El romance del que hablan los libros

El arte de pedir perdón

Bruno
Ahora que finalmente estaba a solas con la irritable camarera me reparé de que me sentía bastante más nervioso de que lo que imaginaba.
Puede que se debiese a que yo no era alguien acostumbrado a pedir perdón o porque ella se veía el doble de atractiva ahora estando fuera de esa cafetería.
Me inclino por la primera opción.
Estaba vestida con una remera manga corta de color blanca, unos jeans y el delantal con un estampado que citaba "Café Rodriguez".
No estaba muy abrigada considerando las bajas temperaturas de Julio.
Sus brazos permanecía entrelazados y con la barbilla en alto. Supongo que era su manera de no dejarse intimidar ante mi altura.
Su pelo castaño se sacudía con el viento frío que nos golpeaba a pesar de estar en un pasillo cerrado.
Sus ojos marrones me examinaban de arriba a abajo.
Me detuve unos segundos en sus gruesos labios y en la manera que se movieron justo antes de articular
-¿Y bien?- Dijo con impaciencia.
Mierda ¿Cuánto tiempo me quedé mirándola?
-Quería pedirte disculpas- Hago una pausa para medir bien mis palabras, no puedo cagarla otra vez - Por lo de ayer.
Ella levanta tan solo un poco las cejas animandome a seguir.
Esto no va a ser fácil.
-Simplemente estaba de mal humor y me desquité contigo y con tu amiga- ella sigue expectante - Y no estuve bien.
-Insultaste mi fisico - Dijo pasando por alto el pequeño discurso que estaba armando.
- Me equivoqué.
Y sí que lo había hecho, porque ahora con la claridad del día hasta podía notar los músculos que se formaban en sus brazos.
Sin duda iba al gimnasio frecuentemente y llevaba buena alimentación. Su fisico no estaba nada mal.
En realidad estaba bastante bien.
Sus curvas se notaban perfectamente incluso debajo su uniforme. Me deje llevar y la recorrí rápidamente con la mirada.
Sí que era atractiva.
-¿Y?
Okey. Iba a tener que profundizar las disculpas respecto al comentario que solté antes de irme corriendo ayer.
Tenía que sincerarme si quería que ella realmente supiera que estaba arrepentido.
-Me equivoqué, solté ese comentario sin pensar con la intención de hacerte daño- Su expresión seguía siendo la misma, mis disculpas no estaban funcionando - Cuando en realidad lo que dije no es verdad... ya que... - Ella suelta un resoplido - Te ves bastante bien.
No pude haber dicho eso. No pude haberle soltado así nada más que se veía bien.
Pero ya era tarde.
Sus cejas se dispararon hacía arriba y todo lo que había en su expresión ahora era sorpresa.
Un calor seguido de una oleada de verguenza me recorrió todo el cuerpo y estoy seguro de que ella lo ha notado.
De repente el aire frío de invierno no era nada comparado con la sofocante sensación que se instalo en mi pecho.
-¿Me veo bien? - Parecía incrédula.
Mierda. Me sincere demás y ahora se esta burlando de mí.
-¿Viniste hasta aquí a decirme que tu comentario estuvo mal no porque sea totalmente inadecuado y de mala educación, sino porque en realidad me veo bien?
Metí la pata.
La realidad es que nunca supe pedir disculpas y venir hasta acá para hacerlo fue una total pérdida de tiempo. Y dignidad.
Nunca supe como proceder luego de los problemas más que alejarme, y de todas las personas en el mundo tenía que venir a pedirle perdón a una camarera.
No solo no conseguí que me perdonara por lo que dije sino que le confesé que me parecía atractiva.
Soy un auténtico desastre.

