El romance del que hablan los libros

Bajo control

Luisa

-¿Todo eso pasó?

Mamá estaba apoyada en la encimera de la cocina escuchándome con los brazos cruzados.
Las palabras se me atascaban en la garganta. Nunca tuve problemas para hablar con mi mamá sobre nada, pero esta se sentía diferente, lo que era ridículo porque no dejaba de ser un pacto sin sentido.
- Y me llamaste loca cuando mencioné que le habías gustado.
- Es que no le gusto - Replicó molesta - Y tampoco va a pasar nada así que podes ir borrando esa sonrisita.
-¿Por lo menos es atractivo?.
Me muerdo la lengua. Si que lo era.
Sus ojos verdes me miraban con una profundidad que hacía que se me erice la piel si mantenía el contacto visual. Sus mechones castaños formaban pequeños rulos no muy largos que apenas llegaban a su frente. Físicamente era... imponente, apostaba que el también iba al gimnasio.
La mirada picara de mi madre pasa de mí y se vuelve al televisor.
- Luego no digas que no te avisé.
Acto seguido toma el control y con un boton le da a <<próximo capítulo>>
Mamá no entiende nada del amor moderno. Va por el mundo con esa anticuada idea en la cabeza de que si a un hombre le llamaste la atención no tardará en proponerse o invitarte a salir. Lo que no sabe es que los hombres dejaron de ser así hace por lo menos una decada.
Igualmente no tengo derecho a juzgarla. todo lo que sé del amor lo aprendí gracias a mis amigas. Cuando las veía llorar por las actitudes de las otras personas. Las veces que las atrapé sonriendo al teléfono. Cuando no paran de hablar de él o se emociona con cada mínima interacción que recibían.
Aunque a mí nunca me hubiera tocado experimentarlo en primera persona, las acompañe a ellas y les dí consejos cuando querían subir una foto para que la viera él y no sabían en cual se veían mejor, o cuando se enteraban de algo que las dejaba desanimadas.
Pero cuando se trataba de mí siempre había alguien más en quien fijarse, así que simplemente no intentaba llamar la atención porque sabía que en el fondo nunca fuí tan interesante.
Me arreglaba para mí, subía fotos para mí y salía a pasarla bien con mis amigas porque eso era lo que tenía ganas de hacer.
Nada de lo que hice fue para que me viera alguien más o para poder sorprender a otro.
Aunque muy en el fondo me hubiera gustado que así fuera.
Que alguien estuviera pendiente a lo que subía o que me hablara solo proque le había parecido bonita fueron de las cosas más simples que pude desear jamás.
Pero con desearlo no alcanzaba.
Me senté frente a la cama y me deshice de mis zapatillas de entrenamiento. Me solté el pelo que tenía recogido con una colita de pelo y lo masajee mientras caía lentamente al rededor de mis hombros. Luego me levante de la cama inclinándose un poco hacia adelante para mirarme al espejo.
El pelo castaño oscuro, esos ojos tan marrones que cualquier persona dirían que son negros. Mi nariz llena de lunares, mis labios agrietados.
¿Quién se fijaría en mi?
Nadie.
Así como ha sido durante toda mi vida.
No podía creer que hubo un punto en el que llegue a creerle a mi mamá. Solo un segundo, reprimí ese destello de emoción tan rápido como surgió y ahora que estaba frente al espejo entendía porque lo había hecho.

Bruno
No tenía que darle explicaciones a nadie de porque estaba madrugando de la nada, cuando iba a cursar solamente a la tarde.
Mis padres estaban ocupados en su casa y no venían sin avisar desde que me mude en su departamento. Había puesto una serie de límites que me ayudaban a mantener alejado a mi padre y su sensación de superioridad al menos a una ciudad de distancia.
Aunque eso implicaría distanciarme de mi madre también.
Me tomé una ducha rápida luego de comer unos omelets y me preparé para empezar el día.
Vestirse me estaba costando más de lo normal, probablemente porque mi cerebro se había desacostumbrado trabajar desde tan temprano.
La ropa parecía pesar el doble y la cama se veía mucho más cómoda de lo que se veía siempre. Y aunque me lo pensé un momento, no podía dejar plantada a Luisa después de casi ponerme de rodillas intentando que me perdonara.
Voy a tener que trabajar muy duro en mi dignidad a partir de ahora.
Conocía todas las calles de camino a su departamento, de manera que no hizo falta divagar en busca del camino más rápido. Durante todo el trayecto solo me demoré entre semáforos y adultos mayores paseando a sus mascotas que cruzaban la calle como si su dueño tuviera 7 vidas.
Era yo el encargado de frenar para que los pobres animales no tuvieran oportunidad de comprobar que tan resistentes eran sus humanos.
Me frene justo en la puerta del edificio y baje la mirada hasta el tablero del auto.
6:45
Una sonrisa orgullosa se me dibujó en la cara.
Pero Luisa no estaba afuera esperándome. Tampoco se la veía a través de las ventanas del hall del edificio.
Baje un poco el volumen de la radio que permanecía reproduciendo algún tema de Aerosmith. Y presioné el boton para abrir la ventana del asiento del acompañante así Luisa podía ver mi cara en cuanto saliera.
El tema termina y el presentador empieza a hablar con soltura sobre las condiciones del clima.
-...Son las 06:46 de la madrugada aquí en ciudad de Buenos aires...
Suelto un resoplido de impaciencia mientras repiqueteo desinteresadamente el volante con la mano derecha.
-Genial.
Veo pasar un grupo de adolescentes yendo a la escuela, riendose a carcajadas en medio de la calle, siento tan solo un poco de nostalgia de esos momentos en los que sí disfrutaba de ir.
Se me pasa de inmediato. Mi nueva vida estaba mejor.
Miro de vuelta el reloj.
06:47
¿Qué mierda estoy esperando?
Ayer deje en claro que si se retrasaba simplemente me iría.
Me suena el teléfono y lo desbloqueo esperando que se tratara de Luisa.
Un mensaje diciendo que todo esto era una estupidez o una perdida de tiempo y que resultaría mucho compromiso para mí o algo de eso.
No era ella.




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