Bruno
El tráfico hoy era más pesado de lo normal. Notaba cómo Luisa se impacientaba un poco en el asiento del acompañante.
- ¿Algo nuevo para contar?
- Demasiado.
La semana se había hecho larga, entre conversaciones profundas y decisiones arriesgadas sentía que había pasado todo un mes.
Hace bastante tiempo que mi vida no tenía ese ritmo eufórico.
- Dejé Abogacía.
Los ojos de Luisa se abrieron como platos y se inclinó sobre su asiento para mirarme. Tal vez ella esperaba un deje de tristeza por mi parte o una demostración de arrepentimiento, pero la verdad es que sentía calma. La presión de la universidad se había colado en cada aspecto de mi vida y de repente me encontraba a mí mismo pensando en el final de una materia que ni siquiera entendía pero tenía que rendir.
- ¿Por qué?
- Pensé que había quedado bastante claro que no me gustaba.
- ¿Pero qué van a decir tus padres?
A este punto de la avenida estábamos completamente detenidos. El semáforo cambiaba constantemente y ni siquiera avanzábamos, así que no había excusa para mirar al frente.
Giré la cabeza y me dí de lleno con sus ojos oscuros. Aquellos a los que miré fijamente el día que nos conocimos y yo perdí la paciencia por una espera de 30 minutos. A los que les rogué por un perdón hace tan solo un mes atrás. Los que se achinaban divertidos cuando reía. En los que me perdía de vez en cuando pero jamás estaría dispuesto a admitir.
Un cosquilleo me recorrió el cuerpo. Olvidé completamente lo que ella había preguntado y lo que se suponía que yo iba a responder.
¿Por qué tenían tanto efecto en mí unos ojos que había visto en miles de personas antes?
- ¿Vamos a seguir hablando del tema o te vas a quedar con esa cara de tarado todo el camino?
Sus cejas se dispararon hacia arriba como exigiendo una respuesta.
- No tengo ni la menor idea de qué van a decir mis padres. - Solté sin más.
Nos quedamos en silencio varios segundos, ambos sin saber qué responder.
Luego pasó la última cosa que yo esperaba que pasara.
Una carcajada fuerte brotó de Luisa, llevándose consigo cualquier incomodidad o gravedad de la situación.
Su risa me contagió a mí y ahora ambos nos reíamos de todo y de nada.
- O sea... - Dijo ella aún entre risas - Que no tenés ni idea de qué vas a hacer ahora.
No era una pregunta. Era una certeza.
Frené mi risa y asentí levemente aún con diversión en mi rostro.
Los bocinazos seguían sonando al rededor.
Ella sonrió y negó con la cabeza.
- Sos un personaje, Bruno.
Antes de que pudiera hacer nada se acercó y me dio un beso rápido en la mejilla. En ese breve segundo pude sentir el olor del perfume que usaba todas las mañanas con una intensidad que no esperaba sentir nunca.
Mi cerebro se quedó en blanco.
Tardé varios segundos en entender lo que acababa de pasar.
Sentí el sonido de la puerta cerrándose y antes de que yo pudiera darme cuenta ella ya no se encontraba dentro del auto.
Había hecho su jugada
Y escapó de manera fugaz
Sentí una gélida brisa que se coló durante esos segundos que ella tardó en bajarse.
Me obligué a mí mismo a reaccionar y apreté el botón de la ventanilla a toda velocidad.
- ¡Luisa! - Grité mientras el vidrio continuaba bajando y lentamente dejaba a la vista mi rostro.
El grito sonó más desesperado de lo que iba a admitir.
Luisa se gira sobre sus talones para mirarme. Ya estaba en la vereda.
Miré hacia varios lados de la calle, bastante confundido.
- ¿Qué hacés?
- Estamos a solo 3 cuadras de la cafetería. Prefiero caminar a llegar tarde.
Eché una mirada rápida al reloj
06:59
- ¿Así que vas a dejarme solo en el medio del tráfico?
Su sonrisa se amplió y sus ojos volvieron a achinarse con esa dulzura singular de ella.
- Ya vas a salir de esta, se te da bien.
Otra vez se marchó casi escapándose de la situación, dejándome solo con mis pensamientos y el tráfico.
Todos avanzando y yo detenido acomodando mi cabeza.
Me había pasado ya antes, pero esto era totalmente distinto. Las emociones no dolían, eso, en el fondo, era lo que asustaba.
Esta no era una jugada como la que hice yo en su edificio, tratando de tentarla.
Esto era propio de alguien que sabe lo que causa en el otro.
Luisa
- ¿Qué se van a poner el sábado?
El eco de la voz de Emilia hizo que mis pensamientos tomaran una dirección diferente.
Traté de pensar en qué me quedaría mejor.