Luisa
Asi que a <<Señorito poca paciencia>> no se le dan bien las disculpas.
Ahora no paraba de frotarse el pelo con la mano izquierda y en cuestión de minutos se puso completamente incómodo y avergonzado.
Aunque debía admitir que me tomo por sorpresa su comentario, me sentí halagada.
Incluso un destello de orgullo apareció en mi pecho, pero lo reprimí lo más rápido que pude para no perder de vista las supuestas disculpas que iba a recibir.
-No es lo que quise decir... No...
-Pero es lo que dijiste- Lo corté
-No... Sí, es lo que dije, pero también estoy arrepentido de haber dicho eso porque no tengo derecho a opinar sobre el cuerpo de los demás.
-No empieces a soltar frases cliché que te enseñaron en secundaria. ¿Estás arrepentido o no?- Tal vez estaba siendo muy dura con el, pero quería que realmente sintiera remordimiento por lo que dijo.
-¡Si! - exclamó con euforia alzando los brazos en mi dirección -Lo estoy, Estoy arrepentido y no debería haber comentado nada sobre tu cuerpo - Dijo al tiempo que bajaba los brazos despacio como si intentara explicarse una vez más.
Ok. Lo estaba intentando. Realmente lo estaba intentando.
Aunque cometió el grave error de pretender compasión de la persona más rencorosa de la tierra.
—¿Sabés que intentar que yo te perdone es como querer enseñarle física al mismísimo Albert Einstein?
Su expresión seguía relajada, y una sonrisa tímida se dibujó en sus labios.
—Aun así, Einstein no sabía todo sobre física. Siempre se le podía enseñar algo más.
Su comentario me toma por sorpresa, echo la cabeza hacia adelante y suelto una risa.
Esto no puede estar pasando.
El también se ríe un poco y noto como se le achinan los ojos al hacerlo.
Luego esa sensación reconfortante que alivió la tensión entre nosotros se desvanece, como si el viento gélido de Julio la congelara o se la llevara.
El frío empieza a golpear más fuerte en mis brazos desnudos temo que si sigo mucho tiempo más aquí afuera termine resfriada.
El me observa un rato más y en su mirada se vuelve a dibujar una disculpa.
-¿Todía no estoy perdonado no?
Lo miro un poco más divertida. Claro que no lo está.
-¿Qué puedo hacer para que me perdones?
Su tono esta cargado de sinceridad y culpa, realmente quiere una oportunidad.
Entonces paseo mi mirada por el pasillo, las paredes gastadas, las latas de cerveza tiradas, la salida que da a la vereda y al auto que esta estacionado justo detrás.
Es de ese tipo de autos, hay uno en cada semáforo porteño, no parece ostentoso pero tampoco pasa desapercibido. Un auto de alguien que nació y creció en capital, alguien que se mueve rápido y no pretende aparentar más de lo que es.
Esa carrocería, las líneas filosas a los costados, las luces LED finas y verticales, hasta parecen garras que cortan la calle mientras vas avanzando.
El se gira en dirección a mi mirada. Se da vuelta y me ofrece una sonrisa orgullosa
-Si, es mi auto.
El <<Señorito poca paciencia>> no deja de sorprenderme. Realmente tiene un auto propio. Algo con lo que solo me permito soñar.
Entonces se me prende el foco.
Lo tengo.
-Hay una manera de que te perdone.
Su mirada se llena de curiosidad y hasta parece que bajaba la cabeza para escucharme.
-Te escucho.
-Esto de tomarme dos colectivos todos los días me deja exhausta- Digo mirándome las uñas fingiendo desinterés. - Podrías alcanzarme al trabajo durante un tiempo...
-¿Qué?
- Solo 3 meses.
-¿Estás loca? ¿y levantarme de madrugada?
- 3 meses.
- Un mes.
- 3 meses.
- Un mes y medio.
- Lo dejamos en dos meses - Le planteo con mi sonrisa de falsa dulzura y estrecho una mano hacía el.
El resopla y se pasa una mano por el pelo mientras mira a su esplendoroso auto.
-¿Quieres mi perdón o no "Señorito poca paciencia"?
El me mira ahora confundido. Es la primera vez que uso mi apodo con él en voz alta.
Sin pensarlo mucho más me estrecha la mano.
- Todos los días frente a tu casa a las 6:45, si no estas lista para esa hora me voy.
- Trato hecho - sigo fingiendo dulzura mientras mi sonrisa se amplia más.
Nos pasamos los números de teléfono y adjunto mi dirección en su chat. Justo cuando todo parece estar listo y el está a punto de irse me doy cuenta de que no sé su nombre.
-¿Puedo agendarte como "Señorito poca paciencia"? ¿o "caprichoso" te parece mejor?
Se da vuelta aún con el telefono en la mano. Hace una mueca antes de responder.
-Bruno me gusta más.
Le dedico una pequeña sonrisa y abro su contacto para agendarlo.
Pero entonces levanto la cabeza y sigo con mi broma.
- ¿Qué te parece "Bruno poca paciencia"?
Su sonrisa se amplía más y suelta un suspiro.
- ¿Y a vos? ¿Te agendo como camarera rabiosa?
Ahora el está poniéndome apodos a mí.
- Me llamo Luisa- Digo dejando de dar vueltas.
El me mira una última vez, antes de darse media vuelta y subir a su auto.
-Entonces hasta mañana "Luisa camarera rabiosa"
Lo sigo hasta su auto y me quedo mirando mientras enciende el motor para luego perderse entre las avenidas.
No tardo mucho más en entrar a la cafetería antes de que el frío siga amenazandome con congelar cada parte de mí.




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