El romance del que hablan los libros

Lo que no se elige

Luisa
La semana siguió transcurriendo.
Bruno pasaba por mi departamento todos los días para llevarme al trabajo. Siempre a las 06:45. Ni un minuto más, ni un minuto menos.
- ¿Sobre que estas estudiando?
Preguntó mientras miraba de reojo las decenas de resúmenes que llevaba en la mano.
No respondí, tenía toda mi atención dedicada a esos papeles. Contaba menos de un mes para preparar este final y cada vez que me tomaba el tiempo de repasar aprendía algo nuevo.
Eso nunca puede ser buena señal.
Otra de las razones por las que extraño la secundaria y estudiar para un examen horas antes de tener que rendirlo.
Seguía acomodando mis papeles cuando frenamos con la luz roja del semáforo. La mano de Bruno que permanecía en la palanca de cambios me arrancó uno de mis apuntes. Lo hizo tan rápido que apenas tuve oportunidad de reaccionar.
- A ver que hay aca... - Hace que el papel se enderece con un movimiento rápido con su mano - "Derecho internacional público I"
- Bruno dámelo.
Trato de arrancarle el resumen de la mano pero el lo aleja más con un movimiento igual de fugaz que el anterior.
- ¿En serio te gusta estudiar esto?
- Sí, por eso la elegí.
- Uno siempre puede arrepentirse.
- ¿De la misma manera que te arrepientes de elegir Abogacía?
Hace una pausa y el brillo divertido que había aparecido en sus ojos se desvaneció completamente.
Pensé que tal vez había hablado de más, así que opte por arrancarle el papel que me había robado y seguir con lo mío sin esperar respuesta de su parte.
La radio seguía sonando mientras íbamos en dirección a la cafetería por tercera vez en la semana.
Note como me miró de reojo una vez más y se aclaró la garganta antes de responder.
- Nunca elegí estudiar derecho.
Su voz sonaba muy diferente, había dejado los juegos y bromas de lado para sincerarse como la vez que había ido a rogar por un perdón.
- Mis padres me obligaron a estudiar eso a cambio de seguir jugando al basket, es lo único en lo que realmente soy bueno.
- No digas cosas así. - La necesidad de consolarlo la tomó por sorpresa, y aunque tal vez a Bruno también, lo disimuló.
- No tengo permitido dejarla y es lo que estoy destinado a hacer el resto de mi vida.
Dejo mis resumenes a un lado y bajo un poco el volumen de la radio.
No me podía creer que sus padres lo obligarán a hacer algo así, con los míos podría tener mil conflictos, pero sé que jamás me hubieran metido en una carrera que no me gustaba.
No podes forzar las cosas a que simplemente funcionen.
Tal vez lo que Bruno necesitaba todo este tiempo es hablar de eso, que lo escuchen y lo entiendan. No quería que sintiera que lo hizo con la persona equivocada.
Le devolví la mirada.
- En el hipotético caso de que pudieras elegir... - empecé con cuidado. - ¿Qué es lo que te gustaría hacer durante toda tu vida?
La mirada de Bruno se perdía en el camino, como si estuviera analizando la pregunta y sus posibilidades.
Parpadeó un par de veces antes de responder.
- Te diría que el basket... Pero no tengo una buena racha últimamente. - repiqueteó los dedos distraidamente en el volante - Desde pequeño siempre me imagine viviendo de esto. Me esforcé en mejorar cada día más. Pase horas y horas en el club, yendo de un lado a otro por los partidos, no faltaba, la sola idea de no estar ahí me impacientaba.
No respondí, le deje el tiempo que el necesitaba para continuar.
- Pero hace un tiempo, paso algo... ajeno al basket, me desestabilizó en todos los sentidos. Desde ese día no es lo mismo, aún estoy intentando que todo sea igual que antes.
- Las cosas no pasan para que todo sea igual que antes Bruno.
- Ya se. Pero me gusta pensar que va a ser así otra vez. Me voy a volver a enamorar del basket.
Suspire hondo antes de hablar, creo que lo entendía, pero no estaba segura de si el quería escucharlo.
- Ya no te gusta el basket, simplemente estás acostumbrado a el.
Su mirada intensa se clavo en mí durante segundos eternos.
Parecía estar meditando mi respuesta durante bastante tiempo. Un silencio denso se instaló en el auto. No duró demasiado.
Un bocinazo del auto a nuestra derecha nos sobresalto a ambos y rompió la atmósfera de sinceridad y confesiones que se había creado.
El tráfico de Buenos Aires haciendose presente todos los días. Todo el tiempo.
Tal vez demasiado de conpadecerse por Bruno por hoy.

