El romance del que hablan los libros

Personaje

Luisa
Paso una semana desde mi triste despedida en el auto de Bruno. Aunque a él probablemente no le habría parecido así. Yo siempre tendía a dramatizar las cosas.
Mi rutina había vuelto a ser la misma. Colectivo, trabajo, colectivo, cursada, caminata, gimnasio.
Mientras mas ocupada estaba más fácil era hacer que mi cerebro se disperse. Ultimamente no me sentía muy bien.
También me había hecho muy cercana a Abi, tanto que ya no solo hablábamos del gimnasio sino de nuestra vida cotidiana.
Me contó que va en su tercer año de psicología, tiene un grupo de amigos muy unido que le quedo desde el secundario y un novio super dulce que siempre le regala cosas.
Aunque nunca seria tan cercana como lo soy con Ana y Emilia, me caía bien, era una chica dulce que sin duda se merecía ser feliz.

Bruno
Soy el mismo idiota de siempre.
Las palabras de Ivan habían logrado que me de cuenta de lo triste que había sido mi vida estos dos años.
Aún asi no sabía como empezar a cambiarlo.
Esos eran mis pensamientos mientras tomábamos algo en un bar no muy conocido con él.
- ¿Vas a seguir la carrera?
No respondo. Tengo la mirada fija en el vaso de cerveza.
- Claro que la vas a seguir. - Su mirada esta intensa posada sobre mí. - ¿Y que vas a hacer con Luisa?
- ¿Qué pretendes que haga?
- Acercarte, arreglar las cosas, quedar como amigos, no sé...
- Vos hiciste que el trato que tenía con ella se fuera a la mierda.
- Puedo hablar con ella si querés.
- No.
- Así seguro te perdona.
- Te dije que no. No hables con Luisa, es problema mio, sino resuelvo yo mismo mis problemas voy a seguir en piloto automático toda mi vida.
La realidad es que no tenía pensado hablar con ella, no tenía fuerzas para rogar otra vez por un simple perdón.
Esa era mi opinión a las 00:30 de la noche, cuando mi vaso de cerveza todavía se encontraba lleno y recién servido, esa hora de la noche en la que podía pensar con claridad.

Luisa
Eran las 04:48 de la madrugada cuando mi teléfono me despertó con una llamada entrante.
Con los ojos entrecerrados miré la pantalla que iluminaba la habitación.
Bruno.
Bruno me estaba llamando de madrugada.
Me levanto rápido de la cama y me dirijo al balcón para no despertar a mi madre.
Atiendo.
- ¿Hola?
No hay respuesta del otro lado.
- ¿Bruno estás bien?
- ¡Luisa! Cuanto me alegra que hayas entendido el teléfono.
Estaba borracho. Me di cuenta por la manera en la que arrastraba las palabras y como confundió "atender" con "entender"
- ¿Estás borracho?
- No - El silencio se extendió durante varios segundos y podía escuchar las conversaciones ajenas y los ruidos que lo rodeaban - Bueno un poco.
- ¿Estás bien? ¿Querés que pida un remis?
Resultaba bastante cómico que me preocupara por el, teniendo en cuenta lo imponente que resultaba y lo bien que se le daba arreglarse solo.
- No, tranquila, estoy con Ivan.
Escuchar su nombre me hace fruncir los labios.
- ¿Y dónde está el?
- Charlando con unas extranjeras que entraron al bar, el cree que tiene oportunidad.
Suelto un suspiro parecido a una risa, no hay realmente nada de que hablar con Bruno. Esta llamada fue innecesaria, pero no lo culpo por estar borracho un Sábado.
- Bruno.
- ¿Sí?
- Realmente tengo que ir a dormir.
- ¿Tan temprano?
- Son casi las 05:00
Puedo escuchar como hace un movimiento suave con el teléfono para ver la hora.
- Mierda.
- Si, mierda.
Alejo el teléfono un poco de mi oído para poder cortar
- Antes de que cuelgues. - Dejo mi mano congelada en el aire, apuntando al boton rojo brillante en el medio de la pantalla, me quedo esperando a escuchar lo que sea que tiene para decir. - Extraño llevarte a trabajar.
Suelto una carcajada ante lo inesperado de su confesión.
- Fueron tres días, imposible que extrañes algo así.
- Los mejores tres días de mi vida.
Pude sentir el calor subiendo por las mejillas. Me estaba sonrojando como una adolescente que habla con un chico por primera vez, o cuando su novio de secundaria le confiesa que la ama.
Me sentí tan patética. Sobre todo porque nada de lo que dice es verdad. Solo esta borracho.
Pero no le hace daño a nadie seguirle el juego.
- Así que si te parecía linda despues de todo.
- Sos la mujer más linda que subí a mi auto.
Una sonrisa nerviosa se dibujó en mi cara.
- ¿Cuánto tomaste?
- ¿Qué importa?
- No creo que seas realmente consciente de lo que estás diciendo.
- Si lo soy. Dije que sos la mujer más linda que haya subido a mi auto.
- Pero realmente no piensas eso. - Digo en un intento de bajar mis propios nervios y no ilusionarme con palabras sin valor.
- Luisa...
- Bruno...
- Las cosas que digo ebrio siempre las pienso antes estando sobrio.
- Sos todo un personaje.
- Tu personaje favorito seguramente.
- ¿Estás coqueteando conmigo por teléfono? Seguramente te daba miedo decirme todas estas cosas en persona.
- Es complicado cuando te fuiste de mi auto de la nada y hace por lo menos una semana que no me diste el placer de verte.
- Sabes mi dirección.
- También se que no querías volver a verme.
- Esto te pone triste - Digo irónicamente.
- Me lastima - Responde el fingiendo una vos dolorida del otro lado de la línea.
Luego escucho como llama al mesero del bar y le pide otro vaso de cerveza. El mesero se niega al instante. Debe ser muy evidente que no esta en condiciones de seguir tomando.
Trato de distraerlo hablando del otro lado, así tal vez no se pida otro trago que lo deje peor de lo que esta ahora.
- Puedo reconsiderarlo. - Mi mano derecha se agarra a la baranda del balcón mientras paseo la mirada vagamente por la avenida.
- ...Perdón dame un segundo... - Dice dirigiéndose a alguien ajeno a nuestra conversación - ¿Qué dijiste?
- Que tal vez considere la idea de que vengas a buscarme en auto en las mañanas.
- Nada me haría más feliz.
- Okey, lo hablamos mañana.
- ¿Qué?
- Descansa.
- ¿Ya te vas?
Reprimo una sonrisa. Su tono da a entender que en realidad no quiere que me dejemos de hablar.
- Sí.
- ¿Por que no tomas una decisión ahora?
- No puedo.
- Si me lo pides, el Lunes te voy a buscar, no me enojo si tardas 5 minutos más. Lo prometo.
Otra carcajada más, este chico si que pasaba verguenza cuando tomaba.
- No puedo decidir ahora Bruno.
- ¿Por qué no?
- Porque nose si realmente quieres venirme a buscar. Lo hablamos mañana, cuando te sientas mejor.
- Solo me voy a sentir mejor cuando te vuelva a ver.
Okey, suficiente.
Cuelgo sin despedirme, no me gustaba que siga pasando verguenza así. Tampoco quería aprovecharme de su poca capacidad de tomar decisiones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.