Max y Lira, emocionados por su regreso y las nuevas semillas que habían recolectado, decidieron que era el momento perfecto para compartir su experiencia con su amiga Clara, quien había cuidado del bar mientras ellos estaban de viaje. Clara siempre había sido un gran apoyo, y estaban ansiosos por involucrarla en su nueva aventura: cultivar hierbas que nunca habían conocido.
Un soleado sábado, los tres se adentraron en un claro en el bosque, un lugar que Max y Lira habían descubierto durante sus paseos previos. Era un espacio mágico, rodeado de altos árboles y el suave murmullo de un arroyo cercano. Trajeron consigo herramientas, tierra rica y, por supuesto, las semillas que llevaban consigo como tesoros.
Mientras comenzaban a preparar el terreno, Clara compartió anécdotas sobre el bar, lo que había estado sucediendo en su ausencia y cómo el lugar había prosperado gracias a su dedicación. Max y Lira, a su vez, contaron historias sobre los sabores que habían descubierto en su viaje, haciendo que Clara se sintiera parte de su experiencia.
Al sembrar las semillas, cada uno tenía su propio espacio para plantar. Max se centró en hierbas aromáticas como la albahaca y el cilantro, mientras que Lira optó por hierbas menos comunes, como la melisa y el estragón. Clara, siempre curiosa, decidió experimentar con algunas semillas de flores comestibles, añadiendo un toque de color a su jardín.
A medida que trabajaban juntos, la conversación fluía naturalmente, y las risas resonaban en el aire. Aquel claro se convirtió en un símbolo de su amistad y colaboración, un espacio donde podrían cultivar no solo plantas, sino también su conexión. La siembra se volvió un ritual, un momento de reflexión sobre lo que habían aprendido y cómo podían aplicar esos conocimientos en el bar.
Después de plantar, se sentaron sobre la hierba fresca, disfrutando de un picnic improvisado con algunas de las bebidas que habían traído de su viaje. Mientras compartían, se dieron cuenta de que cada sabor nuevo había enriquecido no solo su paladar, sino también su relación y su amistad.
Al final del día, prometieron regresar al claro para cuidar de las plantas y ver cómo crecían. Era un nuevo capítulo en sus vidas, lleno de posibilidades y sueños compartidos, donde los sabores, la amistad y el amor florecerían juntos.