Bruno
La profesora se paseaba por el aula con una copia del código civil. Todos teníamos la nuestra sobre el escritorio.
- Cómo ya todos sabes, Civil III ya no habla de principios generales sino de obligaciones, cumplimientos y responsabilidad civil...
Eche una mirada a mis compañeros. Los dos que se sentaban detrás de mí no se presentaban hacía dos semanas.
- ... Cuando alguien no cumple las normas existen consecuencias, quien responde, el costo de lo erroes y quienes pagan por estos...
El ruido de las páginas pasando era particularmente insoportable hoy.
El aire del aula era denso, pesado. Propio de la humedad de Agosto.
- ... Repito, esto no es simplemente analizar los artículos, es entender las consecuencias. Ustedes, alumnos ya de tercer año, deberían poder hacerlo.
Deberían.
Otra vez debería hacerlo.
No porque me guste, no porque me resulte fácil, ni me apasione.
Es porque debería.
La cabeza empezó a dolerme con pinchazos insoportables.
Busque con la mirada la salida de manera inconsciente.
No quiero hacer esto ni un segundo más, ya no es algo que pueda aguantar.
¿Tanto miedo le tenía a mi padre?
-... Voy a hacer brutalmente honesta - Sentía el eco de la voz de mi profesora proveniente de algún punto del aula. - Esto es una rutina.
Alguien empezó a mover su pie de manera ansiosa. Una persona mucho mas adelante mío golpeaba su lapicera contra el banco.
- ... Si no se imaginan viviendo entre obligaciones ajenas y con el cargo de sus responsabilidades, este es el momento de replantearse.
Yo me replanteaba esta carrera todos los días.
Suspire una vez más pero la voz de la profesora seguía colandose en mis pensamientos.
Luego, a esta primera se le sumo una voz más dulce, una que estaba muy lejos de ser irritante.
"¿De la misma manera que te arrepientes de elegir Abogacía?"
Suficiente.
Nunca sabré si fue el discurso de mierda de la profesora, las palabras de Luisa, el ambiente pesado del aula, o mis propias emociones explayandose en mi cabeza hasta explotar.
Lo siguiente que hice fue cerrar mi copia del código civil con más fuerza de la que debería. El golpe seco hizo que ne ganará un par de miradas curiosas.
Saqué de manera desesperada mi mochila del respaldo y empecé a guardar.
No había sacado mucho.
Un par de lápices, hojas y el dichoso código fueron casi proyectados hacia mi mochila. La cerre con énfasis.
Luego mire deliberadamente a mi alrededor.
Cada persona está a en lo suyo.
Algunos con su teléfono, otros prestando atención, otros hojeando algunas páginas.
Realmente a nadie le importa si esta clase me gusta o no. Ninguno alrededor se pregunta si esta carrera es lo que me apasiona.
Entonces la respuesta aparece ante mí. La venía ignorando varios años. Fingiendo que no era la solución.
Que podía soportar con esa respuesta en frente toda mi vida. Pero se hizo tan grande que era imposible ignorarla.
No tengo porqué hacer esto.
Me colgué la mochila al hombro y salí de allí con una velocidad prácticamente vergonzosa pero con la certeza de que no iba a volver a entrar.
También con la seguridad de que la próxima charla con mi padre sería probablemente el infierno en la tierra.




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