Tenía varias polleras hermosas que hace un par de años no me animaba a usar.
Pero recuerdo cómo se veían mis piernas en ellas. Cómo me decepcionaba cuando mis amigas me las pedían prestadas y les quedaban como me gustaría que se me vieran a mí.
No era buena idea.
¿Tal vez un pantalón para taparme las piernas?
Tendría que inventarme una excusa nueva para que las chicas no pensaran que no me animaba a usar cosas cortas como ellas.
Aunque fuera la cruda verdad.
No podía ser tan difícil mentir.
Después de todo estábamos en invierno, cualquier persona que tenga mínimamente un poco de conciencia sobre la temperatura usaría pantalón. Y una campera. Sí, una campera me vendría bien.
¿Cuál de las dos camperas que tenía era mejor para salir de fiesta? La negra con tachas definitivamente.
- ¡Planeta Tierra llamando a Luisa! - Gritó Ana en mi oído.
Me sobresalté de manera poco disimulada y dejé el trapo con el que estaba limpiando a un lado.
Había varios clientes teniendo en cuenta que la avenida principal estaba colapsada.
Giré la cabeza Hacia Ana y Emilia.
Ambas tenían sus ojos puestos en mí y notaron mi confusión. Claramente estaba salida de tema.
Les ofrecí una mirada de disculpa.
- No tengo idea de qué voy a usar.
- Ese tema dejó de estar vigente hace 5 minutos.
Mierda.
- Ok - Dije sonriente. - ¿Cuál es el tema vigente ahora?
Hubo unos segundos de silencio antes de que Ana empezara a interrogar.
- ¿Cómo te va con Bruno? - Dijo con un brillo pícaro en los ojos.
- ¡Ese no era el tema de...! ¡AY!
El codazo calló cualquier reclamo de Emilia.
Sonreí. No iba a caer en su juego.
- ¿De verdad estábamos hablando de eso? - Dije totalmente divertida.
- ¡No!
- ¡Sí!
Emilia recibió un nuevo codazo.
- Digo... ¡Sí!
- Somos amigos, ¿qué otra cosa quieren saber?
- Si ya le diste un beso. - Exclamó Ana sin más.
Mi cara de perplejidad respondió por mí.
- Está claro que no lo hizo. Pero no está diciendo toda la verdad... - Indagó la segunda.
- ¿Crees que deberíamos amenazarla?
Emilia asintió levemente.
No tuve mucho tiempo de reaccionar antes de que un bollo de pan me diera de lleno en la frente, a este le siguió otro que me dio en el pelo dejando rastros de migas.
Fui bombardeada por múltiples pancitos sin tener oportunidad alguna de defenderme.
- ¡Basta! - supliqué tratando de protegerme con las manos.
Era inútil. No entendía de dónde salían tantos panes, tampoco entendía de dónde sacaron la fuerza para proyectarlos hacia mí a la velocidad de la luz.
- ¡Cuéntanos!
- No hay nada que... - El pan me golpeó en la boca y mi respuesta quedó suspendida en el aire.
- Admite que te gusta.
- No me gusta Bruno.
- Vaaaamoooos.
El ataque de panes había cesado, pero no porque estuvieran satisfechas, sino porque ya no quedaban más desperdicios de comida que tirarme.
- Notamos cómo sonríes cuando bajas de su auto. - Dice Emilia cruzada de brazos.
- Estoy teniendo buenos días.
- Con nosotras también tuviste buenos días y sin embargo nunca sonríes así.
- ¿Te gusta Bruno?
Lo pensé un momento. Estaba claro que ellas querían indagar porque yo les importaba. El problema es que no sabía cuál era la respuesta a esa pregunta.
Suspiré hondo y cerré los ojos antes de ser completamente sincera, sentí un poco de vértigo, como si la respuesta que estaba a punto de dar develara más de lo que yo alguna vez estuve dispuesta a mostrar.
- No sé.
Los rostros de las chicas se tiñeron de emoción. Quedaron totalmente petrificadas unos segundos eterenos.
Luego intercambiaron una mirada complice y se abrazaron dando saltitos.
Fue una reacción... curiosa.
Rompieron su abrazo solo para unirme a él y seguir con sus pequeños gritos de felicidad.
Algunos clientes se voltearon a vernos un poco pasmados. Está claro que ese no es el comportamiento normal de cualquier camarera en Buenos Aires. Pero tendrían que conformarse con esto.
- ¿Qué celebramos? - Dije tratando de agarrar aire en el apretado abrazo.
- ¡Que al fin te gusta alguien! - Gritó Ana.
- Yo no dije...
Fui interrumpida nuevamente por los gritos emocionados de las chicas.
Editado: 14.02.2026