El Sabor del Alma

C31: Celebración Privada

La celebración privada de Max y Lira en la suite matrimonial del lujoso hotel fue un momento mágico y lleno de intimidad. La habitación, decorada con pétalos de rosa y luces suaves, creaba un ambiente espléndido que reflejaba la alegría de su reciente unión. Después de la emocionante ceremonia, se sentían como si estuvieran flotando en una burbuja de felicidad, listos para dejarse llevar por la chispa del amor.

Con una bebida bien fría, brindaron por su futuro juntos, riendo y compartiendo anécdotas de la noche anterior. La burbujeante bebida no solo les hizo sentir eufóricos, sino que también liberó un lado juguetón en ellos que hacía tiempo no veían. Max, con su sentido del humor característico, comenzó a imitar al oficiante de la boda, haciendo que Lira se riera a carcajadas mientras se secaba las lágrimas de felicidad.

Después de unos brindis, la música comenzó a sonar, y la pareja se dejó llevar por el ritmo. Bailaron como si estuvieran en su propio mundo, olvidando todo lo que no fuera su amor. Lira, con su vestido aún deslumbrante, se movía con gracia, mientras Max la miraba con admiración. Se tomaron de las manos, girando y riendo, como si el tiempo no existiera. La suite se llenó de risas y melodías, creando recuerdos que atesorarían para siempre.

Con cada trago, la confianza y la alegría aumentaban. Se atrevieron a probar cócteles coloridos y exóticos, cada uno más atrevido que el anterior. La noche se convirtió en una celebración desenfrenada de su amor, donde las preocupaciones del mundo exterior se desvanecieron. Danzaron en la habitación, convirtiendo la suite en su pequeño escenario privado.

A medida que la noche avanzaba, se sentaron en el balcón, disfrutando de la vista de la ciudad iluminada. Bajo el cielo estrellado, Max tomó la mano de Lira y le susurró palabras llenas de amor y promesas. “Esto es solo el comienzo”, dijo, mientras ella sonreía, sintiéndose más segura que nunca de que habían tomado la decisión correcta.

Finalmente, se retiraron a la cama, donde se abrazaron bajo las sábanas suaves, sintiéndose en paz. A medida que el sueño los envolvía, se sintieron agradecidos por cada momento compartido, conscientes de que habían comenzado un nuevo capítulo en su vida juntos.

El amanecer llegó despacio, filtrándose a través de las cortinas, y los primeros rayos de sol acariciaron sus rostros. Lira fue la primera en despertar, sintiendo la calidez del sol y la presencia de Max a su lado. Abrió los ojos y lo vio dormido, con una expresión serena que la hizo sonreír. En ese instante, comprendió que eran más que una pareja; eran socios en la vida, y ahora, legalmente esposos.

Max se despertó poco después, estirándose y sonriendo al ver a Lira. “Buenos días, esposa”, dijo con una voz soñolienta pero llena de amor. Se abrazaron nuevamente, riendo suavemente mientras el sol iluminaba la habitación. La sensación de felicidad y plenitud era abrumadora, y la pareja se sintió lista para enfrentar el mundo juntos, sabiendo que su amor era la base de todo lo que vendría.

La celebración no solo había sido una fiesta, sino un momento de conexión profunda que solidificó su vínculo. Ambos sabían que, sin importar lo que les esperaba, enfrentarían cada desafío mano a mano, con el amor como su guía.




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