Capitulo 1
De fondo sonaba In My Life de The Beatles, envolviendo el habitáculo con una calma inesperada.
Giselle observó por la ventanilla mientras el vehículo avanzaba lentamente entre el tránsito de la ciudad. Las luces de los comercios comenzaban a encenderse y el reflejo de los semáforos teñía el asfalto de tonos rojizos y amarillos.
Al principio se había limitado a responder con frases breves, manteniendo la distancia habitual que existía entre un pasajero y un conductor.
Sin embargo, algo comenzó a cambiar.
La forma pausada en que él hablaba.
La seguridad con la que expresaba sus ideas.
La naturalidad con la que sostenía la conversación sin invadir ni incomodar.
Poco a poco, Giselle abandonó aquella postura defensiva que solía adoptar frente a los desconocidos.
La charla fluía sin esfuerzos.
Sin silencios incómodos.
Sin preguntas indiscretas.
Como si se conocieran desde hacía más tiempo del que realmente llevaban compartiendo aquel viaje.
Fue entonces cuando comprendió que estaba viviendo una situación poco habitual para ella.
No era la primera vez que encontraba a un hombre atractivo.
Tampoco era la primera vez que mantenía una conversación interesante.
Lo extraño era la sensación de comodidad.
La facilidad con la que se estaba mostrando tal cual era.
Y aquello comenzó a llenarla de preguntas.
Cuando el automóvil se detuvo frente a su edificio, sintió una extraña decepción.
No quería que el viaje terminara.
Le pidió el número de teléfono.
Él la observó sorprendido durante unos segundos.
Luego sonrió.
Intercambiaron contactos y se despidieron.
La sensación la acompañó hasta la puerta de su departamento.
Intentó convencerse de que se trataba de una simple conversación agradable.
Un encuentro casual.
Nada más.
Sin embargo, mientras observaba las luces de la ciudad desde el ventanal del living, seguía pensando en la forma en que aquel hombre había sostenido cada palabra.
La naturalidad.
La calma.
La sensación de confianza que había despertado en tan poco tiempo.
Sabía exactamente qué estaba pasando.
No era él.
Era ella.
Era la necesidad de dejar de esconder algo que llevaba demasiado tiempo guardando.
Tomó el teléfono.
Buscó el número.
Dudó.
Y finalmente llamó.
La conversación fue breve.
Directa.
Como ella había decidido ser.
Le pidió volver a verlo.
No para concretar nada.
No todavía.
Simplemente para hablar.
Para comprobar si aquella sensación seguía presente.
Él aceptó.
Veinte minutos después, el mismo automóvil volvía a detenerse frente al edificio.
Esta vez Giselle ocupó el asiento del acompañante.
Y por primera vez desde que había comenzado aquella extraña historia, sintió nervios.
No porque dudara de sí misma.
Sino porque estaba a punto de expresar algo que nunca antes se había animado a compartir.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló.
Ya no eran conductor y pasajera.
Ahora estaban allí porque ambos habían decidido estar.
—Tengo la sensación de que esto es una locura —confesó Giselle.
—Tal vez lo sea —respondió él sonriendo.
La respuesta la hizo reír.
Los nervios comenzaron a desaparecer.
La conversación volvió a fluir.
Hablaron de sus vidas.
De sus experiencias.
De sus proyectos.
Hasta que finalmente encontró el valor que estaba buscando.
—Hay algo que quiero proponerte.
El conductor giró la cabeza y la observó en silencio.
—Te escucho.
Giselle respiró profundamente.
Por primera vez iba a expresar en voz alta una fantasía que llevaba demasiado tiempo guardando.
Cuando terminó de hablar, el hombre permaneció callado.
No parecía sorprendido.
Parecía reflexionar.
—¿Qué pensás? —preguntó ella.
—Pienso que me siento halagado.
—Eso suena bien.
—Lo es.
—Entonces no entiendo esa cara.
Él sonrió.
—Porque si algún día vivimos algo juntos, no quiero que sea una decisión impulsiva.
Giselle frunció el ceño.
Aquella no era la respuesta que esperaba.
—¿Me estás rechazando?
—No. Todo lo contrario.
Guardó silencio unos segundos antes de continuar.
—Creo que algo así merece tiempo. Merece ser pensado. Organizado. Quiero que sea un recuerdo importante y no una situación improvisada dentro de un auto.
Las palabras la sorprendieron.
Durante años había aprendido a desconfiar de ciertas intenciones.
Pero aquella respuesta contenía algo diferente.
Respeto.
Valoración.
Consideración.
Por primera vez desde que había tomado la iniciativa sintió que era ella quien estaba siendo valorada.
La conversación terminó poco después.
Se despidieron con una sonrisa.
Sin promesas.
Sin compromisos.
Sin presiones.
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Editado: 04.07.2026