El Secreto de Giselle

4 La Espera

Capitulo 4

Al caer la tarde, Martín regresó al departamento después de una jornada particularmente intensa.

Encontró a Giselle sentada en el living, con un mate entre las manos y un libro abierto sobre las piernas. Aunque sus ojos recorrían las páginas, era evidente que su mente estaba en otro lugar.

—Hola —saludó mientras dejaba las llaves sobre la mesa—. ¿Cómo estuvo tu día?

—Bien. Tranquilo. ¿Y el tuyo?

Martín dejó escapar un suspiro.

—Largo... estoy agotado.

La observó durante unos segundos.

Notó algo distinto en ella. Una mezcla de entusiasmo y nervios que no intentaba ocultar.

—Te veo contenta... y bastante ansiosa.

Giselle levantó la vista.

—¿Te parece?

Martín sonrió apenas.

—Creo que al final te saliste con la tuya.

Ella no respondió de inmediato.

Solo sostuvo la sonrisa.

—¿Ya está todo organizado? —preguntó él.

—Sí.

—¿Era esa la sorpresa de la que me hablaste?

—En parte.

Martín tomó asiento frente a ella.

—¿Y se puede saber con quién?

—Con Esteban.

Él tardó unos segundos en reaccionar.

—¿Esteban...?

—El conductor.

Martín asintió lentamente.

—Ah... el conductor.

No agregó nada más.

Pero el breve silencio que siguió dijo mucho más que cualquier comentario.

—Lo llamé esta tarde —continuó Giselle—. Le expliqué la propuesta, aceptó venir el sábado y también le dejé muy claras todas las reglas y las condiciones.

Martín permaneció mirando un punto fijo de la habitación.

No discutía.

No cuestionaba la decisión.

Sin embargo, algo dentro de él empezaba a incomodarlo.

Quizás no era la propuesta.

Quizás era que aquella fantasía ya tenía nombre, rostro y una fecha.

—Voy a darme una ducha —dijo finalmente mientras se incorporaba—. Necesito aflojar un poco.

—Yo voy preparando la cena.

Él caminó hacia la habitación.

Ella se quedó unos segundos inmóvil, sosteniendo el mate entre las manos.

Los dos intentaban aparentar tranquilidad.

Los dos fingían que todo seguía siendo exactamente igual.

Pero ninguno lograba engañarse.

El sábado ya no era una posibilidad.

Era una cita marcada en el calendario.

Y los dos sabían que, después de esa noche, algo cambiaría para siempre




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