Ya que había dejado de hablar con los docentes y se había puesto a observarlos, vio que ellos empezaron a hablar entre sí como personas sin falta de timidez o habilidad social, lo que no le sorprendió. Claro que a Laurel se le hizo irónico, "supongo que no puedo caerle bien a todo el mundo", razonó mientras le quitó importancia al asunto. La única razón por la que fue a ese colegio era tomarse un descanso de la ciudad y experimentar cosas nuevas.
Seguía saludando con una leve sonrisa y con tono cortés y animado, pero no pasaba de allí. Dentro del colegio de paredes azul acero tomó un rol menos sociable con la mayoría de profesores, a veces escuchaba sus conversaciones cuando hablaban frente a ella en los amplios pasillos o en las ruidosas aulas; sin embargo, también solía oírlos hablar de lejos cuando era hora de clases y no había ningún alumno en el gran patio de color gris claro.
—Ni siquiera te puede mirar a los ojos —Laurel estaba tomando un refrigerio y oyó las voces de dos profesoras—. Qué poco profesional, y siempre anda "ocupado", según él.
Desde la distancia, a través de un pasillo gris vacío, ella vio a la mujer del primer día de clases que habló mal de Nassim y que hizo notar su frialdad cuando Laurel le preguntó del clima. Se llamaba Grecia García y enseñaba Cívica. Una mujer alta de piel canela con cabello castaño oscuro, ondulado y corto, de traje negro.
—Me da estrés, ¿es que no puede simplemente irse del colegio? —comentó la otra profesora, que según recordaba Laurel debía ser de literatura.
"¿Por qué tanto odio?", pensó Laurel.
—Su segundo año aquí, será mejor que deje ese comportamiento —habló la profesora García y la otra asintió.
A Laurel le pareció interesante lo sucedido, más que nada la reacción de ambas mujeres, no estaba en posición de decir si lo que pasaba era correcto o incorrecto. Si fuera así, ¿a qué se debía el comportamiento reprochable de Nassim?; sino, ¿por qué ese odio de ellas es tan poco profesional? Quería saber, así comprobaría por ella misma la situación.
~~~~~~~~~~
—¿Nassim? —a la salida lo buscó, él salió de inmediato a la puerta de la oficina de dirección—. Buenas tardes.
—Señora Laurel... —él se sorprendió un poco por verla, ella notó algo en su rostro—. ¿Necesita algo?
—No, Nassim, ¿cómo estás tú? —preguntó.
—Bien —dijo, aunque se demoró en responder—. Solo estoy cansado.
—Trabajas muy duro, tal como un servidor —comentó con una sonrisa leve acercándose al umbral de la oficina—. Por eso el director te contrató.
—Gracias —coincidió con una expresión neutra—, debo seguir, terminaré lo de hoy —comentó dando un ligero gesto de acomodarse el cabello con ambas manos.
—¿Quieres que te ayude o algo? —cuestionó Laurel con interés, lo que notó en sus ojos le recordó a su incómoda sensación de cansancio que ella tuvo al preparar sus exposiciones y exámenes universitarios; si Nassim estaba pasando por lo mismo, lo mínimo que quería era aligerar su carga.
Negó y murmuró "No es necesario, puedo acabar solo". Laurel asintió y se fue a las puertas del colegio. Sacó los cuestionarios que había tomado ese día, pero faltaban revisar. Las horas pasaron, el aire se enfriaba, como dos o tres horas interminables para Nassim pero exactas para Laurel, que hizo varias cosas más después de terminar sus correcciones.
El director se había retirado por esas horas, Laurel volvió a entrar ya que el joven aún no salía. Ingresó a la oficina de la dirección y se acercó al escritorio que estaba allí. Todo se veía organizado en la habitación. Lo halló acostado sobre el sitio, su cabello, aunque corto, se veía más desordenado que antes, lo movió suavemente.
—Van a cerrar el colegio, Nassim, debemos irnos —dijo Laurel, el joven despertó y la miró adormecido—. ¿Puedes levantarte?
—Señora Laurel —contestó levantándose de forma rápida—, lamento haberme quedado dormido. Tengo que irme.
—Alto —ordenó deteniendo al joven de cabello castaño cerca del umbral de la oficina solo con su voz, este se estremeció y volteó a verla—. Nassim, si estas cansado, tienes que dormir, ¿está bien? Así el cuerpo resiste mejor las siguientes trasnochadas.
—De acuerdo, señora —contestó con voz suave. A él le habría gustado dormir las noches anteriores... pero tenía un deber.
Nassim se alistó y salió de forma apresurada a las frías calles con la profesora siguiéndolo. Ya era tarde, los cielos aún seguían claros pero amenazaban con oscurecerse, el frío del otoño empezó a manifestarse con una repentina fuerza para Laurel. Ella notó que se cruzó de brazos al caminar, sus ojos parpadeaban lentamente con frecuencia y veía en distintas direcciones como buscando o queriendo evitar algo.
—¿Algo te preocupa?
—¡Ah! Creo que es como dicen... —confesó con tono neutro mientras caminaba, paró entonces justo enfrente de una calle cerrada que tenía un aspecto oscuro—. Al pasar el tiempo, uno no puede resistir tanto como antes... ¿cierto? —comentó desviando la mirada.
Caminó lentamente unos pocos metros para cruzar la calle hacia donde se iba a la casa del director, pero sintió que las piernas no le funcionaban. Se asustó bastante ya que se había desplomado y estaba a mitad de la calle. Era la primera vez que le sucedía, se sintió sin fuerzas y quería cerrar los ojos. Quizá sintió un mareo o un dolor de cabeza, pero mientras pensaba que se iba a desmayar sintió que alguien le agarraba detrás por ambos brazos.
—Señora Laurel... —dijo alzando la voz—. No... no es necesario... —murmuró, "No es necesario ayudarme", le iba a decir. Ella lo hizo sentar en la vereda, y se colocó junto a él.
—Nassim, cierra los ojos, por favor —pidió con calma—. Sé que estás muy cansado —le dijo poniendo una mano en su frente—. Te llevaré a casa.
—No quiero problemas... —susurró tratando de ponerse de pie.
—Duerme, por favor, yo me encargo —Laurel lo mantuvo agarrado de ambos brazos y vio a Nassim resistirse unos segundos, pero cuando estuvo impedido de poder mantenerse en pie sin ayuda lo vio caer rendido ante el agotamiento; se apoyó involuntariamente en el hombro de ella y su cuerpo permanecía inerte.