasillo era estrecho pero bonito ya que tenia muy pocas decoraciones y el piso era de alfombra azul marino, al fondo había una puerta grande de madera, un color café rojizo, ahí era el almacén el cual debía pasar sin ser vista. Casi nuna había empleados ahí, solo muy pocas veces hiban para sacar algún material que se les había terminado. 

Kena abrió la puerta sin hacer mucho ruido, observó si no había nadie pero dio un suspiro de alivio al ver que no había nadie. Para ser un almacén estaba muy bien ordenado, camino hacia el fondo buscando la puerta la cual estaba oculta y solo ella sabía donde estaba. Estaba atrás de unos leños, los empleados no se habían dado cuenta de la puerta así que pusieron los leños ahi. Para abrirla tenia que usar una técnica especial, la empujó hacia afuera solo un poco y sin ser tan facil detectarlo apareció una pequeña división dónde la abrió y había una pequeña caja que adentro estaba una pequeña llave de color dorado, con una leyenda en la parte de atrás que decía ~Un paraíso interno para nuestros amados~, sus padres habían pedido que se escribiera eso para sus queridos hijos. -Nuestros padres nos dieron esto y tu no estas aquí hermano- pensó Kena con trisreza pensando en su hermano.

Después de agarrar la llave la puso en una parte que estaba con polvo y tantitas telarañas, ya había pasado tiempo desde la ultima vez que había entrado ahí, empujó la puerta hacia la izquierda después de haber introducido la llave y pudo abrirla. 

Por el tiempo que habían dejado de ir ahi, era difícil de caminar ya que el pasto no se había cortado por mucho tiempo y había crecido mucho, pero aun así no le impidió seguir adelante, estaba maravillada de volver a ver su escondite de la infancia, donde siempre jugaba con su hermano y eran tiempo muy felices para ella. 

Los árboles habían crecido más y las flores se habían abierto, eran parecidas a las del Café Amour solo que con una esencia más delicada y suave, no tan fuerte como las otras sino más relajante. Su vestido azul con verde claro le definía más el color de sus ojos, era un regalo que su hermano le había enviado alado de las flores y los árboles la hacían lucir bastante, los colores de la naturaleza le sentaban muy bien. La cola de su vestido pasaba sobre las hojas con el resplandor del sol, en medio había una pequeña fuente con una niña y niño esculpidos en piedra, los cuales representaban a su hermano y ella. 

Luego se acercó a uno de los árboles más al fondo el cual era el más grande y alto, cuando estaba muy cerca las lágrimas de sus ojos comenzaron a salir, recordando algo. 

*Era una noche muy difícil para Kena, tenia fiebre y no podía dormir, en ese momento solo tenia 4 años, la fiebre le había dado muy fuerte y sus padres habían hecho todo lo posible para que mejorará pero no había sanado, incluso llamaron al mejor doctor del reino pero no había podido ayudar mucho, solo le haiba dado algo para el dolor y les dijo a sus padres que por ahora solo esperarán a que ella descansará esa noche y ver como seguía en la mañana, aun seguía así pero su hermano preocupado por ella quiso ayudarla a sentirse mejor y se la llevó a escondidas a su jardin, la cargo y la puso abajo de ese árbol mientras que el hiba a buscar algo, Kena se preocupo por el y trato de buscarlo pero al levantarse no podía seguir, tenia mareo así que comenzó a llorar que es cuando su hermano volvió corriendo, "Kena estoy aqui, no te preocupes vas a estar bien, yo te cuidare" le dijo y la acomodo denuevo en el arbol, "ten come esto, esto te ayudara" le dijo mostrando le unos pedazos de hojas, "que es eso?" le pregunto Kena, el le sonrió y le dijo "en uno de los libros que leí decía que esto es una planta medicinal que ayuda a la fiebre y aparte te ayuda a sentir mucho mejor". Kena obedeció a su hermano y se la comio, al poco rato se empezó a sentir mejor y comenzó a quedarse dormida, su hermano la abrazo mientras ella se quedaba dormida en su hombro, "nunca te dejare hermanita, yo te protegere por siempre"*

En el piso del árbol había unas hojas de papel t algo escrito, Kena se sentó para leerlas y se quedó dormida con una sonrisa.




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