Los días posteriores al festival trajeron una atmósfera distinta a Nutrivale. La plaza, que antes parecía un espacio vacío, ahora lucía vestida con recuerdos y sonrisas compartidas. Lira, aunque agotada, se sentía más viva que nunca. Sabía que el festival había sido solo el inicio de un cambio profundo.
Una mañana, mientras ordenaba en el bar, Max entró con una expresión pensativa. "Lira, necesito hablar contigo," dijo, dejando una carpeta sobre la barra. "He estado revisando las historias que la gente compartió durante el festival. Algunas son increíbles, pero otras sugieren que hay secretos en Nutrivale que aún no conocemos."
Lira frunció el ceño, intrigada. "¿Secretos? ¿A qué te refieres?"
Max abrió la carpeta y sacó una serie de notas y dibujos. "Mira esto. Varias personas mencionaron una antigua receta, algo que desapareció hace décadas. Dicen que tenía el poder de unir a las familias, pero se perdió con el tiempo."
Clara, que había escuchado la conversación desde la cocina, se acercó. "¿Una receta perdida? Eso suena a una historia que merece ser descubierta."
"Exactamente," afirmó Max. "Creo que deberíamos investigar. Si encontramos esa receta, podríamos revivir aún más la esencia de Nutrivale."
Lira asintió, sintiendo una mezcla de emoción y responsabilidad. "Entonces, ¿por dónde empezamos?"
Esa tarde, el trío se reunió en la biblioteca del pueblo, un lugar polvoriento pero lleno de historia. Entre viejos libros y periódicos amarillentos, comenzaron a buscar pistas sobre la misteriosa receta.
"Escuchen esto," dijo Clara, señalando un artículo antiguo. "Aquí dice que la receta era un plato llamado ‘La Sopa del Alma’. Se decía que era capaz de sanar heridas emocionales y fortalecer los lazos familiares."
"Suena como algo sacado de un cuento," comentó Max, pero sus ojos brillaban con curiosidad.
"No lo es," replicó Lira. "Las leyendas suelen tener un fondo de verdad. Si esta sopa existió, debemos encontrarla."
Decidieron entrevistar a los ancianos del pueblo, quienes podrían recordar detalles olvidados. Al día siguiente, visitaron a Doña Estela, una mujer de cabello plateado y mirada profunda, que había vivido en Nutrivale toda su vida.
"¿La Sopa del Alma?" repitió Estela, con una sonrisa melancólica. "Sí, recuerdo esa receta. Mi abuela solía hacerla en tiempos difíciles. Era más que comida; era un acto de amor."
"¿Podría compartirnos la receta?" preguntó Lira, con respeto.
Estela asintió lentamente. "Claro, pero no es solo la receta lo que importa. Es la intención y el cariño con que se prepara. La sopa lleva ingredientes simples: raíces, hierbas, y un toque secreto que sólo el corazón puede añadir."
Max tomó notas mientras Clara escuchaba atentamente. "¿Dónde podemos conseguir esos ingredientes?" preguntó.
"En el bosque cercano," respondió Estela. "Pero deben ser recolectados al amanecer, cuando la naturaleza está en calma. Y deben hacerlo juntos, como un equipo."
Lira sintió que esta misión iba más allá de la cocina; era un viaje para reconectar con la esencia perdida de Nutrivale. "Entonces, mañana al amanecer iremos al bosque," dijo con determinación.
Mientras salían de la casa de Estela, el sol comenzaba a ocultarse, pintando el cielo de tonos cálidos. La aventura apenas comenzaba, y Lira sabía que encontrar ‘La Sopa del Alma’ podría cambiarlo todo.